«Hernán Pelaéz en Generación de El Colombiano.

*A sus 83 años, Hernán Peláez Restrepo —considerado el más grande de los periodistas futboleros de Colombia— recibió a GENERACIÓN en su apartamento. El creador de La Luciérnaga, columnista de El Tiempo durante 25 años y reportero en once mundiales repasó seis décadas de oficio.

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Cápsulas reproduce párrafos de la crónica dedicad a Hernán Peláez en Generación (El Colombiano) del escritor, periodista y guionista Iván Gallo en Generación, publicada el 18 de junio de 2026.

-No nació en Armenia, como tantos piensan, aunque es hincha de dos equipos: el Boca de Cali y el Deportes Quindío. Sus padres eran paisas que habían llegado a Cali, producto de la expansión aventurera antioqueña. “Tenían tantas ganas de caminar que seguro hubieran llegado hasta Ecuador”, dice con humor seco.

-Nos tomamos un café y me ofrece ejemplares de las revistas A Bola y de Marca, que iba a botar. Le digo que sí sin pensarlo, todo lo que sea de Hernán Peláez es interesante para mí. Nací en 1978 y uno de mis primeros recuerdos futboleros —soy de los que mide el tiempo con los mundiales de fútbol, así que todos mis recuerdos están asociados a la pelota— es ver a Peláez en un programa que se llamaba Teledeportes.

-Para este perfil no me interesó volver a ver esas imágenes, me conformo con el recuerdo que tengo de él, que no es muy diferente al que tengo ahora, frente a mí. Clint Eastwood tiene 97 años y sigue filmando, afirma que, para seguir trabajando, él simplemente ha impedido que entre el viejo. “Dile no al viejo” dice, como si fuera un mantra. No hablamos de cine con Hernán, pero sé que le gustan las viejas películas mexicanas: Pedro Infante besando a Dolores del Río mientras canta Deja que salga la luna.

-Es hijo de los jesuitas, del glorioso colegio Berchamns de Cali. En los años cincuenta vivía en el barrio Centenario y, camino a su colegio, tuvo una epifanía: pasó frente a un puesto de revistas. “No era exactamente una librería, era un lugar grande donde vendían revistas”. Como un Funes el memorioso del gran valle colombiano, recuerda con precisión: “El dueño era un señor que se llamaba Torres Tenorio, lo recuerdo porque el tipo ponía el sello en cada una de las revistas”.

-Ahí parado supo de los grandes de la crónica futbolera argentina, es decir, supo de los grandes de la crónica deportiva mundial: Osvaldo Ardizzone, Frascara, Dante Panzeri, Juvenal. Sin quererlo, como todo creador, sus lecturas fueron forjando el acero. E ir al estadio, por supuesto.

-Peláez arrancó en la radio en 1965. Tuvo una columna en El Tiempo durante 25 años, entre 1967 y 1993, se llamaba Cara y Sello. Ha cubierto once mundiales, incontables Copas América y hasta un Tour de Francia.

-Creó, junto a Guillermo Díaz Salamanca, La Luciérnaga, en plenos apagones de los años en que fue presidente César Gaviria. Allí potenció a personajes como Tola y Maluja, Don Jediondo, el famoso Alerta —sus chistes eran tan malos que Peláez le reinventó el cuero llamándolo el “cuentahuesos”—, Risa Loca y Lokillo.

-De este último vive muy orgulloso. Afirma que era el muchacho que hacía los mandados en Caracol y que él veía que cuando entraba a la cabina técnica hacía reír a todos, preguntó cuál era el cuento del muchacho y le contaron que hacía unas imitaciones infalibles. Sin más, lo pasó a la cabina principal.

-También fue al que se le ocurrió que Gustavo Álvarez Gardeazabal podría ser un éxito en la radio. Por eso ha sido tan difícil para Gustavo Gómez Córdoba y luego para Gabriel de las Casas reemplazarlo. Por eso es tan difícil escuchar el Pulso del Fútbol con César Augusto Londoño. Peláez es la radio y no hay oficio más difícil que intentar reemplazarlo.

-Ahora está bien con un compañero tan improbable como Martín de Francisco. Nos burlamos un poco de él: “La idea de juntarnos fue de Julio Sánchez Cristo. A mí me gustaban los tangos, los boleros y a Martín el rock pesado. Nos juntamos, funcionó”.

-Antes de despedirnos le pregunto por el cáncer y responde, rotundo: “Yo no he vencido el cáncer. Él sigue ahí, dormido. Esperemos a que se despierte lo más tarde posible”. El cáncer de médula se lo descubrieron en el 2008, en una consulta de rutina con su médico de confianza, el cardiólogo de la clínica Shaio, Víctor Caicedo. El único síntoma extraño que había presentado Peláez era un dolor de cabeza que no se le quitaba con nada.

-Le ordenaron hacerse un cateterismo y tres meses después el oncólogo Mario Gómez le dijo en seco: “Usted tiene un mieloma múltiple”. Peláez, sin saber, le preguntó que qué era eso. Gómez respondió: “Usted tiene cáncer de médula y hay que empezar a hacer las quimio ya mismo”. Fueron 24 quimios que lo dejaron tan mal que él los describe “como si hubiera tenido diez asaltos con Mike Tyson”.

-Desde el 2014 la enfermedad está dormida. Sus médicos lo ayudan, pero también su fe. Ahí tiene, en su casa, las imágenes de San Sablé, monje maronita nacido en Libia, especialista en curar el cáncer, y de San Charbel; los santos, combinados con unas píldoras cuya caja de 21 unidades le costaba 14 millones de pesos, y el amor de su esposa Beatriz, le han ayudado a curar el cáncer, a dormirlo.

-Le pregunto en seco si Luis Díaz podría ser el mejor jugador colombiano de todos los tiempos y Peláez no duda: para él, como para los que lo vieron, el más crack fue Willington Ortiz. “Ese tipo era de un nivel como el de Mbappé, nació en la época equivocada, hoy valdría doscientos millones de dólares”.

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