Capsulas de Carreño

La dimisión mayor del fútbol colombiano.

Por José Acosta Bedoya.

 

 

*La visión que debe adoptarse y adaptarse para “desarrollar y construir una marca internacional».
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Del 2015 al 2022, la Dimayor ha tenido cuatro presidentes y se avecina, a partir del 30 de noviembre de este año a su quinto presidente.

La pregunta que surge a este respecto en todos los mentideros deportivos es: ¿qué pasa con quienes dirigen el fútbol profesional de nuestro país?

Y la respuesta será siempre la misma: el fútbol nuestro siempre ha estado en crisis permanente. Crisis económica, crisis de técnicos, crisis de gestión directiva y crisis de no tener un buen producto llamado fútbol, el ingrediente más importante de todo este entramado.

La intervención del estado para conjurar las crisis anteriores al año 1995 con la ley 181, a partir de la conversión de clubes, corporaciones y asociaciones en sociedades anónimas por acciones simplificadas y reforzada con la ley 1445 de 2011 para la conversión total, no modificó en nada el estado crítico que sigue deteriorando las entidades del fútbol en nuestro país, llámense Dimayor o equipos de fútbol como aún los denominamos.

Los resultados los tenemos al alcance y podemos constatarlos en los informes económicos de los clubes de la superintendencia de sociedades y en los constantes cambios de directivos y técnicos que se presentan en estas “viejas/nuevas empresas” y en especial en la entidad que los agrupa. Se cambió el vestido exterior, pero se continuó con los mismos interiores. Es decir, se modificó el tipo de sociedad, pero se siguió manejando la entidad como un equipo. No hubo ninguna transformación de las estructuras administrativas y de gestión y no se dio ninguna preparación de directivos para generar las transformaciones requeridas para las nuevas épocas. “Si buscas resultados distintos; no hagas siempre lo mismo”. A. Einstein.

Con la Dimayor viene ocurriendo lo mismo hace ya muchos años y si bien en algunas épocas se han obtenido resultados halagüeños, la gestión llevada a cabo a ahondado aún más la crisis, pues está compuesta por 36 “equipos” que se han mantenido en crisis siempre.

Miremos no más la visión de la entidad y podremos deducir que sigue atrapada en un modelo de gestión anacrónico que no corresponde a los nuevos tiempos:

“Administrar y organizar los campeonatos del fútbol profesional colombiano”. Una visión corto placista y de poco alcance con énfasis en resultados económicos para la obtención de resultados deportivos. Ni lo uno, ni lo otro.

Desde mi posición y experiencia como consultor deportivo y conocedor del fútbol y su gestión, he venido desarrollando y presentando proyectos encaminados a buscar eficiencias y competitividad a partir de resultados deportivos como base de resultados económicos bajo la trasformación e innovación de las áreas y del producto fútbol y los he hecho llegar a la presidencia actual sin que dichos proyectos hayan podido trascender, pero con la convicción de que son los procesos que requieren las entidades para su desarrollo y permanencia en el largo plazo en el sector del entretenimiento, específicamente el fútbol.

La visión que debe adoptarse y adaptarse sería entonces: “Desarrollar y fomentar eficientemente el fútbol colombiano para construir una marca internacional”. Como diría Antoine de Saint- Exupery: “lo esencial es invisible a los ojos”. Sigo insistiendo en ser escuchado.
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