Capsulas de Carreño

Otra dimensión de futbolistas… Por Ramón Pinilla.

Ignacio Fernández, River Plate. Con el argentino en la cancha se intuye que algo va a pasar. Lleva el partido a otra dimensión. Foto tomada de http://www.latrochadigital.com.ar

Por Ramón Pinilla.

*El Diario El País de Uruguay elige año tras año al mejor jugador de Suramérica. Desde esta columna le abreviamos la tarea para nombrar al mejor de 2019.

Pasada la Copa América y cerca de encontrar a los finalistas de la Copa Libertadores, está servido el escenario para identificar al mejor jugador del continente. Nunca hice parte de las votaciones para consagrar en Montevideo al mejor jugador de este lado del mundo. Por ello este texto no se puede considerar como un sufragio, sino como un sentir del desarrollo del balompié en Sudamérica este año. Desde esta premisa, son dos los futbolistas candidatos a quedarse con el honor.

El brasilero Everton de Gremio de Porto alegre y el argentino Ignacio Fernández de River Plate, son los dos deportistas que más merecen el premio. El primero conquistó la Copa América y fue goleador de la misma junto a Paolo Guerrero, mientras que el segundo hace parte de una supremacía histórica para el balompié sudamericano, quizás como su mejor exponente lírico. Con ellos en la cancha se intuye que algo va a pasar. Llevan el partido a otra dimensión. Lo descongestionan con inteligencia y lo purifican con circulación, cambios de ritmo y ocupación de los espacios vacíos.

Encarnan ambos una búsqueda que combina dinámica colectiva con fantasía individual. El brasilero con velocidad y gambeta, el argentino con juego asociado y desnivel por las dos bandas. Potencian e incentivan el juego colectivo, la dinámica al servicio de los objetivos y la tenencia como arma fundamental para desequilibrar resultados. Son jugadores especiales para sus equipos desde una perspectiva: tratándose de Brasil o Gremio en el caso del brasilero y de River Plate en el del argentino, al frente siempre estarán elencos que esperan con ocho o nueve jugadores en los últimos 30 metros. Y para descifrar esos enigmas tácticos, los dos son realmente astutos.

Quisiera pensar que no depende del resultado la elección porque eso alimentaría el canibalismo que vivimos por la estadística. Este tipo de honores deberían estar identificados simplemente con el juego. La suma de los matices de cada uno debería determinar la elección, no si ganó la Copa América Everton y la Libertadores Fernández, o el mismo brasilero. Para llegar hasta allá, necesitaron a todos sus compañeros, y este es un premio netamente individual. Entonces, ¿con qué quedarnos? ¿La convicción e ingenio de Fernández, pasos previos para la contundencia, o con la pausa y movilidad del brasilero, paso previo para darle sentido al vértigo?

La decisión final dependerá, para nuestro criterio, del sentir de cada uno de nosotros, si prefiere la elaboración o la finalización, y para enero de 2020 cuando conozcamos oficialmente al ganador, de la sumatoria de votos de periodistas que sincronizaron su mente y su corazón para escribir su candidato.

El asunto es que no es fácil decidirse ante dos hombres que entienden el fútbol como un deporte que está en permanente armado y desarmado: defensa y ataque, propio y del rival. Pero también están atentos a utilizar la pelota, como en concentrarse en lo que propone el equipo del frente.

Eso sumado a una alta dosis de perseverancia puesta al servicio de la búsqueda de un objetivo común: agradar al espectador consiguiendo el resultado. ¿Los goles de Everton o el juego atildado de Fernández? Desde mi humilde opinión, la impronta de Fernández me ha dejado más marcado el corazón en este 2019.

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