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Por Jorge Alberto Cadavid.
Columnista Cápsulas.

Equipo que en cada posición tiene un hombre convencido de su capacidad, de su tarea, de su obligación.
Equipo de figuras desde el primer hombre Vargas, hasta el extremo izquierdo Diaz.
Y con recambio porque cuando no es titular James con lujo de detalles lo reemplaza Quintero, o si Córdoba por tarjetas amarillas debe esperar, Durán es tan competente como el anterior.
Y si Lerma se lesiona, Portilla o Castaño o Uribe están disponibles.
Ante la garra Uruguaya, Colombia ganó los duelos que se pactaron, nunca se amilanó y nunca dejó de atacar.
Durán tuvo la primera opción clara y cuando los charrúas llegaron Vargas fue inmenso.
El éxtasis llegó cuando la opción del tiro libre se da, el indicado Quintero asume y con su marca personal, su malicia acomodando en la mejor posición el balón, lo lleva al fondo de la red.
Los Uruguyos sorprendidos redoblan la intención ofensiva, pero los Colombianos conservan la compostura y controlan la ofensiva local.
Lo esperado, la garra azul se montó en el inicio de la complementaria, todo estaba controlado.
Llegaron tres minutos fatales, se nubló Colombia, a los 57 minutos una pelota sin peligro, rozó a Muñoz y Sánchez inexplicable la mete en su propio arco.
A los 60 Muñoz resbala y le da libertad a Aguirre para disparar y vencer a Vargas.
Colombia de lujoso primer tiempo perdió los papeles en el segundo y así el partido.
Colombia cambió, ingresó James, Borré y debutó Gómez en la Eliminatoria, Uruguay controló a Díaz con marca personal y cortó todas las posibilidades ofensivas, el bloque bajo cortaba toda posibilidad.
La última opción ingresó Mina, buscando el cabezazo, pero lo que llegó fue el entrevero, las agallas de Colombia, en el área Gómez anota, un inesperado empate.
La maldición, lo atípico, lo imposible, no defendimos la última jugada y llega el tercero.
Todos fueron momentos malditos, estuvimos en la gloria y terminamos en el abismo.




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