Capsulas de Carreño

José María Otero, ex revista El Gráfico, en Cápsulas

 

A partir de la presente nota y por varias entregas, vamos a contar con la presencia de un verdadero referente del periodismo deportivo, replicando algunas de sus notas publicadas en su muro de Facebook y en el blog conocido como Tangos al bardo. Agradecemos la autorización de nuestro invitado para la presentación de estas historias sobre fútbol y tango que fortalecen la línea de trabajo que hemos desarrollado durante más de 18 meses en Cápsulas, diario digital de fútbol y medios.

“Soy periodista profesional, escritor, poeta, milonguero. Organizador de milongas.” Así se presenta nuestro invitado en su cuenta de Facebook, en la que comunica sus notas y referencias sobre sus temas preferidos.

Se trata de José María Otero Rodríguez, argentino de pura cepa, quien se ha destacado en su profesión de periodista en El Gráfico, La Razón, Clarín, las Editoriales Abril y Atlántida. Se desempeñó como Jefe de deportes en Canales 7 y 9 de televisión en Buenos Aires, Argentina y pasó buena parte de su vida al frente de los micrófonos en programas radiales de diversa índole. Fue columnista en el País de España y corresponsal de varios medios. Es un experto en el tango, tanto en su historia y su desarrollo, como en su baile.

Está radicado en Madrid, España desde 1974. Como escritor tiene un amplio volumen de poemas y tres libros titulados: EL ABC del Tango de Editorial Corregidor, Versos de lejos de Ediciones AUPA y La llamada del tango de Editorial Renacimiento.

Adicionalmente, el señor Otero ha colaborado con sus historias tangueras en el programa radial, Tertulia Evaristo Carriego, emitido por la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia que tenemos el gusto de conducir.

A José María un agradecimiento por su apoyo y por disponer sus historias para Cápsulas de Fútbol.

Va la primera nota sobre el Zurdo López, personaje suficientemente conocido en Colombia, en la cual Otero destaca los aspectos humano y musical del deportista, no siempre conocidos y emulados.

A propósito de Miguel Ángel López, el pasado 11 de agosto de 2020, debió ser internado en una clínica de Barranquilla debido a una afección cardíaca, de la cual por fortuna se recuperó. José María Otero, como muchos aficionados, periodistas y amigos, estuvo pendiente de su salud desde Madrid. Con él compartimos su mejoría, a través de los medios informativos.

 John Cardona Arteaga
Columnista Cápsulas

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Fútbol, Burros y Tango

Los porteños somos futboleros y tangueros. Y muchos de nosotros: burreros, o sea nos gusta merodear los hipódromos. Por ejemplo, yo, en mi época lejana de aficionado a las carreras de caballos, esos hermosos cuadrúpedos, recorrí todos los hipódromos por el Pacífico, desde el de Chile, Monterrico en Lima, Hipotecho en Bogotá,  hasta el Santa Anita de Los Ángeles, California.

Y por el Atlántico, salvo el uruguayo Maroñas, pasé por dos brasileños: Cidade Jardim de San Pablo, y la Gavea de Río de Janeiro. Luego La Rinconada de Caracas, el Gulfstream de Miami y el Belmont Park neoyorquino. Bueno, pero estoy hablando de otra época, ya pasada por el agua de los años. El fluir de los acontecimientos me lleva a otros ámbitos, y lo cierto es que conocí casi todos esos hermosos sitios gracias a mi profesión periodística, sobre todo por el fútbol.

Pedro Omar, izq. y Juan Maglio (círculo)

Y esa sí que es una gran pasión argentina. Y como tengo ganas de chamuyo lungo, me gusta contar alguna de las tantísimas anécdotas que se aglutinan en mi álbum de los recuerdos. El tango y el fútbol han demostrado infinidad de veces su gran alianza y hay un montón de temas que engrosan las partituras de orquestas y cantores relacionadas con el deporte nacional.

Si nos remontamos muy atrás, Juan Maglio Pacho fue uno de los grandes baluartes de la guardia vieja del tango.

Tuvo un hijo con igual nombre que fue futbolista de prestigio, delantero de San Lorenzo de Almagro y de la Selección Argentina.

Jugó incluso en la Juventus de Turín, y a su vez tuvo su propia orquesta típica, aunque no alcanzó el relieve de su progenitor.

 

Raimundo Mumo Orsi, además de ser un impresionante extremo izquierdo de un equipo campeón e invicto, en 1926, con el Club Atlético Independiente, de Avellaneda, era un violinista de muy buena técnica. Incluso tocó en un trío nada menos que con Carlitos Marcucci y Ángel Domingo Riverol, en La Buseca, de Sarandí. Sería transferido a la Juventus de Italia, donde lograría nada menos que cinco campeonatos, e incluso fue campeón mundial con la camiseta de la Squadra azzurra en 1932.

Mumo Orsi con las camisetas argentina e italiana

Pero hoy regreso a un asado de hace años en la cancha de Independiente con los jugadores del primer equipo, al que fui invitado. Vino incluso Ernesto Baffa, el notable bandoneonista que es hincha de los rojos, con su bandoneón, ya que después se armaba el show con la guitarra y el canto de Pancho Sá. A veces estaba Pedro Boeto. El zurdo López era el defensa central y se comentaba que había sido bandoneonista en su Córdoba natal, aunque Miguel Ángel (su nombre) no hacía nunca alarde de ello.

El zurdo López arrancó como volante central, de muy buen manejo, en Sarmiento de Junín,  de allí saltaría a Estudiantes de La Plata , luego a Ferro Carril Oeste, donde comenzó a jugar de defensa central y entonces lo adquirió River Plate. Lo compraría Independiente, y con él en el equipo ganaron el Metropolitano de 1971, la Copa Libertadores y la Interamericana, en 1972. En 1973 ganaron la Intercontinental a un solo partido en Roma con la Juventus. En 1974 ganaron la Libertadores y la Interamericana. Y en 1975, como despedida gana su cuarta Copa Libertadores, y se marcha a jugar en el Nacional de Medellín, Colombia.

Independiente campeón. López es el cuarto, arriba de izquierda  a derecha.

Miguel Ángel había tocado en Córdoba en la orquesta de Deolindo Piñero, que amenizaba los bailes de los clubes, en el estilo de Héctor Varela. Incluso, el mismo Zurdo llegó a Buenos Aires, invitado por el director bandoneonista Juan Sánchez Gorio y tocó brevemente en la orquesta de éste. Nació en 1942 en el barrio de Ticino, un suburbio de Villa María, Córdoba, y raramente hablaba de su habilidad con el fueye. Pero esa tarde, el polaco Semenewicz, a quien se pasaba corrigiéndole durante los partidos, para vengarse, le dijo a Baffa que lo dejara a su compañero tocar el bandoneón.

Baffita, le preguntó: –¿Vos tocás, zurdo? y éste respondió: Algo...

Acto seguido se hizo con el fueye y tanteó: Voy a intentar sacar La cumparsita.
Empezó  a mandarse el tango de Matos Rodríguez, y Baffa no lo podía creer..
¡Pero, vos lo escolasás de verdad, qué bárbaro…!
Después se mandaría otro tango y dejó sentado para siempre su clase de bandoneonista.

El zurdo, primer fueye por la izquierda. en la orquesta de Deolindo Piñero

Incluso me contaba ese cantorazo que estuvo con De Angelis y Caló, Roberto Mancini, que cuando el Zurdo jugaba en Medellín en pareja con Pacho Maturana (que vino en Madrid a la presentación de un libro mío), fueron a comer un asado en casa de otro futbolista. Allí le prestaron un fueye e hizo una gran interpretación de Adiós Nonino, para sorpresa de todos los presentes.

Al margen, quiero contar que es un gran amigo mío. Lo reencontré en cancha de River una noche y de ahí nos fuimos a cenar a La cantina de David. Y me contó una historia maravillosa. A uno de los tantos chicos de la calle, abandonados que yo veía en Colombia, lo contrataban para llevar las bolsas con la ropa de entrenamiento, en Medellín. A él y otros abandonados, Miguel los dejaba subir al autobús para ir a los entrenamientos. El zurdo ya era entrenador. Un día le dijo al chico de las bolsas: «Yo me voy a Argentina, vuelvo el año que viene y si terminás tus estudios, te llevo conmigo«. Y se encargó durante ese año de mandarle dinero para todos sus gastos.

Y cumplió la promesa, hablaron con el padre del chico que vivía sólo en una chabola, y éste les dijo que no había problemas, que se lo llevase. Miguel Ángel no tenía hijos en su pareja con Rosa y lo trataron como si el chico lo fuera. Luego su esposa tendría una niña. El muchachito se convirtió en un estudiante brillante, sobresaliente. En México, donde el zurdo fue Técnico, hizo dos años en uno. Y ya en Buenos Aires, ese chico apellidado Correa, que no tenía madre, ni ningún papel de nacimiento, ni documento alguno, emergió de la Universidad con su título de médico bajo el brazo, ya con su nuevo apellido: López. Emocionante. Y el zurdo no contaba jamás estas cosas, a mí sí. Es de las mejores personas que he conocido en el mundo del fútbol.
José María Otero
(Publicado en Tangos al bardo el miércoles 10 de septiembre de 2014)

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