Capsulas de Carreño

Para Gallardo no es pegar sino pensar.. Por Ariel Cristófalo, ole.com.ar

 

Por Ariel Cristófalo, ole.com.ar

 

 

 

*No hay que ahogarse en la literalidad de los subtitulados: el pedido de Gallardo a Rojas es tan claro como el déficit del defensor paraguayo.

No creemos que haga falta aclararlo, pero Marcelo Gallardo no quiere ver a ningún rival con el tobillo roto: la literalidad es un problema general del que deberíamos escapar. El técnico de River hablaba de otra cosa, de algo que de hecho ya se advertía últimamente: que a Robert Rojas le falta cierta malicia futbolera.

El paraguayo tiene un argumento a favor: en los duelos personales su performance suele ser casi perfecta. Gana en velocidad y es un tiempista para extirpar pelotas con rigor de cirujano. Pero tanto se confía de sus cualidades en este punto, que el apodo que le pusieron funciona como un oxímoron. Y él nunca lo negó: “No es mi fuerte hacer muchas faltas, no soy de dar demasiadas patadas. Trato de usar mi velocidad y anticipar todas las veces que pueda. El apodo lo tengo medio al pedo, no soy de pegar mucho”, admitía RR en enero.

El tema, claro, es que la confianza en su propio timing es tanta que lo ciega cuando el costo-beneficio es desproporcionado: la jugada con Tevez del sábado es un buen ejemplo.

Cuando fallar es un gol en contra que te puede privar de ganar un superclásico, ahí es conveniente hacerse duro, citando al Muñeco. Es una condición que debe tener el 2 de River para Gallardo. ¿Pegar patadas? No: ser inteligente. Evaluar cuándo es conveniente cortar un eventual ataque rival, cuándo marcar presencia con el físico.

Algo que para Maidana, el zaguero por excelencia de este ciclo, era un arte. JM fue, de hecho, el silencioso tutor de varias camadas de centrales que lo acompañaron en las aventuras de conquistar América. Pinola, otro defensor sabio, terminó de moldear en el último tiempo a Martínez Quarta: su exceso de seguridad inicial para salir por abajo es bastante comparable al caso de Rojas en otro sentido, y el Chino lo superó.

El Sicario, pues, tiene el crédito abierto para salir del oxímoron, pero ¿tiene buena compañía en Paulo Díaz para hacerlo?

Compartir:

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *