
Durante la narración de la final de la Copa Colombia, esta noche (miércoles 17 de diciembre de 2025) entre DIM (local) y Nacional, la transmisión por los 710 AM de RCN. Radio Cristal (la anterior Radio Súper) se escucharon frases, datos, eventos, nombres de estaciones de radio, frases aparentemente incoherentes, pero esa no fue la intención de Jorge Eliécer Campuzano.
Que lo explique el espectacular locutor deportivo:
-«En ellas están marcados todos los pasos de mi ya larga historia de locutor deportivo -más de 60 años- que hoy llega a su final…
-Difícil, sí!!!! Muy dolorosamente difícil. Siempre pensé en terminar mi carrera con mis facultades intactas y lo logré..
-Gracias a todos .. compañeros, colegas y amigos. No menciono nombres para no caer en el imperdonable error de un olvido, porque a lo largo de tantos años sólo he recibido afecto y saludado manos amigas en toda mi patria, en el exterior.
-Pero capítulo aparte para Medellín y Antioquia. Aquí llegué con ilusiones, con la alegría de la juventud por construir mi propia historia y me lo permitieron.
-Y, por último, a mi esposa, mis hijos, nietos y tres que ya no están, mi madre, mi padre y mi hermano, apoyo incondicional de mi existencia.
-Soy y seguiré siendo locutor y periodista. Estas fueron las palabras y frases más difíciles de escribir y leer.
-Con el amor de siempre», Jorge Eliécer Campuzano.
(Con estas palabras, El Espectacular se despidió de sus oyentes que lo siguieron en Todelar, RCN, Caracol, Canal Teleantioquia. Anoche narró con su natural lucidez y su espectacular voz el último partido de su brillante carrera como locutor deportivo).
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Jorge Eliécer Campuzano con la triste
y alegre historia de la malasqueña
Por Édgard Hozzman y Guillermo Romero Salamanca
Todos lo afirman, hasta el mismo Jorge Eliécer Campuzano: el mejor relato de un gol que ha hecho, ocurrió el miércoles 14 de noviembre de 1984. Jugaba el Deportivo Independiente Medellín contra el Unión Magdalena. A pesar de tener una costilla remendada, moretones en muchas partes del cuerpo y el alma en plena recuperación por el fallecimiento de su señora madre unas semanas atrás, el bugueño llevó a los oyentes la forma como el peruano Eduardo Malásquez anotó sin compasión una de las más espectaculares narraciones de su vida.
A la jugada y a la descripción, Javier Hernández Bonett las bautizó como “La malasqueña”. Los asistentes al estadio Atanasio Girardot se levantaron y los oyentes exclamaron: “qué goolaaazo”. Los asistentes estaban felices, pero se identificaban también con el dolor que sentía el locutor.
“Mi madre durante todo el año elaboraba cobijas de retazos, una obra artesanal fantástica y cada fin de año buscábamos comunidades pobres para regalarlas. El 5 de noviembre de 1.984 a la una de la tarde, en unión de mi hija Sonia y mi novia Consuelo y, desde luego mi madre, nos fuimos por el sector de Don Matías, alto de Matasano en el norte antioqueño. Era un lunes festivo. Llegamos a una casa infinitamente humilde. Los padres y 8 hijos salieron a nuestro encuentro. Mi madre les entregó las primeras cobijas, partimos y unos kilómetros más adelante, un bárbaro criminal –con la letal mezcla de droga y licor– me embistió y allí terminó con la vida del ser que me la dio: doña Lucila…”, recuerda ahora Jorge Eliécer, a quien sus ojos no dejan de humedecerse nuevamente.
“Yo no quería volver a los estadios, ni mucho menos narrar, pero los amigos me convencieron y me comentaron que sería un tributo a mi madre, esa primera narración después de los lamentables hechos en esa noche de ese miércoles, me entregué con toda el alma y desde luego le dediqué mi trabajo a ella, a quien tanta fuerza me dio en la vida”.





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