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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

Seis de la tarde. El Ángel del Señor anunció a María……y nadie pensó que Nacional perdería.
Llegamos a este partido con la ilusión intacta. 9 puntos de 9 nos avalaban ese estado de optimismo. El buen trabajo del técnico igualmente nos invitaba a soñar con acumular 12 puntos, y acomodarnos en el octavo lugar, con 22 puntos en el bolsillo, así fuera por un cuartico de hora.
Los conocidos Ceppelini, Wallace, Mejía, Ocampo, Castro y Aristizabal, se enfrentaron a los desconocidos Castillo (arquero y figura) Guevara, Rivera, Pájaro, Pico y Arrieta, para citar solo unos cuantos, que con un extraño uniforme conforman el equipo llamado Fortaleza, nombre al que no hacen quedar mal, ascendido con todos los honores de la B y que hoy se codea con los mismos puntos de Nacional.
Y Nacional comenzó arrasando, igual como lo venía haciendo. Perea y Ocampo, a veces pasados de revoluciones, se jactaban por su punta; Mejía y Ceppelini hacían las veces de Rappi en el medio campo, repartiendo juego a diestra y siniestra; mientras tanto, Wallace escondido detrás de sus contrarios, y cuando recibía devolvía mal o perdía el balón. En un cobro de un tiro de esquina, Nacional logra abrir el marcador mediante un cabezazo impecable de Aguirre; se hincha el espíritu.
Fortaleza aumenta el volumen de su ataque y muy pronto nos devuelve las atenciones con un gol muy parecido de parte de Arrieta, quien repite gracias a la infantil jugada de Ceppelini en el cobro de una falta. Termina el primer tiempo con ventaja para los de rojo con capa azul y decorados configuras robóticas. Nacional sale de capa caída.
Para la segunda parte todos esperábamos que llegarían los cambios de entrada, pero Repetto, en una actitud indiferente al marcador y al desarrollo del partido, manda al gramado, muy hermoso por cierto, los mismos once; perdón diez.
Pasan los minutos, en los que Nacional trata de igualar el marcador, con centros buenos regulares y malos, disparos al arco buenos, regulares y malos y con los mismos arranques furibundos de Ocampo y Perea, por lo que en algunos terminan rodando por el césped o enviando el centro a la tribuna.
Minuto 76 y llegan los primeros cambios para Nacional; sale el de siempre y Perea para que entren Duque y Moreno, luego desfilan Ramírez y Torres, pero son cambios que nada aportan. Creo que la tuvo más clara Fortaleza de marcar el tercero, que Nacional de empatar.
Esta derrota nos obliga a sacar el ábaco y la camándula, porque de los 12 que restan se deben hacer 12, y rezar el rosario para que ningún otro equipo quede con los mismos puntos nuestros, y nos pueda sacar de taquito por el gol diferencia.
Matemáticamente existe esa posibilidad, que por rendimiento parece imposible de lograr; pero bueno, ahí está y a eso se le puede apostar, así sea de mentiritas.
“La esperanza es el único bien común a todos los hombres; los que todo lo han perdido la poseen aún”. Tales de Mileto.






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