Capsulas de Carreño

Ortega Pabón y el rastro de las fotos

 

 POR WILLIAMS VIERA, desde USA.

 

Cada día que transcurre es inevitable que nos encontremos, a la vuelta de la esquina, con una sombra que nos acompaña a donde vayamos así no la veamos porque es el secreto de la existencia, pero a la vez, es el enigma que nos hace llorar en el momento de la partida.

La muerte, así no queramos, es uno de los temas de conversación que más se evitan entre el género humano. Sin embargo, en este instante las palabras escasean y podemos, con el permiso de Alberto Cortez, cantautor y poeta argentino nacionalizado español, decirle a Segundo Ortega Pabón que ‘‘cuando un amigo se va / Una estrella se ha perdido / La que ilumina el lugar / Donde hay un niño dormido / Cuando un amigo se va / Se detienen los caminos…’’.

 

Segundo Ortega Pabón nunca soltó su ‘fusil’ para realizar su trabajo de reportería gráfica.

Segundo Ortega Pabón, a los 75 años y natural de Cali, se fue de este mundo y quizás, con el mamagallismo que lo caracterizó, llevará una cámara de fotografía para mostrarnos en cualquier pestañeo qué hay detrás de la muerte y lo hará, posiblemente, a través de una Nikon, de aquellas cámaras que tenían rollos de película, y que él cargaba para realizar las imágenes que salían en los diarios El Tiempo, El País de Cali y Occidente al igual que en el semanario Balón sin que nos olvidemos que estuvo en la revista del América.

 

Los recuerdos vibran

Ya sabemos que la belleza y la muerte son dos cosas profundas, pero en el momento de la partida empiezan a vibrar los recuerdos en medio del galope de su ida para cumplir con el destino final.

‘‘Segundo Ortega era un buen amigo. Nada egoísta’’, han expresado compañeros de oficio como James Arias, quien lo tuvo como subalterno en el diario El Pueblo por allá en 1980.

Y es que, en ese año, para ser más exacto, en noviembre, Ortega Pabón se presentó ante Arias para trabajar y le dijo: ‘‘Señor James, yo le cubro todos los deportes, excepto el boxeo’’.

James lo miró sin reservas, se apoyó en la mesa del laboratorio con las dos manos mientras esperaba la magia del revelado y le preguntó con un interés real.

‘‘¿Y por qué no cubriría boxeo?’’.

‘‘Muy simple. En el momento que suena la campana dicen ‘fuera los segundos’. Y usted bien sabe, mi nombre es Segundo’’, le dijo Ortega Pabón y le tendió la mano.

‘‘¡Que buen apunte!’’, respondió Arias.

Y es que en el momento de la muerte se puede llorar por quien se fue, o se puede reír por lo que vivió. En el caso de Segundo Ortega Pabón, con quien compartimos muchas horas de trabajo en el quehacer periodístico, mostraba su seriedad en lo que hacía y buscaba que las fotos del evento que cubría cumplieran con los estándares de calidad que se le exigía.

Ese punto lo llevaron a la revista del América durante la época en que estuvo Gabriel Ochoa Uribe y sus tres subtítulos en la Copa Libertadores en 1985 ante Argentinos Juniors; en 1986, River Plate acabó con el sueño; y en 1987 se produjo la derrota más dolorosa ante Peñarol y faltando 8 segundos se produjo el contraste.

‘‘Se quemó el pan en la puerta del horno’’, dijo Ortega Pabón un día en la redacción de El Tiempo-Cali Valle en la época en que estaba Alejandro Moya como editor con respecto a aquel suceso.

Aquellas finales para la hinchada de los ‘diablos’ fueron, como tituló el escritor Umberto Valverde en la revista del América, ‘‘verdaderas cuchillas en el corazón’’.

 

Una mirada en el retrovisor

 

Los Ortega, padre e hijo, en el Pascual Guerrero, antes de un partido del América.

Mientras trabajaba, en los primeros años, en los medios impresos de Cali, un día un sobrino, Hernando Aragón, quien tenía un negocio de fotografía en el Edificio Hormaza, ubicado en la carrera 5 No. 10-60, le dijo a Segundo: ‘‘Tío, le voy a dejar a usted, mi negocio ‘Fotografía Aragón’, para que lo administre’’.

‘‘¿Y por qué?’’.

    ‘‘Me voy para Los Ángeles. Usted bien sabe que mi negocio está bien cotizado entre la sociedad caleña. La persona que no es fotografiada por nosotros nadie lo conoce’’, le dijo el sobrino con una sonrisa.

Aquel negocio fue de los primeros en los que trabajaban la fotografía social e industrial con objetivo comercial.

‘‘En aquella época estaba inclinado a trabajar en los periódicos. Eran otros tiempos. Los que ingresábamos a una sala de redacción era como si la tinta fuese un fluido en nuestras venas mientras el aroma que sentíamos con los químicos para revelar la fotografía, además del olor del papel impreso, nos impulsaba a presentar una mejor fotografía para el diario de mañana’’, nos dijo Ortega Pabón, en una charla en la oficina del semanario Balón en la que estaban, además, Jairo Chávez Ávila, Jorge López Tulande y Mario Enrique Agudelo.

En ese momento, Luis Enrique Delgado y Alberto Marulanda, periodistas deportivos de Occidente, llegaron a la tertulia y lo interrumpieron.

‘‘Entonces, Segundo, no vuelvas a usar ni lapiz ni bolígrafo para escribir. Usa uno de los dedos’’, dijo Delgado, conocido como ‘Palito’.

Ortega Pabón soltó una sonrisa al igual que los demás contertulios.

 

Cuestión de fe

Ya sabemos que el fotógrafo que trabajaba, antes de este tiempo digital, no tenía las cosas tan sencillas, pero la imaginación y la creatividad con que realizaba su trabajo, sorprendía debido a una cuestión de fe.

Y Ortega Pabón lo demostró en su trabajo y le enseñó los secretos del oficio a su hijo, Carlos Ortega, quien trabajó en El Tiempo y hoy, en la agencia de noticias EFE, continúa con el legado en el arte de la fotografía o como dicen los españoles ‘‘de la imagen’’.

Muchos aseguran que Ortega Pabón había nacido en Pasto, Nariño, pero no fue así. Sus padres, Patrocinio y Rosa, eran de allá y procrearon ocho hijos, el menor era nuestro personaje de este obituario.

Isbelia, esposa de Ortega Pabón, estuvo casada 49 años con él. Las Bodas de Oro las iban a celebrar en enero próximo junto a sus hijos, Tatiana, quien vive en España, hace 20 años, y Carlos.

Y como lo reseñó el diario Occidente en su momento, hijo de tigre sale pintado. Segundo y Carlos en un momento de distracción con sus cámaras fotográficas…

Una anécdota

Podemos cerrar los ojos y rezar para que vuelva el ser querido o abrirlos y ver y ver todo lo que ha dejado. En este caso, Carlos Ortega dijo para esta crónica, un detalle que refleja lo que era Segundo y su profesión de contar historias a través de la fotografía:

‘‘Un día, en la redacción de El Tiempo-Cali Valle, Alejandro Moya me dice: ‘¿Qué vamos a hacer con el puesto que dejó James Arias, quien se fue para El País?’. Entonces, le contesté: Podemos contratar a mi papá. Tiene experiencia. Imagínese, el hijo fue el jefe del papa cuando él me había enseñado lo que sé. Trabajamos juntos sin problema’’.

Y para cerrar esta historia digamos que nunca se quejó y ‘‘el buen humor lo tuvo a flor de piel porque la chispa la tenía adelantada’’, como decían sus compañeros de oficio. Él se sentía feliz, cada vez que recordaba, que era el único fotógrafo que estuvo en las cuatro finales del América en la Copa Libertadores, incluyendo, otra vez, a River Plate en 1996 cuando el conjunto de los ‘diablos’ estaba dirigido por Diego Edison Umaña.

‘‘Lo que viví como fotógrafo fue increíble’’, nos dijo en una ocasión mientras aseguraba que Papá Dios lo cuidaba siempre. ‘‘Uno no debe desesperarse por nada. Él nos manda al muchacho para que nos de consuelo. Ya saben, el muchacho es Jesús’’.

Podríamos seguir escribiendo pequeñas historias de Segundo Ortega Pabón porque sus fotografías dejaron rastro. Las dejaremos para después mientras sus amigos y allegados dicen que él vivió, se arriesgó e hizo lo que quiso en el oficio que le dio el sustento a él y a su familia, pero lo más importante: No se impidió ser feliz…

Paz en la tumba de Segundo Ortega Pabón, fortaleza a su esposa, hijos y familiares mientras gime el alma de sus amigos.

 

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3 comentarios

  1. Oscar

    3 agosto, 2021 at 1:23 pm

    POR CRÓNICA DE WILLIAMS VIERA
    Bn unos recuerdos de quienes vivieron como ud, un periodismo con el alma y el canto de un ruiseñor. Buena cosa señor Williams.
    Oscar [[email protected]]

  2. Victor H Restrepo Tapias.

    3 agosto, 2021 at 1:03 pm

    POR EL FALLECIMIENTO DE SEGUNDO ORTEGA
    Tuve la oportunidad de compartir muchos momentos con Segundo Ortega, ya no ejercía comercialmente su labor, simplemente prestaba sus servicios a los más allegados con fotografías sociales.

    Todo un señor, todo un caballero dado al servicio de la gente, era anestesiante su conversación no se sentía el tiempo narrando sus experiencias como fotógrafo y más hablando de sus experiencias con América, me fascinaba que me repitiera varias veces sus anécdotas.

    Paz en su tumba y que el Todopoderoso lo reciba en su gloria, mucha fortaleza y esperanza para su familia.
    Víctor H. Restrepo Tapias, Cali

    Hincha de Nacional
    Cali.

    • Daniel Restrepo

      4 agosto, 2021 at 12:28 am

      EN RESPUESTA A VÍCTOR H. RESTREPO TAPIAS
      Victor. Entonces de bacaneria, compartanos esas anécdotas. Si? Vea que yo, yo feliz sería leyéndolas.
      Daniel Restrepo, Los Ángeles, hincha de América

      Hincha de America
      Los Angeles

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