Capsulas de Carreño

Maradona: elogio musical de un talento irrepetible (I) (j.c.a.)

 

John Cardona Arteaga

Son numerosas las crónicas, entrevistas y producciones motivadas por el deceso de Diego Armando Maradona como figura mítica de alto significado para el fútbol, en correspondencia con la contradicción que representa su paso por el mundo terrenal, contrastando su gran éxito deportivo con las debilidades que se hicieron visibles en su comportamiento público y en el velo descubierto de su vida privada. La antinomia que representaron sus 60 años cumplidos, como personaje de la escena internacional, lo hacen el más visible de los deportistas argentinos, amado por muchos y cuestionado por otros. Su vida trascurrió entre el éxito del ídolo y los tropiezos del hombre. Sus comportamientos fuera de la cancha quizás no fueron el complemento ideal de un futbolista tan cerebral y explosivo.

Diego fue portador de la contradicción entre la ética y la estética. Sus acciones humanas cuestionadas, contrastan con la esencia de su juego y la belleza de sus jugadas que, en cierto modo, eran representaciones del arte del buen juego. Generalmente se acepta que lo ético y estético deben estar relacionados en el comportamiento de las personas, pero detrás de la evaluación del sujeto por los interesados, se encuentran posiciones de carácter mediático e ideológico que esconden fenómenos también reprochables. El problema surge cuando en su última definición de lo que es moral y artístico, surge la hipocresía, la doble vara para medir y, sobre todo, la manipulación mediática. El juicio sobre la moral de las personas resulta francamente subjetivo. Se pulveriza a Maradona por su adicción a las drogas, sin entender que se trataba de una enfermedad sujeta a tratamiento y en otro escenario se acepta a los corruptos, pederastas, ladrones de cuello blanco, políticos que socavan los recursos públicos y trasgresores del orden social. Diego fue valiente, aprovechando su imagen, su poder, logrados con la pelota en sintonía con sus seguidores, para confrontar las estructuras del poder en el fútbol nacional e internacional y eso tuvo su costo. Su locuacidad lo llevó a caer en la trampa que los medios le ofrecieron para convertirse en el salvador en un mundo del fútbol altamente contaminado. Puede decirse que siempre fue un niño grande que, por su inmadurez, asumió diversos riesgos que lo condenaron, como él mismo lo reconoció públicamente: “por más que uno se equivoque, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero… la pelota no se mancha”.

Lejos estamos en estas breves líneas de abordar temáticas de carácter religioso, político o del poder de las instituciones, asuntos complejos que requieren un abordaje de mayor calado, deseando siempre que exista la simetría en las valoraciones conductuales, escasa entre los comentaristas cotidianos. Por nuestra parte procuramos más bien dejar claro el horizonte de la persona, por lo menos un juicio del carácter de sus actos, reconociendo que en muchos aspectos se equivocó, para ocuparnos de su virtuosismo en el fútbol que iluminó a este deporte con sus genialidades ante propios y extraños. Prefiero en este punto recomendarles el texto de Eduardo Sacheri titulado “Me van a tener que disculpar”, dedicado a Diego.                                                         ( http://www.don-patadon.com/2014/10/me-van-tener-que-disculpar.html)

Sorprendió ver en el sepelio de Diego Maradona, frente a la Casa Rosada, ese cúmulo de camisetas de Boca, River, Independiente, Racing, San Lorenzo y otros clubes, todos juntos en el propósito único de reconocer la importancia de un hombre capaz de reunir y volver propios los intereses de muchos. La rivalidad que se conjuga a diario tuvo su interrupción en esos momentos luctuosos.  Maradona tiene un significado muy importante: él es la unidad del fútbol argentino, por encima de las divisas que se acompañen. En el caso de los equipos internacionales donde jugó, tiene la virtud de ser recordado como uno de sus ídolos más trascendentales.

Mirar en TV internacional los alrededores del estadio San Paolo con altares alusivos al ídolo que reconstruyó la historia del Nápoles, tiene un significado profundo para el fútbol. Nos enseña que este deporte es superior a las trivialidades y debilidades de los hombres. Con la muerte de Diego se empiezan a reflejar los conceptos alrededor “de lo bueno, lo malo y lo feo” de su existencia. En   esta crónica resaltamos lo que corresponde al fútbol maravilloso y no perdemos de vista las acciones que trasgredieron los derechos de sus semejantes, acudiendo por ejemplo a la violencia de género en los órdenes público y privado.

Justamente, sobre su trayectoria de talento irrepetible, de la que se seguirá hablando y escribiendo por mucho tiempo, haremos tres referencias, antes de hablar de la música, que le dedicaron a Diego Armando, en lo cual existe una especie de record mundial por la cantidad de manifestaciones culturales y artísticas que hicieron de su vida un verdadero suceso.

Sobre el ídolo, escribe Eduardo Galeano en su libro El fútbol a sol y sombra (pág. 5), sin mencionar a Maradona, a quien después le dedica un capítulo (págs. 232-235). No sobra decir que el escritor admiraba fervientemente a Diego.

“Y un buen día la diosa del viento besa el pie del hombre, el maltratado, el despreciado pie, y de ese beso nace el ídolo del fútbol. Nace en cuna de paja y choza de lata y viene al mundo abrazado a una pelota.

Desde que aprende a caminar, sabe jugar. En sus años tempranos alegra los potreros, juega que te juega en los andurriales de los suburbios hasta que cae la noche y ya no se ve la pelota, y en sus años mozos vuela y hace volar en los estadios. Sus artes malabares convocan multitudes, domingo tras domingo, de victoria en victoria, de ovación en ovación.

La pelota lo busca, lo reconoce, lo necesita. En el pecho de su pie, ella descansa y se hamaca. Él le saca lustre y la hace hablar, y en esa charla de dos conversan millones de mudos. Los nadies, los condenados a ser por siempre nadies, pueden sentirse álguienes por un rato, por obra y gracia de esos pases devueltos al toque, esas gambetas que dibujan zetas en el césped, esos golazos de taquito o de chilena: cuando juega él, el cuadro tiene doce jugadores.

– ¿Doce? ¡Quince tiene! ¡Veinte!

La pelota ríe, radiante, en el aire. Él la baja, la duerme, la piropea, la baila, y viendo esas cosas jamás vistas sus adoradores sienten piedad por sus nietos aún no nacidos, que no las verán…”.

Por su parte, nuestro amigo Jorge Barraza, brillante columnista y ponderado comentarista del deporte, escribió en La Razón una cálida nota sobre Maradona, al día siguiente de su muerte, bajo el título “Se fue Diego, el jugador del pueblo”. Tomamos de su crónica varios párrafos que sintetizan ese carácter dual de Diego Armando.

“Como jugador tuvo todo lo que se puede esperar de un supercrack: clase, valentía, magia, talento, espíritu ganador, rebeldía. Europa se rindió a su estilo fue auténticamente sudamericano. Como personaje ha sido cinematográfico, inigualable. Es uno de los fenómenos más notables que ha dado el deporte universal.

Luego vinieron el Barcelona, los mundiales, el Napoli, la gloria total, la leyenda, los honores, los excesos, las peleas, los desplantes… Vivió varias vidas, hizo y dijo todo lo que quiso sin importarle las consecuencias. Ganó fortunas, se las gastó, volvió a ganar. Tuvo infinidad de mujeres y muchos hijos regados por ahí. El límite de todo era él mismo. La única que lo mandó fue su madre. Don Diego si acaso le ganaba por bonachón. Imponía la ley en cada vestuario. Estuvo por encima de cada presidente de la Nación, insultó a la FIFA, a todos los poderes. No esperaba agradar, cautivó con su fútbol. Y no se apartó nunca de su clase. Para lo bueno y para lo malo, no existe nada más argentino que Diego Maradona. Él era la bandera, la camiseta, lo que había para hacerle frente, al contrario. Por eso lo amaron.

“¡Qué suerte haber sido contemporáneos de Diego…! Haber visto su arte, su obra completa, la zurda creativa y demoledora. Ha sido el futbolista con más épica de la historia, el que cuando le llegaba la pelota uno pensaba que podía hacer cualquier cosa, así tuviera diez adelante”.

https://www.la-razon.com/voces/2020/11/27/se-fue-diego-el-jugador-del-pueblo/

En tercer lugar, compartimos un escrito enviado para este espacio por nuestro gran amigo Eduardo Rubén Bernal, colaborador de Cápsulas, tanguero por excelencia y quien ocupara un lugar importante en el Comité Directivo de San Lorenzo de Almagro en años pasados. Ahí va la misiva y el texto en su integridad:

“Hola John. Un triste día. Hoy Diego Armando Maradona salió de la cancha por un túnel sin regreso y me trajo a la memoria un textito que escribí hace como 20 años para una publicación que no recuerdo, con motivo del retiro del “10” de la práctica activa del fútbol”.

“¡¡MARADOO, MARADOO!!

Por Eduardo Rubén Bernal

Eran las 19 hs del sábado 10 de noviembre cuando el más grande jugador del mundo y de la historia abandonaba, quizás por última vez, la esmeralda gramilla de un estadio de fútbol.

Alguna vez escribimos que el fútbol y el tango son dos pasiones que corren paralelas, cosa que no es de extrañar dado el fuerte contenido popular que ambas atesoran y solamente, según creo, lo fuertemente popular puede generar ídolos. Se podrá preguntar si está bien, si corresponde en algunos casos, pero nadie maneja la realidad, y la realidad muestra que los pueblos no eligen a sus ídolos y mucho menos los juzgan o les ponen condiciones. Surgen y los aceptan.

¿Cuál será el misterio? ¿Dónde estará la explicación? Seguramente en la dimensión de su arte. Porque ¿qué otra cosa fue siempre su juego que una sucesión de obras de arte, que nacían y morían en un instante siempre repetido y siempre distinto? Fue un iluminado, un creador genial capaz de embellecer un juego que, bello por naturaleza, lo fue más a la luz de su magia.

El fervor de un pueblo que, muy golpeado por otras causas, del mejor modo, con su presencia que fue como un interminable abrazo, le gritó su agradecimiento.

Fueron 25 años de creaciones que culminaban. Fue la tarde de un hombre agradecido que, con lágrimas y palabras, quebrado por la emoción, confesaba:

“No culpen al fútbol,

yo me equivoqué y pagué,

la pelota no se mancha…”

Me suena a un poema de vida. Podrían ser los versos de la letra de un tango que no se escribió …. TODAVÍA.        

Buenos Aires 11 de noviembre de 2001”.

(Continuará)

 John Cardona Arteaga -Profesor Universidad de Antioquia
Expresidente Deportivo Independiente Medellín
Medellín, diciembre de 2020.

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Un comentario

  1. José María Otero

    4 diciembre, 2020 at 2:54 pm

    *Por crónica de «Maradona elogio musical de un talento irrefutable»
    Muy bueno todo. Especialmente lo de Jorge Barraza. De diez!
    José María Otero, Madrid

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