Capsulas de Carreño

«Gustavo Alfaro, a 100 días del Mundial».

-Dirigirá su primera Copa Mundial tras haber comentado las últimas cuatro para la televisión colombiana.

-Su Ecuador hará su presentación ante el anfitrión en Catar 2022 el 20 de noviembre.

-Con un equipo rejuvenecido, intentará hacer historia al superar los octavos de final.

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Entre Rafaela y Jor existen treinta años y más de 13.600 kilómetros de distancia. Después de colgar los botines tras una breve carrera como mediocampista central en el Atlético de Rafaela, Gustavo Alfaro empezó en 1992 su aventura como entrenador con un único objetivo: cumplir sus sueños postergados.

Tres décadas después, con todos sus objetivos cumplidos, será protagonista de un momento que ni siquiera se había animado a imaginar: dirigirá su primera Copa Mundial. A 100 días de su debut en el escenario más importante del mundo deportivo, Alfaro le abre las puertas de su intimidad a FIFA+ para empezar a vivir su travesía catarí.

-Cuando empezaste a dirigir, hace más de 30 años, te leí decir que tu sueño era llegar a Primera. ¿En ese momento el Mundial no estaba ni en tus mejores sueños?
No. Eso está en las ilusiones más remotas. Cuando comencé la cuesta era muy alta. Yo arranqué desde el interior del interior: en Rafaela, una ciudad argentina con más pasión por el automovilismo que por el fútbol. Lo primero que tenía que demostrar era que podía dirigir en mi club y trabajar para dirigir en Primera División. Ese era el sueño máximo. Después trabajé como comentarista para la televisión colombiana de cuatro Copas Mundiales de la FIFA.

La primera fue Alemania 2006. Ahí entró en mi cabeza el deseo por dirigirme en un Mundial, pero mi parte pragmática me pidió que me enfocara en Argentina, en afianzarme en Primera. Es una lucha entre el pragmatismo y la ilusión. Y ahí empecé a buscar sin buscar, como hacen los budistas: uno no busca algo pero la ilusión le queda dando vueltas.

-En esa primera Copa Mundial a la que fuiste a trabajar, ¿qué sentiste que te faltaba?
Terminar de formarme como entrenador. Tener un perfil. Yo no tuve un entrenador que me marque. Para mí fue todo cuesta arriba. Si bien a los 34 años estaba dirigiendo a Quilmes, siempre fue desde una búsqueda solitaria. Me reunía con entrenadores y buscaba la receta mágica que te garantizaba el éxito. Así fui modelando mi perfil. Pero todavía estaba en una etapa de preparación: había un camino importante para recorrer.

Establecer metodologías de trabajo, ser confiable, saber cómo responder a las situaciones de crisis, cómo prepararme para los desafíos que demandaran más exigencias. Aunque el fútbol es uno solo, las responsabilidades son diferentes según los niveles de exposición: los niveles altos demandan más presión. No cambia la metodología según un equipo grande o chico: cambia la exposición o las cosas a las que uno debe estar atento.

-Después de más de dos décadas en clubes llegó la posibilidad de Ecuador. ¿Qué evaluaste en ese momento?
Era un momento de pandemia muy complejo. Yo había salido de Boca, y buscaba otro desafío con ese nivel de demanda. No había muchos equipos en Sudamérica que me ofrecieran ese desafío. Ecuador era algo diferente: debería convertirme en un seleccionador a 30 días del primer partido de las Eliminatorias. Si bien el riesgo era grande, vi que el desafío estaba a la altura de la demanda de Boca: porque jugar un Mundial es un evento absoluto.

El tema era meternos adentro del desafío y darle la propia dinámica que uno quería a este proyecto sin cambiar la idiosincrasia del fútbol ecuatoriano, pero sí darle cosas diferentes para ver si podíamos romper la inercia de por qué Ecuador no había jugado en Rusia.

¿Qué cambió desde el primer día del ciclo al final? ¿Qué maduración viste en vos, en el grupo y en los jugadores?
La clave fue el camino. Uno se queda con la clasificación pero fue más importante el camino que la clasificación, porque eso nos llevó a la clasificación. Era armar un plantel, formar un grupo, tener un equipo. ¿Qué cambió en el medio? Del inicio al fin fueron las formas, las maneras, pero no las convicciones ni los principios. Eso no se negoció nunca. Pero sí hubo suficiente autocrítica para detenernos en los distintos momentos para saber corregir a tiempo.

No hay que olvidarse del camino recorrido: de las buenas, de las luces, de la incertidumbre, de las tensiones, de los malos, porque todo lo que pasó desembocó en la realidad. Y si mantenemos viva esta llama, ese es el desafío de que esta situación perdure más allá de Catar.
(Fuente: Fifa.com)
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