Por María Victoria Zapata B.

*Frente a eso, señor Comesaña, no hay justificación que valga.
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Se podrían utilizar muchas palabras para expresar los sentimientos de rabia y descontento causados por la paupérrrima presentación del Deportivo Independiente Medellín anoche, ante el cuadro 9 de octubre, y seguramente todas ellas se ajustarán a lo que experimentamos los hinchas rojos durante y después de esos denigrantes 90 minutos de juego en el estadio de Jocay, en la ciudad de Manta, en Ecuador.
Respeto muchísimo el concepto de quienes consideran que en el DIM de la presente temporada existe una bonita y halagüeña expresión de fútbol, un promisorio proyecto en el equipo e, inclusive, una justificación de gran valor en la clasificación a cuadrangulares, teniendo en cuenta las recientes y consecutivas cinco eliminaciones del DIM. No podemos hablar de proyectos cuando en estos existe un inexplicable conformismo y un reprochable desdén por un torneo internacional, que consecuencialmente deja por el suelo la imagen del equipo y del país, en un evento de esa naturaleza.
«Nosotros no nos hemos preparado para todos los compromisos que tenemos; copa, liga y Sudamericana» Julio Comesaña . Una declaración simplemente inadmisible..:!!! Seguramente esa mentalidad cerrada y estrecha del técnico del DIM, justificará la muy errónea nómina con la que saltó el DIM anoche al estadio de Jocay, los recurrentes errores defensivos que nos cuestan uno, dos y hasta más goles por partido, la insistencia con la titularidad de jugadores cuyo nivel no da ni para ponerlos a ver el partido desde tribuna, la pobreza franciscana del equipo en ideas y generación y el papelón de DIM, que quedó en ridículo de la peor forma posible.
Con base en lo anterior, no podemos hablar de proyectos cuando la falta de ambición y conformismo parten, quien lo creyera, de la dirección técnica, la que debería ser justamente la impulsora de un trabajo táctico y estratégico acorde con el ideal que rige la alta competencia y, fundamentalmente, con la motivación, ganas y fijación de metas, que deben ser siempre el motor de cualquier participación deportiva, con mayor razón las de índole internacional, en las que la institucionalidad y nombre del DIM también están en juego.
Ya quedó suficientemente claro que el equipo perdió su norte deportivo. Atrás quedaron esos partidos que nos llenaron de esperanza e ilusión. Sin fútbol, sin trabajo visible, sin resultado y, lo más inquietante, con un técnico empeñado no solo en evadir sus responsabilidades en un equipo que más mal no puede jugar, en infravalorar toda aquella participación que trascienda el paso a cuadrangulares y en abrir una brecha cada vez mayor con la afición, es imposible hablar de procesos, de proyectos o de logros, en la actual era Comesaña.
Como hincha, no puedo cohonestar con un trabajo que denota un mal manejo del recurso humano, que con su carencia de autocrítica destruye la confianza del hincha, que con sus declaraciones destempladas y sus nóminas titulares equivocadas, reduce a la mínima expresión la participación roja en algunos eventos y restringe la labor del director técnico a un solo torneo, que se empecina en agrietar cada vez más sus relaciones con la afición y que, por su estrechez de miras, nos ha llevado a un nuevo ridículo internacional, con la participación del DIM en fase de grupos en Copa Sudamericana 2022.
Y como hincha, tampoco puedo transigir con 90 minutos tan oprobiosos como los jugados en el estadio Jocay de Manta, en donde el Deportivo Independiente Medellín se mancilló así mismo con su deshonrosa presentación. Me preocupan los dos juegos que restan, con Internacional y Guaireña. ¿Nos esperan otras dos humillantes presentaciones como la de anoche? ¿ya Julio Comesaña tendrá el “libreto” de las nuevas disculpas, en caso de caer derrotados en dichos compromisos?
En resumen. Con un técnico (Comesaña) sin ambición, un DIM sin fútbol, un trabajo táctico inexistente y una motivación ausente, la presentación con derrota (2-3) de anoche ante el ecuatoriano 9 de Octubre, fue indignante y vergonzosa.
Frente a eso, señor Comesaña, no hay justificación que valga.
[María Victoria Zapata B.]




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