Capsulas de Carreño

La Catedral del pedal tiene su monumento al ciclista. Por Pablo Arbeláez Restrepo

Monumento

 

 Por Pablo Arbeláez Restrepo

 Pablo Arbelaez

Cada vez que Luis Díez sube allí, se siente como en el cielo. Y tiene toda la razón para estarlo.

 

Muchos años atrás, para poder llegar allí, a todo lo alto de La Catedral, había que hacerlo por una vía pedregosa que como máxima expresión de comodidad mostraba unos rieles disparejos y poco funcionales.


Esos siete kilómetros de durísima escalada, se convertían para el ciclomontañista, prácticamente que en una tortura. Un reto total.


La subida estaba ligada, con su nombre a un sino trágico, pero con los años todo cambió, porque el ascenso a La Catedral se convirtió en unos de los majestuosos emblemas de los escaladores del pedal del sur, quienes incluso rematan su faena frente al monumento a la bicicleta, instalado en tierras de la Fundación Santa Gertrudis la Magna.


Tras el intenso esfuerzo de subir esas temibles rampas hasta del 22 por ciento, solo comparables con las más duras del Tour de Francia y el Giro de Italia, el respiro se encuentra en medio de una frondosa vegetación que invita al reposo y a la reflexión. A tomar aire y vida.


“Subir a La Catedral es lo mejor que le puede suceder a un ciclista. El ascenso tiene paisaje, excelente carretera, una bellísima vegetación y un clima estupendo”, ha destacado desde hace varios años el pedalista recreativo Luis Díez, quien encuentra su solaz en este territorio de la parte alta del municipio de Envigado que el año pasado terminó de asfaltar el tramo final de la cuidada vía por donde circulan por igual ruteros y ciclomontañistas.


Seguro que llegar allí es complicado, porque es menester meterle mucho pulmón a la trepada que cada kilómetro presenta avisos de cuánto falta y que te animan, además, a buscar las alturas donde está el monumento al ciclista, necesitado en su figura superior de una camiseta nueva que lo reivindique ante los ojos de la esforzada clientela.


“Los ciclistas llegan por tandas, especialmente los fines de semana. La gente disfruta mucho la subida que es muy dura”, cuenta Deiby Castro, quien realiza los oficios varios en la Fundación Fraternidad Santa Gertrudis la Magna, donde funciona un asilo y que tiene aledaño un bellísimo monasterio, desde el que se divisa el Valle de Aburrá. Hace pocos días, esta institución fue distinguida por el municipio de Envigado, en la categoría de Liderazgo Ciudadano y Comunitario, con el Envigadeño Ejemplar, en cabeza de su administrador, el hermano Elkin Ramiro Vélez García.


Y ese ciclista que está en todo lo alto del monumento, es como si vigilara la escalada de los corredores que se atreven a desafiar las alturas, sabedores que con cada pedalazo ganan en salud, y en el disfrute de conocer que tienen un sitio privilegiado, para poder abrazar la naturaleza en el techo de Envigado, donde hoy el ciclista cuenta con su homenaje para toda la vida. O sino que lo digan Luis Díez y sus valientes colegas de ruta.  
La oración del ciclista está en la base del monumento que hace dos años se levantó para honrar al pedalismo. Foto Jacqueline Laclé.

La oración del ciclista está en la base del monumento que hace dos años se levantó para honrar al pedalismo. Foto Jacqueline Laclé.

Estos son los terrenos aledaños a la Fundación Fraternidad Santa Gertrudis la Magna, que hoy funciona donde antes quedó lo que fuera La Catedral. Desde allí se divisa buena parte del Valle de Aburrá. Hoy es un lugar repleto de paz, con un clima envidiable. Foto Jacqueline Laclé.

Estos son los terrenos aledaños a la Fundación Fraternidad Santa Gertrudis la Magna, que hoy funciona donde antes quedó lo que fuera La Catedral. Desde allí se divisa buena parte del Valle de Aburrá. Hoy es un lugar repleto de paz, con un clima envidiable. Foto Jacqueline Laclé.

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