
@NacionalsPasion.
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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

Expectativa general por el regreso de Nacional a la Copa Libertadores, de la que es cliente con marca registrada en dos oportunidades.
El debut fue ante el club Nacional de Uruguay, que porta un uniforme similar en colores al DIM, lo que visualmente daba la impresión de tratarse de un clásico. Partido con horario de Parque Lleras y con asistencia de casi 41.000 clientes, entre los cuales se encontraban seguidores del tocayo, que hicieron su algarabía en zona previamente asignada.
A cambio del minuto de silencio, los jugadores se intercalaron para decirle no al racismo y a la violencia, invitación pedida por la Conmebol. El grupo arbitral, así como la responsable del VAR, estuvo compuesto por paisanos de Messi, que a decir verdad tuvieron un trabajo impecable, a lo cual contribuyó el buen comportamiento de los jugadores.
En las toldas del equipo decano, otros de sus “apodos”, aparecen algunos conocidos, entre ellos el chileno Vargas y el colombiano Diego Herazo, jugador, entre muchos equipos, del DIM y de Millonarios. Llama la atención que en la portería aparezca un Mejía, panameño de pura cepa, pero con apellido paisa, porque Uruguay es tierra abonada para buenos porteros.
Gandolfi, fiel a su atuendo oscuro, manda al campo la nómina de gala. Nómina que desde el pitazo inicial pone las condiciones en su estadio y ante su hinchada. Sorprende que Morelos juegue haciendo pareja con Cardona en el medio campo; el trío por esa zona lo completa Cándido, quien, para mi gusto, jugó el mejor partido hasta ahora, con jugadas diferentes y buena disposición para el ataque; por el lado contrario Marino es el capitán que comanda el ataque, con Román y Viveros como cañoneros.
Los jugadores rojiazul, que entre otras no gastan afán, y aprovechan cualquier segundo para echarlo a la mochila, le arman un cerco al verde, lo que permite una posesión del 80%. Nacional intenta penetrar por las bandas, por el centro, Román, por ejemplo, eleva el balón a dos metros, ante pase de juego de consola de Cardona, por vía aérea, con disparos de Cardona, uno de ellos en el minuto 38 que pega en el horizontal. En el contrario fue Herazo el que mostró su potencia para generar una o dos llegadas, pero sin peligro para el arco de Ospina.
Corría el primer minuto de los 3 que regala el central, Cándido inicia la jugada con pase a Campuzano, éste a Román que habilita a Marino quien le da inicio a su jugada en modo circunvalar, pasa y pasa contrarios hasta que encuentra el espacio y saca potente zurdazo para vencer a Mejía y anotar el primero; golazo que nos saca del bostezo, porque el partido se había convertido en la repetición del verbo yo ataco, tu defiendes. Nada mejor que irse al descanso con una generosa porción de nachos con guacamole y con el triunfo parcial del verde.
Los segundos 45 minutos comienzan con dos cambios en el “decano”; y claro, desaparece el “sin afán”, por lo que muestran algo distinto a defenderse. Minuto 54, Aguirre inicia la jugada en el medio campo, pase a la derecha a Román, que ve que Marino pica en velocidad, avanza unos metros y hace el centro para que entre Viveros y de “taquito” marque el segundo, joya de gol que arma la fiesta en la tribuna y en los millones de hogares.
Nacional sigue carburando y en el minuto 72 se gesta el tercero y definitivo. Saque largo de Ospina a la banda izquierda, cabezazo hacia atrás que recibe Viveros, hace el pase a Morelos, éste a Marino en la otra punta, quien ve que Morelos va en carrera rumbo al área, le hace señor pase y Morelos de media volea con el pie derecho, manda un meteoro que por poco rompe la red. Por primera vez le vemos una sonrisa amplia a Gandolfi, y no era para menos.
En Nacional entran Faber Gil, Arce, Juan José Arias, Asprilla y Sarmiento, y salen Cardona, Morelos, Marino, Aguirre y Viveros.
Apoteósico triunfo del Nacional, que tuvo a Marino Hinestroza como la joya del partido, con fútbol brillante y goles de antología, con jugadores que entendieron la importancia de lo que había en juego. Todo eso nos permite ilusionarnos para el siguiente partido ante Internacional, a jugarse en lo que demora rezar un padre nuestro en Porto Alegre. El destino permita que terminemos igual de alegres como el hermoso nombre de la capital del estado de Rio Grande do Sul.




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