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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

Casa llena como hacía “siglos” no se veía. Hinchada alegre y bulliciosa, en plan de reconciliación con este nuevo Nacional, no solo por la plantilla conformada, sino por la nueva directiva y la nueva misión y visión. La salida de Nacional como la de aquellas tardes de gloria.
Tarde “ideam” para jugar al fútbol, con dos equipos de añeja rivalidad, Nacional estrenando camiseta de fondo negro y brochazos al mejor estilo Miró, de color verde pensativo. América teñido de rojo entero.
Minuto de silencio por la partida al reino de Dios del inmenso Raúl Navarro, señor y portero de campanillas que se metió en el corazón de los que en aquel momento éramos de la barra “los de siempre”. Dos copas alzó Navarro con el verde.
También se debió haber pitado otro minuto de silencio, por la partida a la MLS de Edier Ocampo, otra de las joyas canteranas. Extrañaremos sus jugadas de fantasía, su proyección, su entrega y su empuje. Por fortuna entró para este partido en el segundo tiempo, no sé si en plan de despedida, o para hacer más dolorosa su partida.
Comienza el partido bajo las órdenes del segundo mejor árbitro colombiano, Andrés Rojas. La mayor parte del primer tiempo se le puede endosar a Nacional, que muestra un juego aceitadito y sincronizado; eso sí, sin inquietar mucho el arco de Graterol, salvo un cabezazo desperdiciado por Zapata al minuto 10, y 3 minutos más tarde una jugada igual por parte de Castro. Muy temprano llega la primera amarilla para Leys que pone cara de Niquitao a las 2 de la madrugada.
En el descanso pudimos observar a Daniel Muñoz con sus parceros en la tribuna Sur, recordando sus tiempos de hincha verde; y a Ospina en palco de occidente con su familia, hoy como hincha y mañana como jugador.
El segundo tiempo comienza con un importante retraso, gracias al corte del fluido eléctrico de la torre sur. Da pena ver como en USA o en Europa, hacen coreografía con las luces de los estadios, apagan y prenden al segundo, cambian de color y hasta de forma, en cambio acá, hay que rogarle a Nuestra Señora de la Luz para que aparezca.
Parece que el apagón hizo mella en los jugadores verdes, porque fue el América el que cogió las riendas del partido, y poco a poco se fue adueñando del terreno, de la secuencia de pases, de la profundidad, dominio que al minuto 57 da sus frutos con una jugada endiablada entre varios jugadores rojos, sale un pase al vacío para Velasco, que se corre por la punta izquierda, hace el centro y entra Vergara, verdugo de Nacional, por el medio de Velásquez y Tesillo que simplemente hacen de “damos de honor”, y de palomita con fiebre aviar, hace el gol para adelantar al América. A propósito de Velasco, América tuvo en su defensa a tres exnacionalistas, el ya citado, Candelo y Bocanegra.
Repetto hace cambios a manos llenas, buscando la forma de empatar, cambios que en alguna medida dan buenos resultados. El gol del empate llega al minuto 84 por cobro de Cardona al área, cabezazo atrás de Campuzano, para que entre Tesillo y con un “revés de pierna” marque el golazo.
Dos minutos después Nacional genera una llegada colectiva que termina con disparo al arco de Joan Castro, pero el balón pega en el codo derecho de Velasco, por lo que Rojas de inmediato señala el punto penal. Como siempre, reclamo va, reclamo viene, alegato va, alegato viene. El árbitro opta por mirar en el monitor la jugada y se sostiene en el penal. El cobro lo hace Cardona con potencia al lado contrario al que se tira el arquero. Gol celebrado con rabia, por todo el preámbulo caldeado que generaron los diablos rojos, y que valió también para quitarse la camiseta para mostrar el escudo del verde.
Los 6 minutos de adición fueron para América, que a punta de balones al área buscaba el empate, el cual pudo darse en el cobro de una falta por parte de Bocanegra, balón que pega en el vertical izquierdo y se desvía. Castillo estampa un beso en su guante y lo pone en la mejilla del vertical, en señal de agradecimiento.
Ese es el fútbol señores, en pocos minutos finales Nacional pone el marcador a su favor, enmarcado por la algarabía de la tribuna y la bronca de los americanos que no lo podían creer.
Segundo triunfo de Nacional, que muestra cosas positivas pero también fallas por corregir. Falta el debut de jugadores de categoría como Ospina y Morelos; habrá que darle tiempo al acople del equipo, tarea ardua para el técnico y su equipo, e ir confeccionando la alineación ideal. Por el momento se ve comunión, familia, unión y ganas de trabajar, virtudes que habían desaparecido por encanto.
“Siempre parece imposible hasta que se hace”. Nelson Mandela.




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