Capsulas de Carreño

Nos pusieron en pausa. Por Jorge Iván Londoño

 

Por Jorge Iván Londoño.

 

*Ayer fue un domingo vestido de jueves. Faltó el gol, faltó el ecocardiograma que nos hace Nacional cuando juega..

Imagínense, un virus microscópico puso en pausa a la humanidad. La misma que se jacta con sus armas nucleares, se pavonea con su avanzada tecnología y se enorgullece con su modernidad.

Ese microscópico virus no solo nos puso en pausa, sino que logró hacer a un lado el belicoso vivir del mundo, para entrarnos a nuestro desconocido mundo interior, no sin antes hacernos interesar por nuestro exterior. ¿Cuándo nos habíamos protegido con paños, pañitos, toallitas y pañuelos, para de paso proteger  a otros? Nunca creímos que nos volveríamos alcohólicos de su presentación en gel.

Por primera vez el mundo se inclina ante un microscopio, para conocer a su enemigo que en poco tiempo logró aislar  países y personas. Por primera vez miramos a los vecinos del frente. Por primera vez oímos cantar en los balcones y las ventanas, y aplaudir desde las casas el trabajo de médicos y enfermeras.

¿Cuándo habíamos desinfectado nuestras manos con  conducta de monje?, ¿Cuándo con tanta fuerza las barandas de nuestras escaleras? ¿Cuándo con tanta meticulosidad los celulares o el teclado del computador?

Hoy, un lunes vestido de lunes, muchos papás están en sus casas trabajando en forma virtual, y lo que es escaso,  ayudando a sus hijos a no desconectarse del estudio. A los abuelos nos pusieron en retiro espiritual “voluntario”; nada más propio para recordar pasajes de nuestra vida familiar, para seguir leyendo el libro que hace tres meses dejamos en la página 7, para desempolvar lo que guardamos como el mejor de los tesoros, la factura de la mueblería en donde compramos los muebles para casarnos, la lista de invitados al matrimonio, el ombligo disecado de los hijos, y otros tantos recuerdos que hace parte de nuestro inventario de vida; o quizás para releer las ocurrencias que alguna vez salieron de nuestra inspiración. El solitario, el sudoku y el ajedrez no se rinden, y nos siguen guardando su fidelidad.

Ese pequeño virus, que si tiene corona, nos hizo archivar todas las formas de saludo y desempolvar la mirada a los ojos. Nos puso en nuestro sitio, tú allá y yo acá, lo que nos permite vernos de cuerpo entero. Nos puso a los esposos a darnos las buenas noches sin beso. Cuándo íbamos a pensar  que la más sana recomendación es no asistir a misa. ¡Por Dios!

Ayer fue un domingo vestido de jueves. Faltó el gol, faltó el ecocardiograma que nos hace Nacional cuando juega, faltaron los goles de Europa, faltaron las ciclovías, faltó la rodaja de piña y la paleta, faltó el parqués de familia.

Y mañana será un martes vestido de jueves, veremos como el contador de contagiados y fallecidos crece sin ninguna misericordia,  ante la mirada, ahora sí crédula, de 7.700 millones de personas desnudas de defensas, confinadas por fortuna, y lo único bueno, en el más amoroso y caloroso pedacito de cielo, que aún nos queda…….nuestra casa.

Gracias al coronavirus supimos con creces lo nada que  somos como humanidad, y lo mucho como crueldad.

“Por algo suceden las cosas”

Jorge Iván Londoño Maya
Un lunes 16 de marzo 2020

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