

Por María Victoria Zapata B. //
Columnista Cápsulas. //
Cuando no se puede ganar, lo mejor es no perder, reza una famosa máxima del fútbol. Sin embargo, en el caso del Deportivo Independiente Medellín, el 1-1 ante Juventud de las Piedras con el que concluyó el partido de ida de la tercera fase de Copa Libertadores, no dejó sensación alguna de tranquilidad frente al empate obtenido en el Gran Parque Central, de Montevideo.
Porque, a pesar de la igualdad en condición de visitante con el onceno uruguayo, el punto “sumado” se desdibuja ante su escasez táctica, su imprecisión, su falta de colectividad, sus gravísimas carencias defensivas, su inoperancia en mitad de campo y su improductividad en el ataque. Un empate que desnudó una vez más todas las deficiencias del DIM en fundamentación, en mentalidad, en nómina y en fútbol.
Y se diluye, así mismo, por un fútbol que no cautiva ni enamora, que no evoluciona en ningún aspecto y por el pésimo planteamiento del técnico Alejandro Restrepo y su incapacidad para leer los partidos, la extemporaneidad en el ordenamiento de las sustituciones y el miedo al riesgo y a la defensa y/o búsqueda de la victoria a través de goles y tácticas dirigidas al arco contrario.
Anoche, por ejemplo, el DIM se olvidó de atacar y volvió a regalar el balón en el período complementario, le otorgó todas las ventajas posibles a Juventud De Las Piedras, con sus calcados yerros defensivos facilitó el empate local, al minuto 74, y se dejó encerrar en su propio terreno hasta la finalización del compromiso. Y con la pobreza de su fútbol confirmó, así mismo, la inexistencia de proceso alguno y el desgaste total del cuerpo técnico rojo, hoy sin más respaldo que la ligereza directiva en la renovación de un contrato por dos años más, firmado en diciembre del año anterior.
También, en este juego de Copa Libertadores, Restrepo volvió a insistir con su línea de 3 sin contar con los zagueros idóneos para ello, con titulares cuyo nivel y rendimiento no les alcanza ni para ser suplentes, con un juego sin chispa, sorpresa ni manejo del balón, y con un fútbol sin asociación, para un 1-1 que no produjo alegría, esperanza o expectativa de cara al partido de vuelta, que se jugará el jueves próximo, en el estadio Atanasio Girardot.
Tampoco es necesario profundizar en un partido que fue la repetición de lo observado tantas veces en los últimos meses, de un fútbol rojo sin libreto, ambición ni convicciones y de un DIM sin más dolientes que su agobiada afición. Y, para completar, con un uniforme que pisotea la tradición, la historia y todo el acervo patrimonial del Equipo del Pueblo.
Queda, entonces, como conclusión que, independientemente del torneo en el que participe, del estadio donde se presente, del rival que le corresponda o de la nómina titular con que salte al gramado, el DIM reafirma la pérdida de su identidad y de su fútbol. En cada partido jugado aumenta la sensación de desasosiego y ratifica que no juega a nada…!!!
María Victoria Zapata B.





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