Capsulas de Carreño

Hinchas y periodistas, el espejo del fútbol (y III).

 

Jorge Eliécer Campuzano, Wbeimar Muñoz y Guillermo Montoya Callejas, el trío periodístico que impuso un estilo en Antioquia.

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 POR WILLIAMS VIERA, desde USA.

 

En las graderías de los estadios se producen escenarios de unas memorias que indagan en la complejidad del recuerdo, en la reconstrucción de añejas narraciones de locutores y comentaristas, en la lectura de páginas deportivas de diarios o semanarios que les traen las fotos de los referentes que los emociona y que les hace gritar “goooolllll”.

Usted los ve y cada quien tiene un importante fondo en la experiencia personal. ¿Son adultos mayores? Sí, cada uno tiene capacidad narrativa e intensidad verbal para hablar de lo divino y de lo humano, del fútbol, de lo visto y lo oído, de lo vivido y lo leído.

Ellos, sin querer, representan el camino de la nueva generación de hinchas. De aquellos que lloran en las derrotas, que saltan, que disfrutan de una fiesta, que llegan a pie al estadio, que dejan de comer para comprar la boleta de ingreso al estadio mientras estallan petardos y fuegos de artificio por doquier, listos para festejar cada gol, cada triunfo, sin rencores y sin revanchas en la ciudad en la que el equipo amado juega y en donde narradores y comentaristas trasladan la emoción desde los micrófonos al igual que los redactores deportivos, quienes al escribir y ser leídos, sus notas hacen que en el hincha piensen o le digan al más cercano, ¨pellízcame. Pellízcame fuerte. Dígame si es verdad lo que leo, que siento un sudor helado que me recorre el cuerpo, que siento un latido intenso en el corazón, que las manos que me tiemblan son de pura emoción”.

Héctor Jiménez, a quien se conoció como ‘Radiolo’, fue un seguidor de Atlético Nacional desde niño.

Entonces, ¿Quién no recuerda a Héctor Jiménez, conocido como ‘Radiolo’? Él fue durante 48 años hincha de Atlético Nacional. Escuchaba, en su tiempo, las narraciones de Jorge Eliécer Campuzano al igual que los comentarios de Wbeimar Muñoz y de Guillermo Montoya Callejas y recordaba todo.

“Una vez Osvaldo Juan Zubeldia contó que un jugador tenía que ser sin complejos y hasta irrespetuoso y mencionó un mocoso que se lucía en los entrenamientos con la pelota en su pie izquierdo. ¿Saben quién era? El arriero de Angelópolis, quien, en sus primeros días de entrenar bajo las órdenes de Zubeldia, lloraba por no tener a Aurora, su vaca, a la que ordeñaba en el potrero”, lo dijo ‘Radiolo’ que aquella anécdota la contaron Campuzano, Wbeimar y ‘El Gordo’ Montoya en uno de sus programas de Caracol.

Era tanto el amor que sentía por el conjunto verdolaga que a un perro le llamó ‘Aristi’ en honor a Víctor Hugo Aristizábal, al que le decían ‘Aristigol’ por los 348 goles oficiales convertidos.

“Aristizábal me visita en Trianon, mi barrio, y hablamos de Nacional. Él siempre se divierte al ver mi santuario con fotos de todos los tiempos de mi equipo del alma que es mi amor ciego”, dijo alguna vez ‘Radiolo’, días antes de morir el lunes 12 de enero de 2015.

 

Alberto Suárez, hincha longevo del Deportivo Independiente Medellín. Asistió al estadio hasta los 97 años de edad.

NO HAY ATEOS

Cierto, el fútbol es la religión que no tiene ateos. Así lo demostró Alberto Suárez, quien gozó como niño a pesar de sus 97 años el día que el Deportivo Independiente Medellín le hizo un homenaje por ser el hincha más longevo de la institución. Ese día, miércoles 28 de julio de 2021, su mejor regalo, además de la camiseta con el número 97 equivalente a su edad, fue regresar a la gradería y observar que su equipo, en su campaña irregular, al menos empataba, 1-1, con el Once Caldas.

“El ver el gol de Juan Pablo Gallego, a los 3’, a favor de mi equipo, no lo cambio por nada del mundo porque no tiene precio”, le dijo Suárez a uno de sus biznietos. Dos meses después fallecía, pero se fue con ese recuerdo. Él nunca faltó a un partido del DIM mientras su salud se lo permitió y decía: “¿Hay algo más lindo para el hincha del Medellín que ganarle al Atlético Nacional? Decididamente, ¡no! Y lo mismo ocurre del otro lado”.

Pero Suárez, cada vez que iba al estadio, se emocionaba cuando escuchaba a Rouget Taborda Vallejo, comentarista de RCN, en el momento que decía: “Las lágrimas arropan triunfos y derrotas. Llorar no es desvanecer el alma. Es una expresión de la existencia”.

Una verdadera joya del baúl de los recuerdos. Muchos tenían cabello. Arriba: Wbeimar Muñoz, Roguet Taborda, Carlos Valderrama, Jorge Eliécer Campuzano, Diego Barragán (preparador físico), Múnera Eastman y René Higuita. Abajo: Camilo Sixto Baquero, Leonel Álvarez y Juan Guillermo Montoya. La foto fue en el estadio del Valladolid.

SORDOCIEGO «VE»

En este tiempo de violencia en las graderías que conmociona a la sociedad entera debido a que la gente se relaciona con el deporte de manera anormal, en ocasiones se esconde la oscura y perversa maquinaria en la que están inmersos los caprichos de los violentos. ¿La razón? Somos una sociedad que se mata todo el tiempo. En el fútbol o esperando que la luz del semáforo cambie de rojo a verde o viceversa.

José Richard y César Daza, dos hinchas, en Bogotá, que son muy conocidos.

   Sin embargo, la historia de José Richard es increíble. Él, hincha de Millonarios, es un sordociego que ‘ve’ el futbol a través de las manos de su mejor amigo, César Daza, hincha de Santa Fe, quien le relata los partidos.

   Richard quedó sordo a los 9 años y, a los 15, empezó a perder la visión. Hoy, a los 38, la pasión por el futbol sigue y asiste al estadio con su inseparable amigo que desde hace cinco años se convirtió en sus ojos, en sus oídos y en su cómplice para disfrutar del deporte de multitudes.

 

 

¡QUE SUENE LA CORNETA!

Resulta imposible llevar un diario de cada hincha. Es igual de imposible saber cómo afronta un fin de semana. En el caso de Gustavo Cortés, él vive en Tolú, Sucre, y cada vez que juega el Atlético Junior en Barranquilla, realiza un recorrido de 480 kilómetros de ida y regreso. Es decir, se gasta 9 horas y 30 minutos de su vida para disfrutar del fervor del fútbol como la fiesta de la gente.

“La venta de pescado y de camarones me permite hacer el ahorro para ir al estadio con mi corneta en mano. La hago sonar desde antes de estar en la gradería cada vez que los pulmones recobran el aliento y me vengo de mi pueblo vestido con los colores rojiblancos desde los pies a la cabeza”, dijo Cortés para esta crónica.

Es tanta la pasión por el Junior que ya les dijo a los suyos que el día que muera desea ser vestido y enterrado con la bandera de su equipo amado.

Cortés recorre, de ida y vuelta, 480 kilómetros para ver jugar al Junior.

Lo presentado ha sido una simple muestra de la relación del hincha con los periodistas a través del equipo amado. En esa conexión se registra un tumultuoso río de sensaciones, de risas embriagadas con alegrías y tristezas en las que, sin querer, se pisotean relojes, pero se viven momentos sin antes ni después.

O que lo diga Cortés, antes de abordar el bus que lo lleva a Tolu, Sucre, al escuchar a Hugo Illera en los ‘Informadores deportivos’: “El comentarista Illera recordó una anécdota de Juan Ramón Verón, técnico responsable de esa primera estrella en su calidad de jugador y entrenador en 1977 en el tramo final de la temporada luego de la salida de José Varacka: ‘Nuestros rivales eran Deportivo Cali, dirigido por Carlos Bilardo, y Atlético Nacional que tenía a Osvaldo Zubeldía. Jugábamos en el Romelio Martínez’, dijo en ese momento ‘La Bruja’ Verón…”.

Cortés, entonces, hizo una pausa y retomó el tema:

“A ‘La Bruja’ le preguntaron cómo iba a arreglar al equipo para ganarle al Cali y al Nacional. Y él contestó: ‘¡Que quiere que haga, Hugo! Ya le dije a los muchachos que jueguen hacia adelante porque la pelota tiene que entrar en el arco rival para que Juan Carlos Delménico duerma tranquilo en el nuestro’…”.

Un momento, señores.  Detengamos en este relato. Ya volveremos con otra crónica de estos momentos que son sus momentos. Cada uno se une en pequeñas historias que representan una explosión alborotada de amor, de pasión y de regocijo por los colores de un equipo de fútbol. Ahí están para ser contadas al estar llenas de ternura, de sueños, de gritos de gol y guardadas en la memoria más fiel que es la del corazón del hincha y de los periodistas porque hay que decirlo, también hay periodistas hinchas por más que lo nieguen; pero ese será otro tema.

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