Por María Victoria Zapata
Y más poco halagüeño es aun el fútbol del DIM en sus tres últimos partidos.
No obstante el empate local y la victoria visitante con Universidad Católica del Ecuador, en su debut en Copa Sudamericana, y la igualdad (1-1) este fin de semana en el estadio de Techo ante Independiente Santa Fe, por la novena fecha Liga, no podemos pasar de largo ante las serias inconsistencias del cuadro rojo de Antioquia.
Ayer, por ejemplo, los primeros 45 minutos del partido pasaron en blanco para el DIM en materia de llegadas y opciones en el arco de Leandro Castellanos. Igualmente mostraron un fútbol lento, sin colectividad y carente de profundidad y juego por las bandas. Exactamente igual fue el desempeño del onceno cardenal, que con un férreo sistema defensivo tampoco hizo valer su condición de local ni se acercó a predios de David González. Con dos equipos desconectados del fútbol y del gol fue, en definitiva, un período inicial para el olvido.
Con todo a su favor y no pudo
La falta en el área cometida por Leyvin Balanta al argentino Hernán Hechalar , la segunda amarilla para el defensor santafereño y su consecuente expulsión, el penal sancionado por el árbitro Nicolás Gallo y convertido en gol por el capitán Christian Marrugo, al minuto 50, le dieron vida a un compromiso en el que Santa Fe, con un jugador menos, buscó insistente el empate y el DIM, vencedor parcial, buscó ampliar la ventaja.
A pesar de los relevos ordenados por el técnico Leonel Álvarez minutos después ( Caicedo por Castro y Cabezas por Moreno ) el Equipo del Pueblo incurrió nuevamente en el doble error que desde hace tiempo tanto le hemos censurado: se replegó y regaló el balón. Justamente el mismo conformismo que evidencia cuando se ve ganador 1-0. Santa Fe, por su parte, suplió con coraje su inferioridad numérica y sus deficiencias en fútbol y, en acción del atacante venezolano Juan Manuel Falcón, igualó con justicia la pizarra al minuto 64.
El ingreso de Mauricio Molina, en reemplazo de Luis Carlos Arias, al minuto 69, revitalizó al en ese momento aletargado DIM y le permitió no solo la recuperación del esférico y del protagonismo en el partido sino acercarse con peligrosidad al pórtico cardenal. Juan Fernando Caicedo, al minuto, 82, y Juan David Valencia, al 89, malograron de manera increíble dos claras opciones de gol y sendas posibilidades de triunfo para el Medellín.
Interrogantes
¿Qué pasa con Caicedo?. Si bien es cierto el atacante rojo cumple una importante función como pivot y es solidario en zona de ataque, no deja de preocupar su manifiesta incapacidad en definición. ¿Es esto normal en un jugador distinguido con el Nº9? ¿Acaso son excluyentes las funciones de pivot y definidor? ¿Es problema de mentalidad y falta de confianza en el delantero del DIM? ¿Dónde quedó la vocación goleadora que le llenó de reconocimientos en el Atlético Huila?
¿Qué pasó con la excelente sociedad que en el torneo anterior formaron Juan Fernando Caicedo y Leonardo Castro? ¿Exceso de individualismo? ¿Mala racha?
¿Por qué se conforma el DIM después de un 1-0? Lo pregunto una vez más. Es que no tiene presentación que el equipo marque un gol, caiga en ese estado de adormecimiento y pasividad, retrase líneas y termine encerrado y pidiendo tiempo, como ha ocurrido con Independiente Medellín en no pocos partidos.
¿Por qué no se aprovecha el jugador de más? Ocurrió la semana inmediatamente anterior ante Universidad Católica tras la expulsión, con roja directa, del arquero Hernán Galíndez. Igualmente ayer, con la segunda amarilla al zaguero santafereño Leyvin Balanta. La superioridad numérica del DIM no se percibió táctica ni estratégicamente, ni el equipo se dio por enterado de que debía y tenía que aprovechar dicha ventaja.
Paradójicamente, fueron el cuadro ecuatoriano y el Expreso rojo los que con base en voluntad y agallas afrontaron las ausencias de sus jugadores excluidos del juego por razones disciplinarias y arrinconaron peligrosamente al DIM.
¿Por qué no hay continuidad en el fútbol del Deportivo Independiente Medellín? Y la inconsistencia no solo se observa entre un partido y otro sino en los 90 minutos de un mismo juego. Ya es usual ver dos tiempos diametralmente opuestos, o un solo período con fluctuaciones entre la velocidad, el contragolpe, el pundonor, el conformismo, la lentitud y la desidia.
Aunque sabemos que los problemas de definición son de viaja data en el equipo, ¿podemos hoy concluir que la intermitencia del fútbol Poderoso obedece a la maratón de partidos a los que se ha visto abocado por cuenta de sus participaciones simultáneas en Liga y Copa águila y Copa Sudamericana, con el agravante de una nómina tan reducida como la nuestra? ¿o es, por el contrario, una estrategia del orientador Leonel Álvarez para evitar el desgaste en este calendario tan saturado de compromisos?
Queda abierto el debate. Lo único claro es que ayer el DIM cometió pecados que lo privaron de la victoria en el estadio Metropolitano de Techo y, más que los puntos que dejó de ganar, las inquietudes nacen nuevamente de un fútbol entrecortado y con visibles lagunas, que le restan identidad y fluidez.
El miércoles nos espera el partido ante el Sportivo Luqueño de Paraguay y es imperativo hacer valer la condición de local y sacar un buen resultado en el estadio Atanasio Girardot. Ojalá, para entonces, las dudas empiecen a despejarse y reaparezca el aguerrido, agresivo y efectivo fútbol del DIM. Un fútbol de 90 minutos. Ojalá, también, los atacantes rojos reinicien su recorrido de reconciliación con las redes contrarias. De verdad lo anhelamos.
[María Victoria Zapata B.]





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