Capsulas de Carreño

La fe del Diablo (Luis Enrique Delgado, Acord Valle)

Luis Enrique DelgadoPor Luis Enrique Delgado,
Periodista Acord-Valle

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*América no se merece la vida que ha llevado en los últimos cuatro años.
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Confieso que desde que Alberto Suárez regresó a la dirección técnica del América no he visto jugar al equipo rojo de la capital vallecaucana. Por ello no puedo referirme a su comportamiento técnico-táctico, ni al rendimiento individual del grupo de jugadores.

No obstante, ello no me impide expresar abiertamente mis deseos para que el cuadro escarlata logre rubricar una buena campaña en las instancias definitivas, o cuadrangular; para alegrarme por lo que viene haciendo, además porque se lo que significa para la ciudad de Cali y para su caudal de aficionados un cierre de temporada exitoso.

El América ha vivido de un tiempo para acá etapas muy difíciles en lo económico, por motivos ampliamente conocidos en los que, viéndolo bien, no debería estar inmersa una institución deportiva de tanto arraigo en el sentimiento caleño.

Porque, quiérase aceptar o no, es el aficionado el que más sufre las consecuencias de la crisis de su equipo de fútbol, por las frustraciones y, también, porque le mortifican los éxitos del vecino.

 


Con todo esfuerzo

América, hay que decirlo, no lleva una vida normal. Sus afugias son permanentes, los dolores de cabeza no hallan sedante y sus directivos, siempre empeñados en encontrar lo mejor para la institución, no tienen sosiego, y podría decirse que tampoco maneras de superar los males, pese a su porfiada resistencia para la lucha.

Eso nos consta a todos. Y nos duele, porque es una queridísima institución, porque sus seguidores en su mayoría son gente humilde que pega ese sentimiento a una ilusión cada vez más complicada, como la vivida desde hace cuatro años cuando recibió el porrazo de irse a la «B».

La situación que ha vivido el equipo escarlata, muchas veces incomprendida y hasta criticada por el absoluto desconocimiento de las cosas, no la merece un equipo de fútbol que semana a semana se convierte en una devoción para sus seguidores y en una de las pocas distracciones de un amplísimo conglomerado.

Los «quijotes» – perdonen la expresión- que hoy regentan al América llevan simultáneamente una cotidianidad con sobresaltos, llena de preocupaciones por querer hacer mucho y no encontrar las fórmulas. Eso lo sabemos quienes entendemos la situación del equipo escarlata.

América, no me cansaré de repetirlo, no se merece la vida que ha llevado en los últimos cuatro años.

Buenos directivos
Pero alguna cosa positiva tenía que saltar a la búsqueda de su regreso a la gloria. La llegada de Oreste Sangiovanni a la presidencia de la institución y los compañeros que se unieron a la lucha, porque han realizado un trabajo, aún no reconocido lo suficiente, pero lleno de méritos, que ojalá los lleve al objetivo.

Porque no hay duda de que conformaron una buena nómina, la que muchos quisieran, con nombres como Ayron del Valle (goleador del torneo), «Peto» Rodríguez, Carlos Bejarano, Ernesto «El Tecla» Farías, Néider Morantes, Steven Tapiero, Aníbal Hernández, Yesus Cabrera, Láineker Zafra, Rodrigo Canosa y el juvenil  Yéison Lucumí, entre otros que, por ahora, han llevado al equipo a la última instancia de la lucha por el regreso a la «A».

Por todo eso, entonces, siento alegría con sus éxitos, fruto de las más desveladas luchas y, por lo mismo, deseo a su técnico Alberto Suárez la mejor suerte posible. Que bien se la merece, igualmente, porque está matriculado con la causa, con el sentimiento y también con el dolor que ha arrastrado la situación del América.

Mis afectos por un equipo de fútbol están lejos de esta tierra nuestra. Diría, como muchas veces lo he expresado, que ni me va ni me viene acá, futbolísticamente hablando. Pero, eso sí, soy consciente de lo que ha sido el América, guardo un profundo respeto por su historia y por su gente. Y hoy, cuando en medio de tanta incredulidad, le veo en las puertas del éxito, la verdad que me complace.

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