Capsulas de Carreño

Miguel Escobar, el rey del quite deslizante

Miguel Escobar, q.e.p.d. Foto tomada de Noticias RCN.

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Por Rafael Villegas

 

 

Cuenta la leyenda urbana en Cali, que cuando Carlos Bilardo asumió como técnico de la escuadra verdiblanca, confundió al “gordo” Miguel Escobar con uno de los hombres de la utilería, a tal punto que lo envió a demarcar la cancha de entrenamiento; ante esta situación Alex Gorayeb le aclaró al narigón, en medio de su asombro, que el gordo era Miguel Escobar capitán del Deportivo Cali.

Bilardo no lo podía creer, y es que Miguel tenía la figura de un operario de fábrica, con llanticas a los lados que adornaban su abdomen. No era atlético ni tenía la figura de aquellos futbolistas tan trabajados hoy que más parecen fisiculturistas que jugadores de futbol.

Bilardo convenció a don Alex que necesitaba un central que le brindara seguridad y trajo a Roberto Rogel, un corpulento futbolista que utilizaba más la fuerza que su escasa técnica… al final el “gordo” Miguel se quedó con el puesto de titular y no lo soltó más… no solamente en el Cali sino también en la Selección Colombia. -Sucedía algo similar con Pedro Zape, les traían extranjeros en su posición que terminaban aburridos viéndolos jugar como titulares-.

Miguel nació en Buga y de allí partió para el Deportivo Pereira, cuando fue descubierto por ese mago del fútbol que era el técnico paraguayo César López Fretes, allí estuvo un año para pasar luego al Cali por la escandalosa cifra de la época de $50.000. Miguel firmó por dos años y se quedó 13.

Jugador exquisito con la pelota, elegante para salir jugando, pero sobre todas las cosas, el campeón del quite deslizante. Ninguno como él, sabía perfectamente medir los tiempos para lanzarse al piso y sacar la pelota sin tocar al contrario. Un maestro. No era un gran cabeceador, pero no perdía fácil arriba por lo mismo, era lo que hoy llaman un “tiempista”.

“La fuerza callada” lo bautizó José Pardo Llada, el cubano que se autodenominó “hincha número del Cali” en su época de periodista radial en la capital del Valle. El cubano, dueño de un discurso convincente y conmovedor implantó los panegíricos y la arengas a favor del TVG: “el tantas veces glorioso” y desde allí, en esas piezas radiales maravillosas, llenas de hipérboles, metáforas y motivación, apareció el apelativo de “la fuerza callada”, porque eso era Miguel, un hombre callado, que hablaba en la cancha con calidad indiscutible.

Cuando inició en el Cali hizo pareja con el gran capitán Óscar López, después vino Norberto Claudio Bautista, un argentino espigado; luego Alberto Cardacci otro argentino de gran calidad, hasta que apareció Henry Caicedo, su mancorna de siempre en la zaga del Cali. ¡Qué pareja hicieron! La calidad de Miguel, su sentido de la oportunidad, su velocidad de reacción complementada con la fortaleza de Henry que adornaba con la calidad futbolística con la que Dios lo premió.

Miguel, fue el jugador que más partidos disputó con la camiseta verdiblanca dicen las estadísticas, pero increíblemente en el reclamo de su pensión, algún dirigente llegó a expresar que no lo conocía. Peleó su pensión como lo hicieron otros y ganó su derecho, aunque tarde, a los 74 años después de haber trabajado en el azucarero desde los 22. Así es la vida… el que nunca llegó tarde a un quite deslizante, llegó tarde a su pensión, tuvo que esperar más de media vida para que le hicieran justicia.

Una terrible enfermedad se lo llevó, esa misma que le quitó la voz y le agudizó los oídos. Escuchaba radio, un pequeño transistor fue su compañía en las noches de sus últimos años, seguramente recordando con nostalgia aquellas gloriosas épocas del Cali campeón o de la Selección Colombia del 75 subcampeona de América de la mano del “Caimán Sánchez”.

Ese era Miguel, el hombre sencillo, un inmenso jugador de futbol que hacía las cosas con la precisión de un cirujano y no del robot que parecía hablar por él en el atardecer de su vida, cuando el cáncer le robó la voz.

Se fue Miguel, como se marcharon otros de sus excompañeros: Henry Caicedo, Oswaldo Calero, “el pecas” Ospina, Alberto “el tigre” Benítez o el “tola” Scotta… quienes seguramente estarán celebrando allá en la cancha celestial la llegada del gran capitán.
[Rafael Villegas]

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