Capsulas de Carreño

Nacional. En el fondo del profundo fondo

«Que se vayan todos», protesta que ha ido creciendo de parte de los hinchas de Atlético nacional. Foto tomada de la revista Semana.

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Por Luis David Obando.
Columnista Cápsulas.

 

 

* Este verde obliga a recordar el verso del poema Que sais-je de Núñez: “¡Oh confusión, oh caos!”.

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En el primer año de este siglo y milenio tuve el privilegio y la responsabilidad de ser el primer editor del periódico (hoy revista) Mi Nacional. Hoy, casi un cuarto de siglo después, y tras el peor partido que recuerde del Verde como local en los últimos 55 años ante su homónimo paraguayo por la pre-pre-Libertadores, tengo que decirlo con todas sus letras: ese que dice llamarse como se llama no es mi Atlético Nacional. Al menos el que conocía: el grande; el más grande del fútbol colombiano.

No quisiera estar en los guayos de Pablo Repetto. Es de imaginar que, dado el “proyecto” actual, fue tenido en cuenta y contratado por su trayectoria en el Independiente del Valle, ejemplo como proceso exitoso de desarrollo deportivo, pero, sobre todo, económico. Tanto que al promotor del negocio, el multimillonario ecuatoriano Michell Deller, le alcanzó hasta para exportarlo comprando hace no mucho al vecino Atlético Huila.

La parte que no cuadra en el ejemplo ahora imitado en Antioquia es que el Negriazul (o Matagigantes, por su andadura reciente) comenzó en 2010 haciendo contrataciones de calidad para sumarse en el equipo a la promoción de sus fuerzas básicas (algo así como el Kínder de Zubeldía en los 80), mas no incorporando “refuerzos” de cuatro pesos (y aun así, caros), como ha pasado por estos lados en los últimos ocho años.

En fin, esa no es la historia. El cuento tiene que ver con la orientación uruguaya que está tomando la brújula verdolaga. El último caso exitoso con timoneles Orientales fue en 1983 con Luis Cubillas y su pressing, que le alcanzó para ser tercero en esa Liga anual, tras ser campeón por unos minutos de la última jornada hasta que se movieron los resultados. Luego Juan Martín Mugica (1985) y Aníbal Maño Ruiz (1986) protagonizaron un declive tan marcado que el equipo terminó ese año vendido, para reiniciar la gloriosa era de los Puros Criollos a partir del año siguiente, de la mano de Pacho Maturana.

Sea el momento para relanzar la campaña: como cualquier parecido con la realidad en este caso no es mera coincidencia, quién quita que tanto la caída en picada de fútbol y rendimiento, como la coincidencia con la renovada inclinación hacia Uruguay, defina la repetición del momento del cambio de manos propietarias. Es triste después de más de 25 buenos años con Postobón, pero los últimos no dan sino para pensar que el ciclo está cumplido, y que cualquier demora significará gran pérdida.

Para muestra, un montón de botones desde que empezó el sube y baja en el banquillo verde: tras la cúspide con Reinaldo Rueda en 2016, el despiste comenzó con Lillo, siguió con Almirón (bajo el mando del argentino al menos se ganaba, pero a qué precio para la retina); luego Autuori y sus dos oportunidades, Guimaraes, la peor versión de Juan Carlos Osorio, los breves espejismos con Restrepo y Herrera. Y después, ya el colmo con los inventos de Amaral y Bodmer. Hasta el apagado sol de hoy…

Insisto en lo del inminente lucro cesante con cada día que pasa sin vender. Es que el descrédito y la pérdida de valor ya difícilmente pueda ser mayor que la última caída en casa (otrora bastión), y por el marcador más abultado en 42 años en juegos de Libertadores. Cómo será la cosa, que se transmitió en vivo y en directo para Latinoamérica la paupérrima actuación del Nacional de acá frente al pobrísimo Nacional paraguayo. Mejor dicho: candidatos al trofeo de la miseria.

¡¿Se puede caer más bajo que el fondo del profundo fondo alcanzado?! Si todavía estuvieran jugando, los verdes todavía no habrían descontado, mientras los guaraníes con toda seguridad seguirían sumándole al marcador. Y mientras tanto, los directivos insistiendo en transformaciones. Tal vez hasta le quieran cambiar de color al uniforme. ¿Les sonará el naranja, quizás?

Puede que ni eso, porque están mirando para otro lado, o ni están, como ocurrió en el reciente vuelo de regreso de Bogotá o en el palco del Atanasio el pasado miércoles. Para mi gusto, más que falta de dignidad o amor propio, es una mezcla entre insensatez, desvergüenza, soberbia y un gamonalismo más propio de los trasnochados señores feudales que de los dirigentes deportivos modernos.

Con todas estas, es de esperar que Repetto no sea muy de cábalas. Qué bueno que a todos nos callara la boca con títulos y buen juego. “Pero lo dudo…”, cantaba José José. Porque este equipo de hoy solo sirve para evocar el inicio del verso 18 del poema Que sais-je de Rafael Núñez, el mismo autor de nuestro himno nacional: “¡Oh confusión, oh caos!”.

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Un comentario

  1. Jose Acosta Bedoya

    1 marzo, 2024 at 6:24 pm

    Considero que hay que darle los créditos a quien se los merezca.
    La gloriosa era de los puros criollos fue la antesala para lograr la primera Copa Libertadores de 1989 con Nacional y el punto de partida para encarar y clasificar a los mundiales de 1990, 1994 y 1998, por el modelo de juego que se había consolidado desde 1987.

    Si bien es cierto, Pacho Maturana continuó con el legado hasta ganar la copa América de 2001, toda la estructura y sistema para definir el modelo de juego fue generada y propuesta por Hugo Gallego, quien con Pacho, por supuesto iniciaron e impusieron el buen fútbol que alguna vez tuvimos, perdimos y que aún no hemos podido recuperar.
    José Acosta Bedoya

    Hincha de Buen fútbol
    Medellín

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