Capsulas de Carreño

Nacional, después de la tempestad.

Después de la tempestad, Nacional celebró  por el 2×0 ante el DIM. «El Arriero» El arriero sorprendió con la alineación. Triunfo nacionalista que sirve de bálsamo para tantas heridas abiertas. Foto @nacionaloficial.

Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

 

Así es, después de la tempestad vuelve la calma, y que tempestad la que cayó en las toldas nacionalistas en esas tres confrontaciones previas al clásico “arriero”. Perdió contra Olimpia y Bucaramanga por igual marcador, 3 goles a 1, y el último lo empató a un gol con Olimpia, lo que significó la amarga despedida de la Copa Libertadores.

 

Pero no solamente perdió y quedó eliminado. Afloraron problemas internos de todos los tamaños y colores, solo faltó que el bus hubiera pedido reparación del motor. Este sombrío panorama nos llevaba por el sendero del pesimismo, que hasta se tiñó de verde, en los días previos al clásico, y más viendo la luna de miel del Medellín con su fútbol de local, con unas calificaciones impecables,  todos los partidos ganados;  para el clásico, el DIM jugaba de visitante en el escritorio, y de local en la cancha. ¡Santo Dios!

 

Durante la caminada dominical con mis parceros de patoniadas, en las que se habla de lo humano y lo divino, no podía faltar el tema del fútbol, y entre ires y venires les dije: muchachos, el fútbol es tan incierto, que a pesar de todos los problemas, Nacional tiene con qué ganar el clásico. Y Buñuelos pedidos, buñuelos despedidos.

 

La constante lluvia durante el día fue la “previa”, como dicen por las Malvinas, de un partido con horario de merienda. Por fortuna, la cancha se portó “divino” como dice mi vecina Daniela.

 

El arriero nos sorprendió con una alineación de postín, o sea, lo mejor del momento. Volvimos a ver a Andrade desde la cantada de los himnos. En el medio campo solamente Sebastián como contención, lo que podía sonar a locura, sabiendo las bondades del medio campo rojo, pero comenzado el partido se abrió la puerta de la beneficencia de Antioquia, para que los cuatro creativos también ayudaran a la contención. No salió Banguero, que alivio, para darle paso a Cabal, que ayer si lo fue en defensa y ataque, y para cerrar le dio el voto de confianza a Mier, que respondió con creces, porque su aporte al triunfo fue definitivo.

 

Un primer tiempo interesante, con dominio alterno, tal vez Nacional con más elaboración gracias a la dupla de Jarlan y Andrade, y por las puntas con Mantilla y Dorlan. Tres sustos tuvimos, la posible lesión de Felipe Aguilar, la luxación de hombro (díganme a mi) de Mantilla, ambas superadas con la ayuda del cuerpo médico y un remate de Mosquera con sello de gol que Mier conjura.

 

Al minuto 54 Pineda afloja los tornillos del travesaño con un potente disparo. Diez minutos después un cabezazo de Cabal es sacado por Pons parado en toda la raya. Y llega el primer gol al minuto 70, centro de Mantilla y Cabal se erige, cual estatua de la libertad, para anotar de cabeza. Todavía estábamos celebrando “a lo cabal”, cuando Andrade hace un pase a Duque quien habilita a Mantilla para que sobre la carrera “ordeñe” a Mosquera para sentenciar el triunfo y de paso anunciarnos las buenas nuevas de la cigüeña. Restaba la expulsión de Pardo por falta de “sobrepeso” contra Cabal.

 

Triunfo nacionalista que sirve de bálsamo para tantas heridas abiertas y para mostrarle al arriero Herrera como se deben ajustar las cargas para que no ladeen durante el camino.

 

¡Upa pues!

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