Capsulas de Carreño

Lucho, la Vuelta y el cambio climático. Por Pablo Arbeláez Restrepo

Luis Alberto Herrera, vestido de amarillo como líder de la Vuelta a España de 1987. Campeón de la montaña y ganador de Lagos de Covadonga. Foto cortesía.

Luis Alberto Herrera, vestido de amarillo como líder de la Vuelta a España de 1987. Campeón de la montaña y ganador de Lagos de Covadonga. Foto cortesía.

 

Por Pablo Arbeláez Restrepo
Pablo Arbelaez

A mitad de Vuelta, hasta los corredores españoles decían: “¿colombianos, a cuántos vais a mandar hoy a casa?”.

Esa ronda española de 1987 que ganó Lucho Herrera luciendo los colores de Café de Colombia y el dorsal 111, fue la resultante de una extraña confabulación del destino.


Todo se inició con el clima. Se esperaba que la Vuelta fuera fría, casi que gélida porque se disputaba entre finales de abril y mediados del mes de mayo. Pero el sol en la caravana llegó a ser radiante en determinados pasajes. ¿Serían estos los albores del cambio climático que afronta el aporreado planeta?

Se creía que cuando se tocara territorios de Castilla-La Mancha (en cercanías de Albacete, tierra de Óscar Sevilla, reciente ganador de la Vuelta a Colombia), los vientos de costado serían una dura fatalidad para los “colombianitos”. Pero nada de vientos de costado y sí de cola, para que no hubiera espacio a las angustias criollas.

Otro detalle que no se puede pasar por alto, fue el abandono del irlandés Sean Kelly (KAS), al que llamaban el terror de primavera, quien a poco del final, tras la contrarreloj individual de Valladolid, tuvo que dejar la competencia estando vestido de líder –en ese entonces portando la camiseta amarilla-, debido a una forunculosis en el periné, decían unos, o por una dolencia de hemorroides, comentaban otros. Vaya uno a saber…

Y a todo esto agréguele el hecho de dejar hasta 12 corredores por fuera del límite de competencia en algunas de las más exigentes etapas de alta montaña, como sucedería en Andorra y Cerler, y en el asalto a los Lagos de Covadonga –el 4 de mayo-, donde ganó Herrera vestido de rojo, para ponerse la camiseta pintada de sol que tenía el alemán Reimund Dietzen (Teka).

Alineación de los astros dirán algunos. Pero esa sucesión de hechos motivó a que Colombia tuviera una actuación memorable, al punto de ganar la prueba, además de la montaña, con un inconmensurable Lucho Herrera –venía de perder en la Vuelta a Colombia de ese año ante Pablo Wilches Tumbia en una cronoescalada de infarto que terminó en Manizales- y el éxito del Ryalcao Postobón, al triunfar por equipos, además de cuatro éxitos en etapas con Lucho Herrera, Carlos Emiro Gutiérrez, Omar el Zorro Hernández y Pacho Rodríguez.

Tiempos de gloria, de festivales colombianos en las carreteras europeas, esos que se cuecen como sueños en esta edición 70 de la Vuelta a España que se inició al impaciente ritmo del bloqueador solar en las playas de Marbella, donde el ciclismo de técnica y precisión, como suele ser la contrarreloj por equipos, fue cambiado por el turismo televisivo en medio del sainete comercial –se quería la épica del sterrato playero- ganado por el reputado BMC, a una elevada media de 54,3 kilómetros por hora.

Colombia alimenta esperanzas, sobre todo en el pilar de Nairo Quintana, y doce escarabajos más, que la tendrán aún más complicada que Lucho Herrera y sus muchachos en la ronda del 87, cuando mandaban a casa sin miramientos a los no escaladores. No por el calor, no por el cambio climático, sino porque ahí estaban los temibles trepadores de aquellos viejos tiempos.

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