Capsulas de Carreño

Ladran, Sancho, señal que no gustamos. Por Jorge Iván Londoño Maya

Por Jorge Iván Londoño Maya

 

*“Hablar de fútbol con los aconteceres arbitrales de hoy, y hablar de fútbol con el campo, ¿Qué por cierto, qué le pasa al Campín?”

Con esta introducción comenzó la rueda de prensa  el técnico Lillo, al término del horror…oso partido de Nacional frente a Tigres. La introducción correcta debió haber sido: Hablar de fútbol con los aconteceres del cuerpo técnico, y hablar de fútbol con el mal comportamiento de los jugadores ¿Qué por cierto, qué le pasa a Nacional?

 

Para los jugadores y cuerpo técnico de Tigres el árbitro y la cancha no existieron, pero si su buen accionar, su bien aplicada táctica y las ganas de hacer las cosas bien. El equipo que con anticipación se ganó el derecho de descender a la B, se despidió de pico y abrazo del vigente campeón de la Copa Libertadores y de la liga Colombiana, y de pasó un sonoro ¡Ahí les dejamos!

 

Para el Nacional de hoy ya no hay equipos chiquitos ni grandecitos, todos se le volvieron un agudo dolor de cabeza, gracias a su lentitud, a su defensa tres…cuartos, a su sistema de con…tensión, a su creación huérfana de musa y a una delantera a la que le cortaron los servicios. Menos mal tenemos a Armani y Aguilar, pero dos contra once es un infanticidio.

 

Nacional no encuentra la forma de romper el esquema del equipo contrario, de ahí que se tenga que contentar con jugar “el bobito” en su propio campo; en cambio, los equipos contrarios pasan por los predios  nacionalistas como corrupto para el banco.

A bueno conocer el pensamiento funda de almohada de Víctor Marulanda,  curtido en el ramo, sobre el papel de su técnico, y el juego desplegado por su “empresa”. Qué pensará  el Presidente Botero de la “conquista española” porque de fútbol, pocón.

 

Dice el técnico Lillo que nos agarramos de las mechas (no sé si me entenderá) porque se pierde un partido; ni de fundas, es la espinita que traemos desde que Patriotas (puesto 15 a la fecha) nos eliminó de la Copa Colombia, sin bombos ni platillos. Es la carencia de contundencia,  de picante, de solvencia, de estilo y de jerarquía. Ah, y súmele su terquedad en la confección de la nómina, en la posición trocada de algunos jugadores, en la parsimonia para hacer los cambios, en la contratación de Elustondo (los tenemos mejores, así no sepan pronunciar la zeta).

 

Ladran Sancho, señal que no gustamos.

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