
Por Luis David Obando..

* Como jugó Nacional el último año y medio, ¿cómo y para qué clasificar?.
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No hay que ser el alumno más aventajado de Aristóteles y Platón para inferir que cuando las cosas se hacen mal, no tienen por qué terminar bien. Por eso es hasta raro que la gente se extrañe de la eliminación del Atlético Nacional de las series finales de la Liga 2018-2, en un año en que los verdes nunca dieron pie con bola.
Otra perla aplicable de sabiduría popular: lo que mal comienza, mal termina. Y el comienzo de los errores no está solo en 2018, cuando Nacional no alcanzó a jugar tres partidos buenos (¡y eso!). Habría que remontarse a mediados del año anterior, cuando de la manera menos elegante posible dejaron ir a uno de los mejores directores técnicos de su historia, Reinaldo Rueda.
De ahí en adelante, no es sino mirar: el remplazo fue Juan Manuel Lillo, un excelente conversador de fútbol que en el banco nada había logrado, ni lo logró después. La sonada contratación de Almirón, que trajo una corte de jugadores que ahora son encarte en la nómina y que nunca le encontró la vuelta al equipo, perdiendo incluso la memoria táctica que era herencia de Rueda y Juan Carlos Osorio.
Se puede seguir con la llegada de Lenis, Rivas y Torres, cuyos salarios en nada compensan su productividad. El reintegro del Indio Ramírez, cuyo talento sigue oculto bajo su personalidad. El ingreso de Duarte, todavía inmaduro para ser verde…
Y aunque puedan desear lapidarme por escribirlo, debo hacerlo: también fue un error contratar a Dayro Moreno, no solo por tratarse de un jugador cuyas características personales no corresponden al perfil tradicional de quienes visten la camiseta del club, sino porque sus goles generaron emociones que solo enmascararon el mal que venía corroyendo al equipo desde las entrañas de su manejo directivo.
Al final, ni Dayro contribuía. De hecho, lo hacía, pero a dañar el ambiente interno, lo único que faltaba. Y, oh paradoja, con su partida terminó ganando, pues ahora tendrá para sus adentros que si Nacional no clasificó fue porque hicieron faltas los goles que el ya tampoco anotaba.
En fin, que una cadena de desaciertos mal podría terminar en un final feliz. Más bien fue una ratificación de la más fina lógica: eliminados por el equipo hace rato descendido a la B, el que no le ganaba a nadie. Pues bien, se le pudo empatar en la agonía por 2-2, sello lapidario ante una hinchada propia en estadio ajeno, para rematar así el año en forma correspondiente a sus ejecutorias futbolísticas de la temporada.
Conclusión: el juego ante Leones no fue el que eliminó a Nacional, fue cada juego en el que no se encontró en la cancha, en el que embolató el fútbol y fue evidente que se desvanecieron las ganas. Así, ¿cómo y para qué clasificar?





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