Capsulas de Carreño

La culpa no es solo de Bacca. Por Javier Castell López (El Heraldo).

Javier Castell
Por Javier Castell López,
El Heraldo

*Colombia, en definitiva, no está siendo un equipo claro en su búsqueda, no está jugando bien, más allá de los resultados que la tienen, hasta hoy, clasificada.

 

En el fútbol, existen nombres de delanteros que su principal virtud fue la de convertir muchos goles: Batistuta, Palermo, Valenciano, para mencionar algunos. Goleadores, artilleros, se les denominó. Se les calificó de acuerdo a si anotaban o no. Si convertían, jugaban bien, si no lo hacían, jugaban mal. Goleadores que hicieron de su gran virtud la medida del juzgamiento colectivo.

El gol era su fe y su juez. En un juego colectivo como el fútbol, se individualizó con mucho más énfasis que cualquier otra función la del goleador y la del portero:  desde siempre se premia al arquero menos vencido y al champion goleador.

Carlos Bacca pertenece a ese clan. Su nombre está asociado al gol. Cuando indagamos por el resultado del Milán y nos responden que ganó 3 a 1, inmediatamente repreguntamos cuántos goles hizo Bacca, no cómo jugó Bacca. Y es porque el silogismo es: si ha convertido goles, ha jugado bien.

A la mayoría no le interesa demasiado, casi nada, si cumplió algunas otras tareas. Loas cuando anota, censura cuando no. Hay al menos dos responsables para ese karma de Bacca, como el de la mayoría de goleadores de ese estilo: el propio Carlos Bacca que fue 2 veces goleador en el fútbol colombiano y ya convirtió 100 goles en sus 4 temporadas en Europa; y la incapacidad o el desinterés de analizar cuáles son las condiciones que favorecen o no al goleador.

Es innegable que, en los últimos cuatro partidos de la Selección Colombia, Bacca ha jugado mal, pero solo contra Venezuela fue totalmente su culpa. Ese día se vio de cara al gol varias veces y una inoportuna torpeza lo expuso al escarnio, incluido un penal fallido.

En los tres siguientes, su discreto andar en la cancha se vio acentuado por un menguado funcionamiento ofensivo de la Selección; por la inferioridad ante Brasil, por el planteo troglodita frente a los paraguayos (así y todo participó en el gol de Cardona), y por la impotencia contra Uruguay.

En estos partidos sus compañeros no lograron exprimir el talento goleador del 9 de Puerto Colombia, porque casi siempre lo conectaron en condiciones poco convenientes; de espaldas, con la marca encima y sin compañía cercana para apoyarse. Porque no le desbordaron por los costados, porque no le dieron balones al espacio para su diagonal, porque no lo rodearon, porque el exceso de algunos no lo favorece a él y porque Colombia, en definitiva, no está siendo un equipo claro en su búsqueda, no está jugando bien, más allá de los resultados que la tienen, hasta hoy, clasificada.

El gol del goleador muchas veces ayuda a disimular fisuras colectivas. La cohesión grupal muchas veces ayuda a disimular desmañas del goleador. Por estos días, en Colombia, ni uno ni otra se colaboran demasiado. Porque Bacca juega mal y la Selección también.

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