Capsulas de Carreño

¡Messi…!

Por Hugo Illera, Diario Deportes.

 

 

*Argentina limpió un poco su cara. México la terminó de embarrar. La última fecha de este Grupo C será emocionante.
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He visto a la Argentina sufrir. El partido contra México, después de perder inesperadamente con Arabia Saudita en su debut, tiene sabor a urgencia, a oxígeno, a vivir o despedir.

Pasan los minutos, Scaloni tiene cara de acontecimiento, de algo pasa y ojalá no pase a peor. Aimar, su asistente, ha utilizado las manos como nunca antes. Se agarra la cabeza, se tapa la cara, tiene los ojos congestionados.

En la cancha, México juega al cero. Tapa y tapa. Las salidas de Argentina son interceptadas con anticipos disciplinados de los manitos. Todos defienden, todos corren, todos marcan. Pasan los minutos. Messi está en el centro de la cancha donde se ha movido muy poco. Que tiene alguna lesión, que han ocultado, y su poca movilidad, aumenta la creencia que está tocado. Evita los contactos individuales mientras Di María se ha convertido en su muleta de apoyo, lo ha buscado siempre.

Argentina ha caído en el desorden de los equipos que juegan frente a una pared o frente al “camión” mexicano que el Tata Martino ha puesto delante de sus 18 yardas jugando un 1-5-4-1.

Repaso las transmisiones. Los argentinos pariendo al unísono. Los mexicanos señalando que se juega bien pero que, sin circuito defensivo, será difícil conseguir algo pues ya se había empatado 0x0 con Polonia. El cero que persigue  México y que parece gustarle al Tata, en un mundial, es ineficiente.

Hay 88.966 aficionados en el Lusail Stadium de Al Daayen. Los argentinos y mexicanos tienen su propio partido en las gradas. El que más grita, el que más canta, el que más alto se oye. Camisetas y banderas por igual y los bombos estridentes sin parar.

Termina el primer tiempo. Lo veo (como dicen los argentinos) a Messi tranquilo. Resopla y cambia de aire necesario por el esfuerzo.

Ningún medio periodístico está contento. Los argentinos reparando en todo, en la ineficacia, en el desorden, en la dificultad para anotar un gol.

Los mexicanos igual. Que no se puede clasificar a segunda ronda sin goles. Que la muralla defensiva para detener a la Argentina de Messi, y al propio Messi, es aceptable, pero se preguntan si seguir jugando así les puede garantizar un triunfo. Que no se trata de empatar sino de ganar. Curiosamente es la misma conclusión de los argentinos.

Los equipos han regresado después del descanso. Todos circunspectos. Y nosotros pensando si el partido se podría cambiar de una y otra parte.

Daniele Orsato pita y nada diferente. Los mexicanos defendiendo con orden y los argentinos atacando con desorden.

Sigo mirando a Messi. Está en su “parcelita” donde se mueve poco, camina con pasos cortos,  veces acelera cuando Di Maria lo habilita. Creo e insisto que alguna lesión tiene y está ahí por lo que representa y porque, en cualquier momento, define los partidos así disminuido esté.

En la tribuna, unos alientan, otros se angustian, los bancos son una oda a los gestos y al levantarse y sentarse con frecuencia.

Se vinieron los cambios. Scaloni para mejorar el ataque con Álvarez y Fernández. El Tata con Kevin Álvarez y Vega, un defensor y un delantero. A todo o nada, los técnicos apuestan.

Y apareció la magia, el mejor del mundo ha recibido un balón de Di María, solo, sin nadie a su lado, se han olvidado de él, corre un poco, se acomoda a su mejor estilo, y con su zurda acostumbrada a las hazañas ha soltado un remate a ras de pasto, un poco antes de las 18 yardas, para que el balón ingrese por el ángulo inferior izquierdo del arco de Memo Ochoa que se estiró en vano. Golazo de Messi.

Los argentinos han explotado de felicidad. A los mexicanos los aplancha la tristeza.

Veo a la Argentina de Scaloni montarse un poco en el juego, jugar mejor. El gol no solo les está sirviendo para el triunfo sino para levantar el ánimo.

Y Messi otra vez, pase a Fernández y un remate de derecha al segundo palo del arco de Memo que, esta vez ha volado cayendo pesadamente, mientras el balón rebota dentro de su arco certificando un golazo soñado y el estadio vuelve a estallar con gritos, abrazos y el coro de Argentina, Argentina, Messi, Messi.

Scaloni observando impertérrito, Aimar llora a moco tendido, Tata con cara de regaño, mientras Messi y Fernández se han perdido en el abrazo de que crezca la pila.

Veo a Messi. Está regresando al centro del campo, camina, mira al cielo y dice algo, habla con alguien y, con las dos manos, hace un gesto de agradecimiento. ¿Será que Dios desde allá también le habrá agradecido por su gol y pase gol?

Y se termina el juego. Alegría desbordante argentina. Tristeza insondable mexicana. Messi terminó su juego, caminando, administró su esfuerzo de manera inteligente. En declaraciones para el servicio de televisión del mundo confiesa que, al final del juego ante los árabes, se había doblado uno de sus tobillos. Hecho que confirma que hoy, ante los mexicanos, estuvo tocado físicamente.

Pero para Messi pareciera que no hay barreras. Estuvo en el juego, se movió poco y rindió mucho, y salió indemne del mismo jugando los 90 minutos más los 13 de adición del primer y segundo tiempo.

Argentina limpió un poco su cara. México la terminó de embarrar. La última fecha de este Grupo C será emocionante: Polonia vs. Argentina y Arabia Saudita vs. México. Los cuatro con posibilidades de avanzar. Se abren las apuestas…

Barranquilla
Sábado 26 de noviembre, 2022

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