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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

El estadio La Libertad de la ciudad de Tunja, hizo las veces de sucursal del Atanasio Girardot, para albergar a los “sincuenta” hinchas verdes, llegados de Medellín, Bogotá y parroquias vecinas; que dejaron una generosa taquilla en las arcas de Boyacá Chicó, suficiente para cubrir los sobregiros de Eduardo Pimentel y para dejarle alguito para los cocidos boyacenses de la semana.
Ese comienzo de partido lo vimos entre cortado, porque a ratos cambiábamos el canal para ver si nuestra selección sub 20 le seguía ganando a Nigeria, con tan mala suerte que en uno de esos cambios, caímos justo en el momento preciso para ver el cobro del tiro penal a favor de los nigerianos, que sirvió para el empate a un gol, marcador definitivo.
El técnico Arias, fiel con las obras de misericordia que siempre acompañan a Nacional, y para no desentonar con los técnicos anteriores, se abstuvo de alinear la “pesada”, porque el Chicó, que venía de encajar cinco goles frente al Once Caldas, no es equipo para poner en aprietos a Nacional; ¡Como se le ocurre!
Y esa misma idea la compartieron los once jugadores, o mejor los diez porque Batista no suma, mostrando un juego insulso, lento y carente de agresividad; el único que se ganó el fresco fue Sarmiento.
Cardona tuvo una buena oportunidad en un tiro libre desde 20 metros, pero su displicente cobro careció de potencia y colocación; Rengifo estrelló un balón contra el palo y Marino, que en ese primer tiempo seguía hibernando, perdió una clara opción de gol. Esa fue la producción de ataque del verde en el primer tiempo.
Por su parte, Chicó con responsabilidad y amor propio, asumió el partido como si fuera una final, llenó todos los espacios y con sus herramientas controló a Nacional. En el minuto 35, se presenta una falta de Tesillo cerca al área, y Bocanegra nos deja a todos bocabiertos, con un señor cobro que lleva potencia y colocación, y que deja a Ospina en posición de estatua, y a Cardona avergonzado por el horroroso cobro que había hecho minutos antes.
Para el segundo tiempo en Nacional salen los mismos diez, pero rapidito Arias enmienda el error y trata de cambiarle la cara a Nacional con la entrada de Cándido, Bauzá, Moreno y Morelos, al final entra Asprilla para que estorbe arriba.
Tampoco que uno diga los arrollamos, pero si se vio alguito diferente, que obligó a los ajedrezados a incluir en su repertorio los acostumbrados calambres, comenzando por el portero Denis, que además de quemar tiempo, hizo buenas atajadas, entre ellas una a Román, que por fin volvió a hacer algunas paredes con Marino, a quien le vimos algunos chispazos antes de ser sustituido.
Se cumplen los 90 reglamentarios y damos por sentada la derrota de Nacional; pero al minuto 5 de los 9 adicionados se nos aparece San Ramón Nonato, patrono de los partos difíciles; Román habilita a Morelos que entra perfilado al área, pero un defensa lo agarra sutilmente de la camiseta y lo derriba; acción que el árbitro revisa en la pantalla, a la que llegó casi que a los empujones, y la encuentra justificada para decretar el penal, acción que cobra el mismo ofendido con potente disparo al frente, suficiente para empatar el partido. Al mostrar el árbitro el punto penal, algunos jugadores locales por poco se lo comen vivo, acciones que merecían más que una tarjeta amarilla. Árbitro de pito tembloroso.
Minutos antes, el técnico Flabio Torres había sido expulsado por protestar las decisiones arbitrales; pero ni se inmutó, porque siguió dirigiendo muy orondo y campante desde el palco, allí fue acondicionado con sus audífonos de director de cine.
Los hinchas del verde estamos acostumbrados a estas salidas en falso de los técnicos y de los jugadores, generadas por el bajo nivel que presenta el rival de turno, pero la verdad no esperábamos que Arias, con tantos piropos que viene recibiendo por su buen trabajo como técnico encargado, le diera por salirse de la línea; mejor dicho, perdió el papayaso de sumar estrellitas a su hoja de vida, de llegar al segundo lugar de la tabla, y de seguir atropellando en los primeros lugares de la reclasificación.
“No hay mejor manera de respetar al rival, que meterle el máximo número de goles que puedas”. Manuel Preciado.






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