Capsulas de Carreño

Junior y la ilusión de dos finales. Por Javier Castell López, El Heraldo.

Por Javier Castell López, El Heraldo

*¿Ganarán, perderán? Esa pregunta sin respuesta hace parte de la estresante, y al tiempo, emocionante  incertidumbre de este juego.

Serán diez días muy apasionantes e intensos (cuatro partidos en ese período) para el Junior y sus hinchas. El equipo barranquillero disputará la final de la Liga colombiana enfrentando al Medellín, y, por primera vez en su historia, la final de la Copa sudamericana ante el Paranaense brasileño.

Meritoria, sobresaliente campaña construida en lo futbolístico, la más de las veces, desde un estilo coral, auspiciador del toque, de conexiones lubricadas en espacio reducido, y de una estética colectiva vistosa y efectiva. Con una buena cantidad de goles, muchos de gran factura (recuerdo tres de enorme belleza: picadita de Jarlan a las Águilas, cabezazo de Díaz a la Equidad, y el unipersonal contraataque del mismo Díaz al Huila en el Romelio). Y además, con fines futuristas, la presencia regular y con respuestas alentadoras de cinco o seis jóvenes proyectos de la alacena rojiblanca.

Todo no ha sido positivo, claro que no. Hay vaivenes que hacen dirigir la mirada hacia el desgaste físico generado por la competencia en tres torneos. Personalmente, creo que, si bien es innegable que debe existir un gasto propio de la exigencia que impone la competencia, el juicioso manejo que le dio el cuerpo técnico a la nómina, rotándola en varias oportunidades, no elimina su injerencia pero sí reduce su fuerza como el gran factor. En cambio, sí creo que ha tenido, especialmente en las últimas series, una inestabilidad emocional: La autocomplacencia en Rionegro, la falta de convicción en el segundo tiempo en Bogotá, ante Equidad (traumas innecesarios que provocaron contratiempos y alcanzaron a desteñir futbolísticamente las inobjetables clasificaciones), y las inexcusables e infantiles expulsiones de Teófilo y Fuentes  ante Santa fe que los dejará por fuera, al menos en uno de los partidos finales, contra Paranaense. Dos jugadores muy influyentes en el andamiaje del Junior con los que no contará el cuerpo técnico.

Para mí, la mayor fuerza del Junior es su fútbol, su valor para querer el balón, su coraje para jugar creando, que no riñe con el otro coraje que le piden ahora en las finales: luchar, correr, meter. No deberían dejarse confundir. Ningún equipo accede a dos finales, y simultáneamente, siendo displicente, sin esfuerzo, sin orden ni sentido de la colaboración. Dudar de su estilo, modificar lo que mejor saben hacer, de lo que los catapultó a esta instancia, de lo que los hizo un equipo ganador y vistoso, no creo que sea una buena idea.

¿Ganarán, perderán? Esa pregunta sin respuesta hace parte de la estresante, y al tiempo, emocionante  incertidumbre de este juego.

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Un comentario

  1. Saúl Restrepo

    3 diciembre, 2018 at 8:44 am

    *La pretensión del Junior
    Llegar a las dos finales es un logro como lo explica esta opinión, pero a su vez es un compromiso que se vuelve deber. Es que si el objetivo era ser finalista pues bien, pero ser campeón como lo expresó ambicionandolo Teo,
    es otra cosa.

    Ganando las dos, se consagran; carro de bomberos, precarnaval y amanecida con preñada incluida. Si es una de las dos, se comprende como compensatoria y en ese entorno se celebraría, Pero:

    Si por esas casualidades de la vida, van y pierden las dos competencias sería un fracaso total, nadar para morir en la orilla. Y esa presión la tendrá este equipo, al menos para el DIM puede ser un factor a favor, porque Junior no ha ganado algo internacional y se creo que en prioridades esta primero la suramericana que la Águila.

    Este factor si esta muy definido en el DIM, no es participar, sino ganar, como lo dijo Zambrano en días pasados, que se enfocan en un solo objetivo, con orientación, planteo y sentido en esta final, particularizando en tal perspectivo, lo cual genera seguridad.

    A Junior como le tocan dos frentes, puede reaccionar a los resultados de una sobre otra. Si le va bien en el primer juego contra el brasileño llega robustecido el domingo, si le va mal buscará desquite.

    Al segundo juego muy parecido, se sabrá si es ya campeón o perdedor y ese cambio de ánimo, sea a mas o sea a menos puede ser un factor de aprovechamiento por parte del rojo, en un escenario podría salir confiado y en el otro necesitado. Zambrano, a atisbar bien.
    Saúl Restrepo, columnista Cápsulas

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