Capsulas de Carreño

Nacional 1 – DIM 0:  Se impuso la realidad.. Por María Victoria Zapata B.

Momento exacto de la alegría de Nacional y la tristeza del DIM. El gol de Ceppelini, minuto 19 en el clásico 300. Foto @Nacionaloficial.

Por María Victoria Zapata B.

*El embeleco solo duró 180 minutos.  Dos partidos nada más.

Anoche, en el clásico N° 300  y ante un Nacional  rebosante de juventud y entrega,  y precedido de miles de  dificultades en la conformación de su onceno inicial, el DIM volvió a mostrar  su faceta  común a  todo el campeonato, esa  que tan bien supo esconder  en  sus juegos  con Atlético Bucaramanga y Jaguares: la de un equipo  caótico,  pusilánime, inseguro y  apático.

Y mientras el cuadro verde se ciñó a un  ordenado y sorprendente  libreto táctico defensivo que incluyó, además, carácter, voluntad, agresividad, intensidad y el firme propósito de salir airoso en la contienda,  Medellín  desnudó nuevamente sus miedos y carencias de todo tipo, la peor de ellas, la anímica.

¿Y así esperaba ganar el clásico?.

Con ese planteamiento era muy difícil  esperarlo. Con esa actitud, imposible lograrlo.

Se equivocó el técnico (E), Ricardo Calle, en  la  escogencia de una nómina que volvió a dejar al descubierto las fisuras del equipo de mitad hacia atrás y en la ubicación de jugadores, como Diego  Herazo, sacrificados en posiciones  que no se corresponden con su perfil.  También  cometió los mismos pecados de sus antecesores al darle relevancia  a un módulo defensivo  que el DIM no está en condiciones ni  posibilidad de asumir,  y al  desdeñar la fuerza de su ataque. La  incapacidad en marca y en recuperación fueron evidentes. La carencia  de ideas y generación de juego, palpables. La ausencia de fútbol colectivo, manifiesta,  y  la orfandad del goleador Germán Cano, total.

De nada sirvió la posesión del balón en algunos tramos del partido si Independiente Medellín, no la racionalizó  ni la usufructuó.   ¿Toques y más toques en zona propia?   ¿Tienen algún sentido?  ¿Y para qué se jugó con tres delanteros  desconectados de los volantes o a la espera de  balones que nunca recibieron?  ¿Era, el inútil pelotazo la fórmula? ¿O era tener  ocho, nueve o diez jugadores estáticos, como en efecto ocurrió?

Sin volumen de juego, profundidad ni  sorpresa alguna,  el DIM no solo  adoleció de un adecuado manejo del  esférico  sino que se dejó absorber por el efectivo planteamiento táctico de Atlético Nacional que, a  diferencia del cuadro rojo, buscó la victoria, la cuidó después de la anotación del volante uruguayo Pablo Cepellini, al minuto 19, y la obtuvo con justicia. Nacional jugó  también con  el alma, Medellín sin sangre en las venas.

Por ello,  el  peor déficit del Equipo del Pueblo fue anímico. No hubo aspiración, ambición ni motivación en una escuadra tan fría como  la lluviosa noche de ayer miércoles, 24 de abril. En contraste con la determinación y el coraje del cuadro de Autori, que entendió la trascendencia de  los tres puntos en disputa,  el DIM, que también  se jugaba la vida en este clásico, se caracterizó por la  cobardía, la displicencia, la dejadez y la falta de amor propio.

Por el componente afectivo  que acompaña cada clásico, dolió muchísimo la derrota en el partido 300 entre verdes y rojos. Pero más apesadumbró  el comportamiento de un equipo que no hizo nada, absolutamente nada,  en procura del triunfo.

Infortunadamente, el DIM que ayer enfrentó a Nacional fue el mismo que hemos visto durante  la casi totalidad del campeonato. Sin  brújula  en el terreno de juego y  fuera de él, sin orden, sin jerarquía, sin carácter y sin argumentos tácticos ni emocionales.  El que es  sinónimo de ineptitud  y pasividad,   el que nos brindó una alegría fugaz  con las goleadas a Bucaramanga y Jaguares  y  el que, así las matemáticas señalen lo contrario, rubricó  su eliminación con una derrota que no admite justificaciones por cuanto no solo fue inferior a su rival sino, a sus compromisos, al reto de cambiarle la historia a esta decepcionante temporada y, sobre todo, a su obligación de  defender la  sagrada camiseta roja con gallardía y entereza.

El mismo  DIM que hoy nos vuelve a la realidad de un presente caótico y un futuro incierto. Ese  Deportivo Independiente Medellín que requiere, de manera urgente, la reestructuración total en todos sus frentes, empezando por su doblemente pasiva, doblemente incapaz y  doblemente  carente de ambiciones  cúpula dirigencial.
[María Victoria Zapata B.]

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