Nacional salió desnudo en goles y tapándose con una hoja de Parra

BiPara Nacional ir al Campin a buscar contra Millonarios, lo que Parra impidió en el Atanasio. Así de sencillo . Foto @oncecaldas.

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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

 

Qué mejor marco que esas 40 mil personas presentes en el Atanasio, y los millones afuera, para celebrar los 36 años de haber alcanzado y alzado la primera Copa Libertadores que engrosó la lista de triunfos alcanzados por nuestro Atlético Nacional; con un invitado muy especial, el Once Caldas, que también ha probado de las mieles de ese preciado galardón.

 

El hecho de que Nacional sea La Cenicienta, en el tema de los horarios de sus partidos, ayer nos permitió ver a Cosiaca, como calentamiento y preámbulo del clásico entre verdes y blancos, que ayer vistieron  de negro fondo entero.

 

Como mucha gracia, el técnico Lorenzo permitió que Ospina, Román y Marino jugaran este partido, para calmar las aguas alborotadas por el desbarajuste, no llamado, que le armó a Nacional, justo en estas instancias finales. Ya veremos que disposición tiene de cada uno, poca o nada.

 

Para no perder la costumbre, el partido comienza con el dominio de Nacional. La defensa planta su bandera en la mitad de la cancha y desde allí comienza el reparto Rappi a izquierda o derecha. Como siempre, Cándido y Román arman su toldo bien arriba, y dejan solo y en grima su lote, lo que permite que al minuto 10 un jugador albo arme veloz carrera aprovechando la banda “sin músicos”, que regala Cándido; por fortuna su disparo sale desviado.

 

 

Avanzan los minutos y el partido es un monólogo verde; es la repetición de salidas, de volumen de ataque, de entre por aquí y salga por allá, devuélvase que no hay paso, probemos por acá; pero todas esas intenciones se estrellan contra la defensa merengue que hace un trabajo al mejor estilo de los filisteos.

 

Viveros y Morelos ponen la cuota de pesos pesados, pero tampoco superan la ardentía de los defensores peso gallo manizaleños, dirigidos por Hernán Darío Herrera, que en la raya pone cara de arriero con tres mulas caídas. Ospina nos sacó el ¡pucha! por un balón que le manda a Arias de extremo a extremo, que por poco rescata Dayro Moreno. ¿Se imaginan?

 

Un tiro libre a 22 metros nos alborota la ilusión, pero Arce manda el balón a los cielos para celebrar la ascensión del Señor. Termina el primer tiempo con un cambio en el Once por lesión de Rodas, y un descalabrado por totazo de Viveros. En resumen, muchas campanadas y nada de empanadas.

 

Un segundo tiempo calcado en posesión pero con mayor llegadas al arco, suficientes para que el portero Parra, el suplente para más señas, se consolidara como la figura del mes al atajar seis (6) claras oportunidades de gol; una de ellas remate pleno de Morelos producto de un laboratorio muy bien ejecutado, táctica que no habíamos visto en el verde, que entre otras, se debe aplicar igualmente en los cobros de tiros libres a la portería y en los de esquina, que hace rato se convirtieron en paisaje.

 

Otro laboratorio, estos si legales,  se produce en el minuto 67, Arce cobra una falta, pero a cambio de tirar al arco, le hace el pase a Marino quien saca potente disparo al arco, el balón pega en el horizontal y regresa justo a la cabeza de Zapata, pero el balón se anida en los brazos de Parra.

 

Un empate que le deja sabor de merengue al Once, y de algarroba al verde. Un empate que deja a Millonarios líder del grupo. Un empate que  ratifica la sequía goleadora del momento, después de haber tenido un caudal generoso de goles. Un empate que pone a tambalear la fortaleza de jugar en casa, virginidad que perdimos hace poco contra el Junior.

 

Este jueves tendremos que ir al Campin a buscar contra Millonarios, lo que Parra nos impidió en el Atanasio. Así de sencillo.

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