
Por Jorge Iván Londoño Maya. //
Columnista Cápsulas. //

Luego de extasiarnos con el clásico entre el Paris y el Bayern, que resultó la máxima expresión de fútbol hasta el momento, volvemos al fútbol casero y de la esquina; y digamos que también familiar, entre el Once Caldas y Atlético Nacional.
Ambos clasificados a las instancias finales, pero detrás de los tres puntos por aquello de la reclasificación, y de darle a sus parciales la satisfacción del triunfo. Hinchas del blanco obviamente en mayor cantidad, y del verde en un número no despreciable, que coparon el Palogrande, en horario del Ángelus y un atardecer que se antojaba veraniego, propicio además para celebrarle a Dayro Moreno los 900 partidos jugados.
La producción de televisión nos regala una hermosa postal del nevado del Ruiz, y una visión general de las tribunas, en donde predomina la belleza de las manizaleñas y el fervor de ambas hinchadas.
Los técnicos, «El Arriero» Herrera y Arias, no guardaron nada de su nómina, y mandaron al campo de juego once “gerentes”. En Nacional repite Castillo y Ospina va al banco en plan de preocupado observador, tal como lo vimos. La ausencia obligada de Rengifo por la tarjeta roja, permite que, a gusto del técnico, Asprilla se convierta en el hombre de las ideas, decisión que en billar se llama “tacar burro”, o sea, con la bola equivocada; esto, pues, para mi gusto.
Un primer tiempo que se torna agradable, porque el Caldas exhibe su generoso despliegue para atacar y su seguridad para defender, y Nacional hace lo suyo de acuerdo con su partitura de juego; en lo que sinceramente el Once lo supera con creces.
Castillo se muestra ansioso en los primeros minutos, y uno que otro balón le juega a las escondidas. Nacional arremete con dos llegadas inminentes de gol, más una anotación de Casco, anulada por medio guayo en fuera de lugar. El once es fino en su juego, soportado en la exactitud de los pases y en la elegancia de sus movimientos; Nacional no marca…..ve jugar al blanco, que lo hace de memoria. El horizontal se convierte en el jugador número doce del verde.
Entretenido en otros menesteres, llego tarde para ver el segundo tiempo, por lo que me encuentro con la sorpresa del triunfo parcial del equipo merengue. Gol que veo en repetición, logrado por Luis Sánchez a los 21 segundos, con gran jugada previa que se inicia desde el mismo saque albo, y que coge a los jugadores de Nacional todavía haciendo buches de agua; gol que obliga al sonoro canto de la tribuna de los números del uno al once, práctica con marca registrada en el Palogrande. Así mismo, me entero de la salida de Asprilla y de la entrada de Nicolás Rodríguez.
Nacional acelera su lento accionar en procura del empate, el cual pudo lograr en una llegada de Morelos, que se saca el defensa y dispara, pero el balón choca contra la humanidad de Parra, héroe en ese momento. Mejor dicho, pareciera que Morelos estuviera rezado, porque nada le sale.
Minutos después entran Zapata, estrenando trencitas y con la arrogancia de siempre, y Edwin Cardona, que la verdad, es muy poquito lo que ha aportado en sus últimas actuaciones; por ellos salieron Mateus, intrascendente en su juego, y Sarmiento, que lo hace a disgusto, y con toda razón, porque es el que le pone ají al ataque verde y nos hace parar del asiento. Marlos Moreno también tuvo el empate a escasos tres minutos de terminar el partido, pero el balón lo rechazan al unísono 3 defensas blancos que aparecieron como fantasmas; Marlos entró por Bello, que es un jugador ratón, a ratos si y a ratos no.
Además de la diferencia en el juego, en la táctica y en la disposición de los jugadores, ¿qué tal la disparidad entre el técnico Herrera y Arias? Herrera en su papel de arriero, porque se enoja, pelea, frunce el ceño, hace mala cara, manotea y regaña, porque lo que está en juego es el trabajo que tiene su impronta; en cambio, Arias, bien gracias.
Con este partido Nacional ajusta cinco perdidos y todos en condición de visitante, situación altamente preocupante, advertida y anunciada de mucho tiempo atrás, pero sin visos de cambio, y grave porque la fase final no permite parpadeos; una derrota en el partido de ida, que Nacional, por su condición de ser primero, lo hará de visitante, lo obligaría en el partido de vuelta a igualar el marcador y superarlo para poder seguir en la contienda; y con la sequía de gol que nos llegó.
Mucho por amasar tiene el cuerpo técnico de Nacional en estos días previos al inicio de esta final, que no tiene ese mañana para corregir que siempre pregona Arias.
¡Qué Dios nos coja confesados!





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