Por Luis Felipe Gómez Isaza. –
Columnista Cápsulas. –

Carlos Palacio, mi querido colega, médico y psiquiatra, exdirectivo del DIM, experto en psicología deportiva y compañero de luchas académicas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, me remitió un nostálgico pero acertado resumen de lo que ahora es un mundial de futbol.
De pasar de dieciséis equipos y cuatro grupos bien conformados a un reguero de oncenos, muchos de ellos no tan competitivos, pero que le apuestan en su totalidad solamente a recolectar dinero, que en este momento es lo que manda en el mundo.
En realidad, ese exabrupto de torneo le permitirá a la FIFA recaudar más de diez mil millones de dólares que opulentamente repartirá entre sus equipos sin importar si lo hacen bien o no, sin importar la calidad del espectáculo y vendiendo a precio exorbitante y casi de una manera grosera, derechos de televisión, boletería inalcanzable y, por qué no decirlo, excluyente para los humanos normales.
Habrá también defensores de la política de Infantino, líder en recolección y usufructo de la multinacional, como el querido César Augusto Londoño, quien ante la crítica al evento por la cantidad de elencos y bajo nivel de algunos partidos, a mayor número de clasificados, menor calidad de los remolcados (v.g Curazao, Paraguay) menciona que ninguna de las federaciones que recibirá los diez millones de dólares solo por participar quedará a disgusto.
Hay opiniones para ambos lados, pero que es imposible ahora entrar aunque sea a gallinero para ver un juego, tiene razón Carlos y que el futbol es un negocio y hay que verlo como tal, tiene razón César . En fin, pero el nivel también tiene sus razones y el nivel de CONMEBOL, faltando solamente Colombia y exceptuando a la vigente campeona, es de lamentar.
Comenzando por Paraguay, equipo remolcado que entró en sexta posición de diez y que casi le toca el repechaje que no usufructuó Bolivia. Muy mal, sin ritmo, sin futbol, sin ideas. Estados Unidos hizo ver muy pequeño al último de los clasificados de la zona.

En quinto lugar y también de manera lastimera, pasó Brasil y, como tal, defraudó. Solo es camiseta e individualidades y un futbol ido; desafortunadamente, es lo que hay y por eso seguimos viendo a Casemiro dar patadas sin compasión ni técnica y los laterales que antes eran deleitosos de admirar ahora son de regular para abajo y tal vez Marquinho por su presente en el PSG pueda ser rescatable. Brasil jugó muy regular y Marruecos, excelente equipo, lo hizo ver muy pero muy feo.
De Uruguay, que pasó cuarto, se destacan las ofuscaciones de Bielsa, ya ni se mueve de la heladera de bebidas hidratantes. Antes se movía enfrente en la raya como si tuviera un demonio adentro del cuerpo, ahora es pasivo y amargo como su equipo. Una garra charrúa muy deficitaria y con pasmosa lentitud. Arabia Saudita, que no se ve gran cosa, lo puso en su sitio, penoso debut.
Ecuador perdió por falta de seguridad en la definición, de nuestros vecinos, junto a Argentina al menos mostró ideas y movilidad. Costa de Marfil fue un rival potente como seguro será Congo para Colombia.
Faltamos nosotros, ojalá no nos enredemos, que tengamos dinámica y cohesión porque, de lo contrario, solo serán diez millones de dólares y voltee para la casa.




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