Por Jorge Iván Londoño Maya.. //
Columnista Cápsulas.
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43.204 asistentes al “polvoriento” coloso de la 74, más conocido como estadio Atanasio Girardot, le dieron la bienvenida al partido de vuelta de la Copa Colombia, entre Medellín, en condición de dueño de la casa, y Nacional, de visita anunciada con toda la prole.
Wilmar Roldan, que se conoce de memoria la hoja de vida del genio de cada uno de los 22 jugadores, repite arbitraje con su pito hecho en oro con todos los quilates. También repite la pólvora en todas sus presentaciones, lo que obliga a retrasar el comienzo de ambos tiempos, hasta que el humo se haya disipado y por consiguiente las tensiones.
Medellín con Restrepo y los suyos, sale con León como único atacante. Nacional con Arias y los suyos, pone a Cardona por Rengifo, quien todavía acusa curitas, gracias al encontrón que tuvo en el partido anterior; reemplaza a Campuzano, que sigue campuenfermo, por Zapata, y por último le da continuidad a Haydar, para que haga de central derecho.

Uniformes oficiales bien aplanchados y almidonados, más un empate a ceros en el primer partido, permiten que estos noventa minutos se conviertan en sentencia ejecutoriada para elegir al campeón de este torneo.
El partido comienza cuando ya se pueden distinguir las relucientes dentaduras de Marino y de Arizala. A los 5 minutos gol anulado a León por fuera de lugar. Un minuto más y es Sarmiento quien le atina a pegarle al horizontal. Al minuto 10, Nacional, que se mostraba con más ambición de gol, arma un ataque vietnamita desde la mitad de la cancha; Cándido, que en este partido no lo fue, porque se avispó a sus anchas, comenzó la tocata, a la que se suma Cardona para hacer pase al fondo que capitaliza Sarmiento, éste a Morelos y éste a Cándido quien ve que Román viene entrando desde atrás, lo habilita y Román, en excelente gesto técnico, deja atónito a Aguerre y anota, el que a la postre fue el único gol del partido.
Minuto 17. Haydar en un exceso de confianza, que tuvo que enmendar Ospina, casi nos hace tragar el cabo; al final se pedía falta de Ospina a León, que no existió. Minuto 36, segunda tocata verde en la que interviene medio equipo, al final pase para premio Nobel de geometría de Sarmiento a Cándido, quien eleva el remate. Era el segundo. Al minuto 2 de adición es León quien imitando a “Cándido” manda un remate lejos de la portería de Ospina.
Regresa la pólvora para darle la bienvenida al segundo tiempo, y de paso para demorar el inicio del mismo. Nacional, “infiel” a su condición, le entrega al Medellín el desarrollo del partido y se anota para el contragolpe. Minuto 55, gran atajada rastrera de Ospina ante disparo de León quien estaba en fuera de lugar. Minuto 62, nuevo contragolpe de Nacional que termina con balón besando el vertical, enviado por Zapata. En el último suspiro es Tesillo quien salva el empate del rojo.
Wilmar le pide el balón a Aguerre y pita la finalización para que haga su entrada la octava copa de este torneo para las huestes verdolagas. Momento de abrazos para los ganadores, de preparar la tarima y también para que comiencen el caos, la agresión y el vandalismo.
En consecuencia, segundo año consecutivo en que los actos de premiación no se pueden hacer tal como lo estipula el protocolo, y se debe recurrir a una entrega casi que secreta de la copa. Habrá que pensar en suspender la premiación, y mandar las medallas y el trofeo por alguna empresa de encomiendas.
Un título que incrementa al patrimonio de logros de Nacional, pero que no logra tapar los desaciertos administrativos, el bajo rendimiento del equipo en el torneo regular, el cero aporte de los jugadores presentados como “refuerzos” y el bajón futbolístico de algunos jugadores llamados a ser los líderes de la causa.
Si se lograra compaginar los resultados económicos del equipo, al cual le apuntan los accionistas, con los triunfos, a lo cual le apuntamos los hinchas, obtendríamos el punto de equilibro ideal, y volveríamos a tener una institución marchando sobre rieles y no sobre trochas, que de sobra tenemos en nuestra amada Antioquia.
Para quienes me han honrado con su lectura, y también para los que siguen de largo, mi deseo sincero por unas navidades repletas de natilla, buñuelos, paz y amor; y un nuevo año pletórico de vida y salud.




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