Por Luis Felipe Gómez Isaza. –
Columnista Cápsulas. –

Las finales no se juegan, se ganan, se pelean. Eso se dice desde hace muchos años en el argot futbolero y con ese paradigma iba la selección suramericana a enfrentar a la española que desde que le dio por jugar y encontrarse con su futbol, derribó esa frase de cajón.
Argentina se presentó con sus armas, garra, marca fuerte, pelota a Messi, pase al vacío y efectividad. España venía jugando en grupo, solo le habían marcado en una sola ocasión y le apostó a la colectividad y a la posesión de la pelota como herramienta fundamental y de convicción.
Así y todo, con esa diferencia, le apostamos a los del Río de la Plata, pues me embargaba el sentimiento y también la esperanza de que Lio estuviera en su día, como bien lo venía haciendo, hecho que daba para pensar en que el título quedaría a este lado del mundo.
Al finalizar el primer tiempo, el partido no permitía figurar otra cosa diferente a que el cero mandaría en el resultado. Argentina, sin acercarse al pórtico español, tenía en Emiliano Martínez el bastión principal e inquebrantable que mantenía valla y resultado en suspenso.
Para el segundo tiempo las cosas no cambiaron, el Dibu Martínez se convertía en la figura y sacaba balones de rincones impensados, España seguía con el balón en los pies sin prestárselo a los albicelestes y perseverantemente remataba a puerta. En un pasaje del juego, contablemente llegó a tener el sesenta y siete por ciento de posesión y veinte remates a puerta por cero de Argentina, Messi no hallaba qué hacer, pues el marcaje y la presión española lo dejaron como un espectador que solamente miraba el partido y donde veía jugar a los españoles.

@sefutbol, encabezan la delegación procedente de EEUU. Foto @rfef
El arquero ibérico le hacía compañía y ocasionalmente se prestaba para reiniciar el juego. La expulsión de Enzo Fernández empeoró el escenario para los sudamericanos, entonces Scaloni decidió jugársela por el arquero que sacaba de todo y que posiblemente se luciría en los penales, así que ingresó otro defensa más, recordando la gestión del entrenador de Inglaterra, y dejó a Messi en el campo a pesar de su intrascendencia.
A escasos 12 minutos de concluir el juego, Ferran Torres reventó el arco que parecía imbatible y comenzó un paseíllo triunfal con triangulaciones y ole incluido. Al final fue un resultado justo, se dio el título para quien más perseveró y luchó, para quien respetó el juego, tocando, teniendo el balón y acercándose por bandas, por el centro y por el techo del área.
España fue un merecido campeón, Trump disfrutó entregando la copa y despidió una nueva versión que volverá en cuatro años cuando ajustara otra edición, en este caso centenaria. Que escancie el vino de la Rioja, las olivas y el manchego, que el pasodoble y las guitarras sean provechosos.
Salud, España, el mundo del futbol te saluda y honra porque, a pesar de muchas formas de obtener un triunfo, el respetar un estilo y ser perseverante en él, os trajo ventura.





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