Messi, cinco veces el diez… (Por Óscar Domínguez)…

 

Fotot tomada del portal Fifa.com
Foto tomada del portal Fifa.com

Por Óscar Domínguez

Oscar Dominguez, columnista

Lionel Andrés Messi, el “Messías”, Leo, Lío, la Pulga, el número 10 del Barcelona fue ratificado por quinta vez como el mejor del mundo en ese esperanto de patadas que es el fútbol en la fiesta anual del ego que organiza la FIFA, muchos de cuyos directivos siguieron la ceremonia desde la cárcel. O por televisión, por malandros.

El rosarino casi gana el premio al mejor gol del año con su maratón de belleza y habilidad que inició en mitad de la cancha y terminó con el balón, feliz, haciendo la siesta en la portería del equipo rival.

Finalmente, los electores le dieron el premio Puskas a una pequeña obra de arte del brasileño Wender Lira, del Atlético Goaianesa, quien se sentía David entre tantos Goliat.

Con su timidez, Messi casi  pide perdón por su excelencia balompédica. Es feliz haciendo lo que hace desde los cinco años: jugar fútbol con el virtuosismo con que sus paisanos Les Luthiers interpretan su música, Gardel cantaba un tango, o Borges redondeaba un soneto.

Ideólogo de la (pierna) izquierda disfruta del fútbol por el fútbol. Como cuando jugaba en los potreros o mangas de su Rosario natal, la tierra del Negro Fontanarrosa. Entonces Messi, a quien se le detectó un madrugador accidente hormonal que le impedía crecer, jugaba para la tribuna vacía. O para Jorge, su padre y  primer entrenador. En los primeros teteros de pecho, mamá le inoculó el AZ del fútbol.

Messi, padre de Thiago, quien siguió sumando millas con su viaje a  Zurich, fue rechazado por el River Plate después de hacer la primaria en las divisiones inferiores de Newell’s Old Boys. A los 13 años recaló en el Barcelona que finalmente pagó la cuenta del tratamiento por su enfermedad hormonal.

Activista del signo cáncer, nunca ha tenido el fútbol por cárcel, es decir, como pretexto prosaico para rebuscar el sustento. Lo  testifican la entrega, alegría y altruismo con que lo  practica. Habría podido jugar gratis. Para qué plata si se puede convertir el fútbol en una de las bellas artes… pedestres.  Pero en tiempos del capitalismo salvaje toca cobrar. Además, la vida del crack es fugaz como un estornudo del papa Francisco, el Messi de Dios.

Tiene rostro de niño bueno, de aquellos que se toman la sopita, al contrario de su paisana Mafalda. Si su paisano Borges lo hubiera visto jugando, habría abjurado de su furioso “ateísmo” balompédico. (Si fuera posible traducirlo a literatura, su fútbol está más cercano de la lúdica de Cortázar que de la hermosa prosa de Borges).

Para Messi parece escrito con retroactividad el tango famoso: El sueño del pibe.

Su exentrenador en la selección argentina, Basile, le daba carta blanca: “Hacé lo que querás”. Podría  llevar crispetas, su Play Station o crucigramas a la gramilla para llenar en sus ratos libres. “Es la esencia del fútbol”, tronó el temperamental Joan Laporta, expresidente del Barcelona.

Por el momento, no hay escándalos en la hoja debida de Messi. Bueno, salvo pendejaditas como escurrirle el bulto al pago de impuestos, y portarse como un moderno Herodes con niños que se le acercan a mendigarle una foto, una sonrisa, o un autógrafo.

En su discreción se parece a su anónima pierna derecha que apenas le sirve para subirse y bajarse del bus. Messi podría jugar sin esa pierna. Su izquierda juega por las dos. Si hubiera nacido derecho, sería médico, siquiatra, periodista, ascensorista, utilero.

Los zurdos como él también son gente. La lista es larga: Da Vinci, Miguel Ángel, Picasso, Marceau, Chaplin, Marilyn Monroe, Bill Clinton, Fidel Castro, Hugo Chávez, Obama, el propio Maradona, su exjefe en la selección argentina.

A propósito, pese a que todo indica que no será campeón mundial con su país, ya se ganó un puesto en el olimpo del fútbol.

Sus marcadores tienen pesadillas la víspera del partido contra el argentino. Agradecerían que le mandara un pequeño infarto o una migraña que los dejara en casita, jugando Play Station o siguiendo el partido por tv.

Otros rivales quisieran pedirle un autógrafo al final del partido pero no lo hacen porque sospechan que la tribuna podría silbarlos. Ya lo harán en algún supermercado, o en la claustrofobia del ascensor, si se lo encuentran.

Después de verlo actuar – porque es un artista- queda claro que ”los demás son los demás”. Incluidos Ronaldo y Neymar quienes le respiraron en la nunca en la pugna por el balón de oro. Ronaldo encarna la pasión, Neymar la lúdica. Messi es la suma de sus rivales.
Chaplin era todos los domingos del año. Sin ninguna originalidad podría decirse lo mismo de artistas como Messi.

 

 

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