Hablemos de fútbol: Mohamed Salah. Por Javier Castell, El Heraldo

Por Javier Castell, El Heraldo

*Y, seguramente, los egipcios, sin historia mundialista, pero con el mejor del momento, también se ilusionan para Rusia.

No hay dudas de que es el jugador más destacado esta temporada en el fútbol de las grandes ligas de Europa. Al día de hoy, es el goleador de la Premier League, es segundo, detrás de CR7, en la ‘Champions’; líder de la clasificación por la ‘Bota de Oro’ de Europa y, recientemente, elegido por sus pares futbolistas como el mejor jugador en la ‘Premier League’.

Zurdo zigzagueante, encarador, veloz y de una fina y potente pegada. Lo recuerdo jugando en la AS Roma y siempre me pareció que era un delantero con grandes condiciones, pero que casi siempre elegía o resolvía de forma equivocada. En Italia también aceleraba, se iba raudo por la zona derecha del ataque (le gusta jugar con perfil cambiado), pero no siempre el desenlace de la jugada producía lo que la calidad del ejecutor insinuaba. Justamente creo que, ahí, está la gran evolución futbolística de Salah. Ha pasado de ser un jugador con habilidad, desborde y velocidad, a ser un gran jugador de fútbol, porque creció en su inteligencia de juego, en su capacidad para tomar mejores decisiones y ejecutarlas con mayor eficacia.

De su acaramelada relación con la pelota pasó a enamorarse del juego. Y a entenderlo más. A sus condiciones les ha enseñado a interpretar cada situación que el partido va planteando, a ponerlas de acuerdo con las dificultades que el trámite y el rival proponen. Y en función de esa conciliación, entonces resuelve mejor. Mucho mejor. El fabuloso número de goles convertidos esta temporada lo corroboran, pero su crecimiento no se agota en esas estupendas estadísticas.

Ahora, sabe interrelacionarse con los compañeros, ya no se aísla en la raya, suele ‘flotar’ entre el defensa central y el lateral del rival. Se potenció individualmente apoyándose en el espíritu grupal del Liverpool; en ese llameante estilo que patrocina, desde la obligación grupal, las necesarias aventuras individuales. El vértigo que autoriza Jürgen Kloop, el carismático y audaz entrenador del Liverpool, le calza perfectamente al nuevo héroe egipcio.

Ante esta fulgurante aparición, inmediatamente se plantea qué duración tendrá su brillo, cuánta ambición y carácter lo cubren para disputarle a CR7 y a Messi el trono como el mejor, que ha sido exclusividad, en la última década, de estos dos. Mientras eso se dilucida, los fervorosos hinchas del equipo rojo sueñan con la final de la ‘Champions’ de la mano, de la cabeza, de los pies y de los goles de Mohamed Salah. Y, seguramente, los egipcios, sin historia mundialista, pero con el mejor del momento, también se ilusionan para Rusia.

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