Capsulas de Carreño

Maradona: Los dioses también mueren. Por Esteban Jaramillo Osorio

 

Por Esteban Jaramillo Osorio

 

*Intrigante, fabuloso, desbordado. Maradona: *de su esplendor a la decadencia, de la decadencia a la muerte.

Jugador irresistible, de recitales geniales, ídolo de masas, que animó el espectáculo mientras destruía su vida.

 

Para él, la fama después del esfuerzo. La camiseta con toda la pasión. La victoria como única meta. Insolente, indómito, descarriado. Vocero de los desvalidos, campeón mundial contra el poder. Desenfrenado, incontinente, con gambetas infinitas.

 

Futbolista genial, fantástico, con el mundo a sus pies, en frenética vida llena de fama, de fortuna y encanto.

 

El «barrilete cósmico» con su mejor gol del mundial. La bestia sagrada, el embrujo del futbol y la mano de Dios en hereje exaltación de una trampa, que tuvo conexión con su iglesia impura y su padre nuestro transgresor.

 

La desmesura de sus actos, en un tobogán que no encontró un contacto directo entre su condición de futbolista único y la complejidad de su existencia, con sus repetidas caídas. Siempre en pelea, Maradona, con su monstruo interior que empaño sus proezas. Con su familia, la que abandonó y la pelota que alguna vez manchó.

 

Irresistible su influencia en el fútbol, por su clase artística y la idolatría de masas.

Inteligente, calculador, goleador, con intuición e inventiva, destreza, habilidad y velocidad. Lo tuvo todo.

 

Desde el sueño del pibe, hecho realidad, su consagración ante el mundo y las tinieblas de las drogas.

 

Dios de carne y hueso. Mito viviente. El placer de haberlo visto en su esplendor. De haber transmitido sus partidos… de haberlo entrevistado…Y el dolor por su caída y su muerte. Como a todos, a él también “se le escapó la tortuga”, y murió.
[EJO – Esteban Jaramillo Osorio – @estejaramillo]

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Un comentario

  1. Orlando Calderón Torres

    26 noviembre, 2020 at 8:46 am

    *Se nos fue el ídolo
    El héroe latinoamericano que nos encarnó a todos. El niño pobre que creció en un barrio humilde, sin agua potable y sin energía eléctrica. Pero él se convirtió en la energía vital de los humildes. Ese chico humilde, contestario y frívolo a la vez, que llega en cada estrofa del tango «el sueño del pibe» a volverse recuerdo imborrable.

    El mundo tan redondo como la pelota de trapo de los humildes o el balón 5 de los que saben, hoy lo evocamos, porque el fútbol nos hace hermandad. El inmortal Eduardo Galeano lo calificó como el más humano de los dioses. Se convirtió en una suerte de dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanchin, borrachín, tragón, irresponsable, mentiroso, fanfarrón. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo su prisionero.

    Finalmente y de manera magistral, remata su homenaje al pelusa con esta frase: «Maradona cobró mucho y mucho pagó: cobró con las piernas y pagó con el alma.»
    Orlando Calderón Torres, Palmira

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