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Por Jorge Iván Londoño M.
Columnista Cápsulas.

Además de tener que soportar las artimañas de los dueños del balón en el ámbito suramericano, porque eso de programar un juego de “local” a 4.000 kilómetros de Medellín, pues, en avión, no tiene presentación, Nacional con su derrota frente a Argentinos Juniors, quedó internado en una unidad de cuidados intensivos, para salvarle su continuidad en la Copa Libertadores.
Alarmista, para nada, realista de tiempo completo. Miremos a brinco de monja el grupo efe, de funesto, que nos tocó.
Argentinos Juniors se escapó con 9 puntos; queda entonces un cupo para tres, Nacional 4 puntos, la U Católica 3 puntos y el tocayo de Uruguay 1. De los tres partidos por jugar, Nacional juega este 12 de mayo de “local” frente a su tocayo, a lo mejor lo manden para la Patagonia. Y le restan dos partidos de visitante, condición que se volvió en un dolor de cabeza en esta temporada del verde.
Otro funesto partido para Guimarães y sus dirigidos. Algunos dirán que el largo viaje y lo apretado del horario pudo haber influido en el rendimiento; vaya pregúntele eso mismo a los jugadores de Santa Fe, que le jugaron mano a mano a River Plate, y si no es por Armani (mucho Armani) les ganan el partido, y a los cardenales les tocó beber del mismo cocinado preparado por la Conmebol, cocinado que obligó a los equipos nuestros a hacer vaca para pagar un vuelo chárter.
Lo que si es cierto es que el mediocre árbitro venezolano influyó en el resultado del partido, al no sancionar dos acciones de penal a favor de Nacional. Obviamente eso no tapa el mal accionar del equipo, ni las concebidas rabietas de Jarlan, ni la quebrada de otro vidrio por parte de Castro, ni la pobreza franciscana en los cobros de tiro libre o de esquina.
El equipo de Milito mostró solvencia y contundencia y Nacional fue irreverente con su fútbol. Para ajustar, el técnico ahondó su falta de criterio profesional, porque cuando expulsan a Olivera, por segunda amarilla que nace de una falta intrascendente, no recompone la defensa, sino que cambia a Duque por Álvez, delantero por delantero, y en el minuto 86, cuando todo está cocinado, ingresa a Vladimir. ¡Válgame Dios!
Lo enclenque de Nacional en defensa, la merma en su producción goleadora y las pobres decisiones tácticas del técnico, hacen que en este momento la esperanza cambie de verde a morado (luto) y que nos inunde el pesimismo de que el equipo no salga bien librado de la unidad de cuidados intensivos.
Beato Marianito, es todo tuyo.





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