Capsulas de Carreño

James más que un galáctico (Mónica Román Garcés, abogada)

Monica RománPor Mónica Román Garcés,
abogada

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*Demuestra que es de carne y hueso, y que los niños lo pueden tocar y abrazar.
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Muchos han escrito, leído o simplemente escuchado sobre la vida de James David Rodríguez, el jugador que viste la camisa número 10 del equipo Merengue, y quien con sus jugadas deleita la retina de más de un aficionado o no al fútbol.

Personalmente disfruto viendo sus partidos, pases, tiros libres, movimientos que solo un jugador con dotes especiales puede hacer. Recuerdo como si fuera ayer, en el año 2006 llegó a las oficinas del Envigado F.C. un niño pequeño en estatura y edad, con su mamá y hermana, y donde Pilar Rubio decía con mayor claridad “el mayor deseo de mi hijo es ser jugador profesional de fútbol”.  Pero no un profesional cualquiera, más que jugador ser humano, por eso valoro su esfuerzo, dedicación, entrega y que nunca se rinde.

Lo que ha hecho James Rodríguez como jugador de fútbol no me sorprende, sus habilidades y gambetas se paseaban desde muy pequeño por las canchas del Estadio Polideportivo Sur y El Dorado. Pero como ser humano me deja gratamente sorprendida, pues en una cultura como la nuestra un jugador como James lo más normal es que fuera agrandado, irrespetuoso y poco cordial, lastimosamente esta imagen han dejado varios jugadores de fútbol en los comunicadores.

Pero con “el monito” pasa totalmente lo contrario. Un jugador y ser humano maravilloso, dedicado a su familia, disciplinado, responsable pero sobre atento y respetuoso con su hinchada. Debo confesar que me sacó más de una lágrima en la pasada Copa América en Chile, dejó subir al bus de la Selección Colombia a un niño que quería conocer a su ídolo, en otra ocasión se bajó normal del bus que los transportaba y se acercó a un niño que tenía puesta la camisa de Colombia y en sus manos colgaba la blanca del Real Madrid, y James no solo lo abrazo sino que le dio su buso, firmó la camiseta y permitió que les tomaran fotos.

Yo siendo Miguel Ángel o Tomás los niños con quien James tuvo ese gesto de grandeza, jamás pero jamás lo olvidaría, esto demuestra que su sencillez, amabilidad va más allá de los millones que puede ganar. Demuestra que un galáctico es de carne y hueso, y que los niños lo pueden tocar y abrazar.

¡Grande James David!

[Mónica Román Garcés

Comunicadora en Relaciones Corporativas – Universidad de Medellín.

Abogada – Universidad de Envigado]

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