Capsulas de Carreño

La Copa apacharrada.

Estas determinaciones dan lugar al descontento general de la hinchada, que exige echar reversa al tema de Gio, pero la palanca de cambio se atora y no funciona.

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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

 

 

 

*La copa 17, precedida de incertidumbres, la que se ganó a pulso nos la apacharraron.
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Esta copa, la número 17, por la que nadie daba un peso;  la que nos llegó como caída del cielo, porque para ser sensatos, no estaba en los planes de nadie, y nadie es nadie, se fue construyendo de forma artesanal, a punta de soplete y cincel  en cada partido de los cuadrangulares y de la gran final.

 

Nacional llegó a estas instancias huérfano de favoritismo (por fortuna) lejos de aquellas campañas fastuosas que lo daban como seguro campeón, gracias a su fútbol exuberante y contundente. Pero esta vez, al contrario, llegó con un fútbol plagado de dudas, a veces rico en ataque, pero casi siempre limosnero en defensa, con un camerino complicado, y para ajustar, con técnico “nuevo”, así fuera de la casa verde, pero que no pasaba del solar, en donde jugaba con sus muchachos de divisiones inferiores.

 

El Arriero asumió las riendas, y lo primero que hizo fue organizar la casa e infundirle calor de hogar. Tomó de cada jugador lo mejor, posesionó a algunos en el sillón que les correspondía y de aquí no se me mueve. Logró que le trajeran un experto en lo humano y lo divino, para que sacudiera los jugadores y les esculcara los bolsillos del cerebro. Solo le faltó cambiar en la música que sintonizan en el bus, la salsa por boleros.

 

Nacional quedó en el grupo de la muerte, al lado de los encopetados Junior y Millonarios, más el Bucaramanga, el sardino de la barra. Jugadores y cuerpo técnico hicieron de cada partido 90 minutos de taquicardia. Para no desentonar hubo malos primeros tiempos y mejores segundos, gestas en defensa como las de Mier y Olivera, Cabal como buena sorpresa, a veces se perdieron los papeles, pero se supo recomponer sobre la marcha, apareció el portento de Sebastián, reapareció Guzmán, llegaron goles de todos los estratos, todo fue sudor y lucha, hasta con los arbitrajes, los señores del VAR  y de la comisión de disciplina.

 

En el cuadrangular Nacional hizo 12 puntos, producto de 3 partidos ganados y 3 empatados, ninguno perdido. Eliminó al costoso Junior que venía empujando desde atrás, y a Millonarios, que era, y todavía sigue siendo para algunos “endiosados”, el gran favorito; no tuvo piedad con el Bucaramanga.

 

Y llegó la gran final contra el Tolima, el elegido, el designado, el de siempre en los últimos torneos. En el partido de ida en el Atanasio, euforia total. De comenzar perdiendo, se terminó ganando por 3 a 1, con goles de marca registrada. Tolima se resiente y demanda el partido por mala inscripción de Gio, demanda que va a parar al cesto de la basura.

 

Para el partido de vuelta, con puros pijaos en la tribuna, un puñado de hinchas verdes camuflados y un árbitro más peligroso que hiena con dolor de muela, Tolima aprovecha las ventajas que da Nacional y se va arriba en el marcador con dos goles. Mier evita el tercero y propicia la expulsión de Cataño, para inclinar las acciones a favor de Nacional. Todo apuntaba para los cobros desde el punto penal, pero llega el minuto 91, Nacional arma la “Zubeldiana” con Guzmán que cobra, Olivera que peina y Jarlan que la mete; gol de copa señores, copa que se disfruta en tierra ajena, con una ceremonia enmarcada en la malacara del presidente de la Dimayor, que quería ver a su Millonarios en la tarima, y alentados por el puñado de hinchas verdes,  despojados del camuflado. Con el regreso del equipo en la madrugada, se sintió el sabor paisa, el calor de Medellín, el amarguito del aguardiente y el ole y ole mi Nacional.

 

Desde aquel 26 de junio todo transcurría normal, cada quien haciéndole la digestión a su manera a la nueva copa. Pero aparecen en el escenario la salida, muy a nuestro pesar, de Felipe Aguilar, la de Perlaza, muy bien ido, y posiblemente la de Quintana, lo mejor para él. Se anuncia la llegada, por pedido de Herrera, de otro amigo de la casa como Pedro Sarmiento, para poner reja y candado en la defensa.

 

La dirigencia también hace su nefasta y escasa aparición para decir cero contrataciones y para oficializar la no renovación del contrato de Gio. Para disimular, anuncia el nombramiento de Herrera como técnico en propiedad. Pero ojo que no estamos libres de que nos salgan con otra perla, como puede ser la venta de dos o tres jugadores importantes.

 

Estas determinaciones, dan lugar al descontento general de la hinchada, que exige echar reversa al tema de Gio, pero la palanca de cambio se atora y no funciona

. Se programa una rueda de prensa, en la que el señor presidente nos hace recordar a Cantinflas en su genial película “Su Excelencia”. Ni el señor que vende mangos en la esquina quedó convencido de las explicaciones.

 

Así las cosas, la copa 17, precedida de incertidumbres, la que se ganó a pulso y pasando por encima de obstáculos habidos y por inventar, nos la apacharraron, y de qué forma, los mismos que viven en la casa verde, pero apoltronados en la sala.

 

“El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia, ganan campeonatos”.  Michael Jordan.
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Un comentario

  1. Saùl Restrepo

    10 julio, 2022 at 11:11 am

    ADEMÁS SÚMELE LO DE HOY…

    Toda la semana estuvieron publicando sendos vídeos de los entrenamientos, en el gym. Ese mismo por lo que sacrificaron todo en 2017. Y mostraban rutinas y ejercicios que ni un astronauta los hace. En fin, pura chicanería pues…

    Luego y a la par, una campaña de expectativa de una intensidad que ya eran empalagosos con eso: Que la presentación de la 17, que las boletas, que la tiende verde, que el campeón, que todos a ovacionar a los ‘héroes’, etc.

    Ayer publican con la misma rimbombancia la nómina para hoy. Y resulta que el mayor tiene 14 y aun no le ha cambiado la vos. A estos jugadores la mamá los llevará y recogerá al final del partido y para poder jugar llevarán una autorización firmada por su acudiente y tienen que llevar su refrigerio e hidratación. Y el candado con los 2 mil del locker para guardar sus motetes.

    Es que definitivamente los directivos de Nacional se dan es garra.

    Y como todo ahora es susceptible de división, ya hay dos bandos, los a favor y contra: Que joden por todo, que no les gusta nada, que bueno ver a los pelaos del kinder, que pongan al muchachito que hizo el otro gol de media cancha y ver si lo conocemos, que salgan con hambre a comerse la cancha.

    Estos últimos en negación, parece que aun no visto la declaración de Gio a Los del Sur. Allí él resume como es Nacional al interior de su dirigencia.

    Bueno, al fin y al cabo una afición es pasional, y de esa emoción se aprovechan, hagan lo que hagan con el Verde, uno seguirá siendo hincha…
    Saúl Restrepo

    Hincha de Nacional
    Bogotá

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