Capsulas de Carreño

Nacional, otro Space.

Lo de Atlético Nacional obedeció a un rigurosa confusión en el juego, en el planteamiento y a falta de líderes dentro y fuera de la cancha. Foto tomada de @NacionalsPasion.

Por Jorge Iván Londoño M.

 

 

*Con este colapso queda demostrado que Nacional no tiene la mejor nómina del país, si entre las más costosas.

 

El Nacional de este segundo torneo comenzó con pie derecho. Jornada tras jornada iba construyendo el edificio en el que cabíamos  jugadores, dirigentes, cuerpo técnico e hinchas. Estábamos admirados porque su joven constructor, Alejandro Restrepo, puso a marchar el equipo con la precisión y la elegancia de un Rolex.

 

Pero no era un edificio cualquiera. En la parte superior brillaba con luz propia la elegante Copa Colombia. Las alfombras verdes conducían a los primeros lugares en la tabla y en la reclasificación. Éramos generosos para anotar y avaros para que nos marcaran.

 

Pero igual como sucedió en Space, nuestro edificio comenzó a agrietarse. Corra a quitar la copa. Las tuberías se reventaron y el agua comenzó a desteñir el verde  de las alfombras. Los goles a favor desaparecieron y los en contra afloraron.

 

Hasta que llegó lo inevitable, en Cali se derrumbó la mitad del edificio, y anoche colapso total, porque al final los jugadores, que hacían las veces del hierro, no resultaron del calibre necesario para sostenerlo, y para ajustar, el técnico que no supo encontrar la fórmula para repotenciarlo,  anoche se le subió el Restrepo, (casi escribo el Osorio) porque  creyó que el partido era contra el Huila, y puso a Rovira como único volante de contención, y a Guzmán para que vigilara pero de lejitos; y claro, los ágiles del Cali a sus anchas.

 

Al minuto 27, (demasiado tarde) y luego de ir perdiendo por dos goles, Restrepo admite su “horror” y cambia a Guzmán (no resultó ser buena “papa”) por Sebastián Gómez, y claro, al Cali le quedó complicado continuar con su salsódromo en la mitad del campo. Repito, demasiado tarde, o como decimos por estas parroquias, ya´pa´qué

 

Nacional tuvo 45 minutos al menos para empatar. La artillería se reforzó con la llegada de Andrade y Álvez, pero sucedió como en el chiste aquel del viejito que “no tenía que con que cobrar”.

 

Para ajustar, el árbitro, socio de esa plaga devoradora, debió anular el primer gol del Cali por falta de Preciado hacia Marulanda, acción que mereció al menos la visita del pito a la consola, pero quien dijo. Luego ocurre una mano intencional de un jugador del Cali en plena área, y sigan jugando muchachos. En ambas acciones a los del “BAR” se les quebraron las copas

 

Hoy amanecimos eliminados, tal como viene sucediendo desde 2017. Hoy aflorarán las eternas frases: tenemos que ser críticos, buscar los correctivos, debemos ser reflexivos, hay que sacar lo mejor del momento, se debe recomponer, y “sincuenta” más.

 

Con este colapso queda demostrado que Nacional no tiene la mejor nómina del país, si entre las más costosas. Que el técnico Restrepo fue flor de un día. Qué la hinchada,  no en grado crítico como otras, sigue siendo irrespetada por los jugadores. Que como siempre, hoy se comenzará a repetir la canción aquella, “se oye un rumor lejano de….”

 

Este colapso me obliga a agradecer a los directivos de  Cápsulas por su queridura para publicarme mis comentarios, cómplices de amaneceres y del tintico mañanero; a todos los ciberlectores que sacan el ratico para leerlos y a quienes escriben sus amables comentarios.

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