Capsulas de Carreño

Los goles no se hacen a punta de sueños. Por Michelle Arias, Lima

Por Michelle Arias, Lima

 

*La ansiedad y la inexperiencia siempre se pagan. Ahora Perú tiene que rearmarse tácticamente, pero sobretodo en lo emocional.

Perú lleva 36 años soñando, alimentando la ilusión, imaginando que este día llegaría. Las eliminatorias terminaron entre la agonía de un capitán enredado en un escándalo de doping y un país alentando a morir a este grupo de muchachos que no se dejaban derrumbar por las vicisitudes.

Hoy por fin llegó el día en el que la Selección Peruana volvió a hacer parte de la cita más importante del mundo, hoy volvieron  a estar entre la élite del fútbol. El país se paralizó durante los 95 minutos más agónicos y los 30 millones de habitantes de este país no perdieron la ilusión en ninguno de los tramos del partido.

Por supuesto, no se puede negar que el corazón de los hinchas se fracturó con el remate equivocado de Cueva. Farfán salió al campo como un caballo desbocado, completamente ansioso y sin el sosiego que se necesitaba para poder actuar con mayor inteligencia dentro del área. Paolo por supuesto no fue titular, porque un técnico como Gareca no desconoce el esfuerzo de un grupo de muchachos que la sudó mientras su capitán resolvía sus asuntos; por eso se premió a aquellos que finalizaron las eliminatorias con gallardía y se postergó el ingreso de un delantero que, sin lugar a dudas, se necesitaba en la cancha.

Luego del gol de Dinamarca ya no se podía seguir rifando el futuro ya comprometido de la selección, y sin pensarlo se echó mano del recurso más esperado de Perú. Guerrero entró a la cancha a salvar lo insalvable. Muy cubierto, sin mayor campo de maniobra, con un cabezazo tibio que fácilmente cayó en manos del arquero y el taquito exquisito que simplemente no estaba destinado a entrar. Guerrero no brilló y Perú dejó el sinsabor de que no hubo claridad en el área; porque opciones hubo innumerables.

Sin lugar a dudas, Carrillo fue el jugador del partido. Un muchacho que mostró entrega, sacrificio, que peleó balones al fondo y adelante, que no se dejó intimidar por el tamaño de los daneses y que, sobretodo, dejo el alma en cada llegada al área. Fue el jugador que se echó encima al equipo y que desde lo colectivo y lo individual mostró la mayor claridad en el campo.

Pocos contaban con este resultado, la ilusión era tan grande que no había espacio para un mal presagio; pero la ansiedad y la inexperiencia siempre se pagan. Ahora Perú tiene que rearmarse tácticamente, pero sobretodo en lo emocional. Necesitan retomar la perspectiva, olvidar este mal trago y llenarse de madurez y tranquilidad para enfrentar como verdaderos guerreros lo que se viene. Comprometieron buena parte de su paso a la siguiente ronda, pero este país sueña, cree y tiene el corazón para reponerse y no perder ésta oportunidad histórica.

“Porque yo creo en ti, vamos, vamos Perú”
¡Arriba Perú, Carajo!

 

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