Otra derrota del DIM: ¿Podíamos esperar algo diferente?

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Por María Victoria Zapata B. //
Columnista Cápsulas. //

Volvió a perder el Deportivo Independiente Medellín anoche, En su juego de la
novena fecha, ante Atlético Bucaramanga, en el estadio Atanasio Girardot, y ante
la presencia de 15.233 hinchas, que fueron nuevamente testigos de una de las
peores expresiones de fútbol vistas en el Equipo del Pueblo en mucho tiempo.

Y es que con ese libreto cada vez más errático del cuerpo técnico rojo, esas
alineaciones, ese módulo, ese fútbol carente de todo, esos “refuerzos” y esos
dirigentes, ¿podíamos esperar en el DIM algo diferente a la derrota, 1-2, en la
noche anterior, o a la humillante y prematura eliminación en Liga, que se
determinará en una o dos fechas más?

¿Qué podíamos esperar de un DIM que anoche, de manera inexplicable, saltó al gramado con un cuestionable onceno titular y del que no hicieron parte los jugadores Frank Fabra, Didier Moreno ni Hayen Palacios, jugó al inútil e improductivo pelotazo, careció de serenidad y de un líder en la cancha, se ahogó en su falta de claridad e idea?

¿Qué podíamos esperar de ese improcedente y pernicioso esquema con una línea de tres que no cuenta con zagueros medianamente idóneos para su implementación, de un equipo que se refuerza con un armador que en mitad de campeonato no ha jugado más de 10 minutos, y de un delantero centro cuya transpiración y sacrificio no disimulan su orfandad y falta de apoyo y gol en el terreno de juego?

¿Que podíamos esperar de un DIM en el que la conformación de la nómina y la contratación de jugadores obedecen expresamente a intereses ($$$) personales y están en contravía tanto de las necesidades y prioridades del equipo como de la fijación de metas y logros deportivos y de competencia, su razón de ser, de un equipo en el que la “construcción” de una nómina cualificada, competitiva y con firmes cimientos deportivos no cuentan para una dirigencia cuyas acciones y ejecutorias se focalizan en otro tipo de construcciones?

¿Qué podíamos esperar de un DIM en el que no existe equivalencia entre el lenguaje e ideales del hincha con los de la dirigencia, canales de comunicación tangibles y efectivos entre directivos y aficionados, ni un código que muestre afinidad ni identidad en las oficinas y graderías del estadio, porque los únicos rojos corazones que palpitan por Independiente Medellín son los de una hinchada cada vez más ignorada, despreciada e irrespetada?

Habría lugar acá, en esta doliente columna, para mil y un interrogantes más, para muchísimos cuestionamientos más, pero las respuestas las encontramos en cada vergonzosa presentación del DIM, en cada humillante derrota, en cada fracaso que se añade a la ya muy extensa lista de ellos, desde el año 2016, cuando se obtuvo la sexta y última estrella poderosa.

Lo que no hay lugar es al embeleco de hacernos creer, como si fuéramos seres sin capacidad de comprensión ni raciocinio, que el único culpable de la derrota de la novena jornada, 1-2, ante Bucaramanga fue el arquero Aldair Quintana, de gran trabajo en dicho compromiso, o que el reciente paso a llave 3 de Libertadores es la única aspiración roja para el año en curso, que el DIM ya hizo la tarea en el año 2026 y que el triunfo y posterior empate en la llave con Liverpool de Uruguay tienen la cualidad de ocultar y hacernos olvidar tanto desatino, tanto fracaso y tanta amargura.

Porque la realidad es otra: Al DIM lo están acabando. Y lo están haciendo desde su sede administrativa, su propia dirigencia, con su falta de empatía afectiva con el equipo, con su ceguera y sordera frente al clamor de la hinchada, la incompetencia del cuerpo técnico y el bajísimo nivel de los mal llamados refuerzos, con unas políticas dirigenciales que debilitaron su nómina hasta degradarla por completo, distorsionaron el amado uniforme hasta convertirlo en una valla publicitaria ambulante, le permutaron y arrebataron al equipo su objeto institucional y deportivo de alta competencia y desterraron a una afición cansada y agobiada por tanto irrespeto.

Con un DIM que no tiene más dolientes que su hinchada por cuanto las expectativas de sus dirigentes no trascienden el propio interés económico, con un DIM que perdió su rumbo y se desmoronó desde cuadrangulares del campeonato inmediatamente anterior, un cuerpo técnico que carece de claridad, de trabajo y de razones para continuar en la dirección del equipo, una nómina liviana mental y deportivamente, un fútbol rojo inexistente y, con una que otra excepción, desde hace 20 fechas con las derrotas constituidas en el común denominador de un equipo hoy sin brújula ni guías en el gramado, en el banco técnico, ni en sus oficinas, ¿Podíamos y podemos esperar algo diferente a la derrota de anoche, ante Atlético Bucaramanga, y a todas las que le antecedieron?
[María Victoria Zapata B.]

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