
Por Jorge Iván Londoño Maya. //
Columnista Cápsulas. //

El pasado fin de semana sonó el pito, anunciando que se acababa el enfrentamiento de todos contra todos, y se daba paso al inicio de los exámenes finales bajo la modalidad de eliminación directa, y para lo cual se conformaron las cuatro llaves con los ocho mejores del salón.
La llave A quedó conformada por Atlético Nacional y el Internacional de Bogotá, equipo que conocíamos como La Equidad, y que, por la llegada de nuevos accionistas, cambió hasta de sentado.
A Nacional también le sonó el timbre, para anunciarle que se le acababa el recreo en que convirtió, sin ton ni son, los dos últimos partidos, en particular el “jugado” contra el colero Pereira, que resultó ser la máxima expresión de la desidia y la irresponsabilidad.
Pero no solamente el timbre sonó para los jugadores, sino también para el técnico Arias, quien sigue haciendo gala de su pasividad para leer los partidos antes y durante; para dar sus explicaciones en blanco y negro y para prometer mañanas que se desvanecen.
Y no se crea, el timbre también le sonó a los directivos, quienes, además de sacar pecho con las contrataciones de lujo, pues, según ellos, mantienen un silencio sepulcral hacia la hinchada, con lo que generan un entorno de la institución a imagen y semejanza de cada aficionado.
Este sábado entonces, será la primera prueba de fuego, que posiblemente tenga como escenario el Nemesio Camacho, con lleno verde que le garantizará a Nacional jugar de local, ventaja que esperamos que esta vez sí sea aprovechada y respetada por los jugadores y el cuerpo técnico.
Será, pues, el primer examen para volver a la actitud y entrega de cada jugador, a la exactitud en los pases, los centros, los tiros de esquina y los tiros libres. También para regresar a la eficacia frente al arco contrario; cualidad que se escabulló como agua entre los dedos; a la creación de un juego fluido que no se ahogue en una desesperante lentitud para salir; a la estrategia, ojalá militar, para contener al enemigo y defender con propiedad el arco propio.
Esta primera prueba también lo será para el técnico, para conocer al contrario como la palma de la mano, para seleccionar a los jugadores idóneos para cada puesto, con tareas afines a sus condiciones, con estrategias que garanticen un potente ataque y una férrea defensa. Con un comportamiento activo en la raya, compenetrado con los jugadores y no ajeno y distante.
En las estadísticas quedan los 35 goles marcados en estas 19 fechas; los 15 goles en contra, los 13 partidos ganados, uno empatado y 5 perdidos, todos en condición de visitante. A futuro quedan los 40 puntos alcanzados, que bien pudieron ser 46, y que ubican al verde a la fecha en el primer lugar de la reclasificación; y que, de sostenerse, le puede significar un cupo directo a la Copa Libertadores, lo que también se puede alcanzar al quedar campeón, pero si hay alguien que lo pueda garantizar, que tire el primer volador.
Queremos volver a ver a un Ospina gigante en el arco, garante del equipo como capitán, intrépido e inteligente. A un Román sobrio en defensa, generoso en ataque y atrevido para anotar. A un Haydar ágil, recursivo y potente. A un Tesillo arrojado, inteligente, mandón y líder de la defensa. A un Casco fuerte en la marca y decidido al ataque. A un Campuzano estandarte en el medio campo, con su potencia para contener y su habilidad para sacar el equipo. A un Zapata guerrero, inteligente, pausado y sereno. A un Rengifo inspirado, con la creación de Miguel Ángel en sus guayos. A un Bello comprometido en mostrarnos que tiene talento y actitud y que sea el émulo de su compatriota Alejandro Guerra, que grabó su nombre en la segunda Copa Libertadores. A un Sarmiento luchador, goleador y echado para adelante. A un Morelos goleador, potente y determinante arriba y a un Nicolás Rodríguez punzante y solidario con el compañero mejor posicionado.
Así es apreciados amigos, sonó el timbre y se acabó el recreo.





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