Capsulas de Carreño

La palabra de Bartomeu. Por Xavi Torres, Diario Sport

 

Por Xavi Torres, Diario Sport.

* Hasta que Messi hable. Ese día quizás tiemblen los cimientos del Camp Nou.

Que Leo Messi no quiere seguir en el Barcelona es tan evidente como que su salida es ciertamente complicada. Más allá del vacío ocasionado por cuestiones sentimentales, nadie entendería un adiós que no dejara dinero en caja a pesar de que Josep Maria Bartomeu le haya prometido muchas veces lo contrario. Y éste es el problema: la palabra del presidente.

Al mandamás del F. C. Barcelona -esa entidad de 121 años de historia que hace muy poco era la referencia mundial- le duele tanto la barriga que no puede hablar con su capitán. Su palabra vale tan poco que el mejor jugador de la historia ha decidido no escucharla.

Tras el 2-8 de Lisboa, tras la crisis monumental que según Bartomeu es deportiva pero para el resto del universo es institucional, el presidente no ha hablado con Messi. Tras conocer que la idea del argentino es salir del club no ha usado el teléfono para convocarlo en su despacho y solucionar el problema sino para llamar a su padre, don Jorge, para explicarle que Koeman es un fenómeno y que el proyecto de futuro va a ser maravilloso. A su padre. A él, no. Con el 10 no se atreve. No le coge el teléfono. ¿Es esto normal?

Han pasado once días de la humillación del Bayern y solo hay un culpable, Quique Setién, curiosamente, el último en llegar. La otra víctima, Eric Abidal, se fue solito avergonzado por lo sucedido y acusando a sus jefes. Y como la crisis es deportiva y Koeman es el entrenador, a partir de ahora, que lo arregle él.

Contaba este fin de semana Joanjo Pallás en La Vanguardia que Bartomeu le había dicho a Ronald Koeman que no quería saber el contenido de la conversación que había mantenido con Messi. ¿El presidente no quiere saber lo que piensa Leo? Messi cree que ha llegado el momento de marcharse, ¿y de verdad Bartomeu no quiere conocer lo que le ha dicho a su nuevo técnico?

Una vez más, sin embargo, no pasa nada. El rodillo ha comenzado a moverse y ya se sabe que acostumbra a ser implacable. Del primer capítulo del manual nuñista: el jugador es señalado al mismo tiempo que el presidente se hace invisible.

El culpable es el que quiere irse y no el que ha provocado la salida. Como si cambiar de ciudad, club y costumbres no fuera un inconveniente para alguien que es el capitán del equipo y la mayor leyenda en la historia de la entidad y, además, que tiene a sus hijos felizmente arraigados en Cataluña.

Si el futbolista se queda en el Barcelona, la resistencia del presidente habrá sido un éxito; si se va, la capacidad de Koeman para convercerlo habrá fracasado. Y Bartomeu, una vez más, limpio de polvo y paja… Hasta que Messi hable. Ese día quizás tiemblen los cimientos del Camp Nou.

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