Capsulas de Carreño

Para lo que hay que ver… Por Luis David Obando..

Si de pronto el coronavirus lo afecta para bien, bienvenido sea el retorno del rentado nacional. Foto tomada de @https://depor.com/

Por Luis David Obando
Columnista Cápsulas

 

* Aunque sin duda hace falta, en el fondo no se imagina uno cuál es el afán para que retorne el fútbol colombiano.

 

— 

Quién lo creyera: el mismo Presidente de la Dimayor que con soberbia advirtiera al Gobierno que con gusto le pasaría la factura si le interesaba la transmisión de un partido de fútbol por jornada y por señal abierta, semanas después se pone en plan de plañidera pidiendo recursos oficiales para el fútbol, afectado, como todo el país, por la emergencia sanitaria ante el coronavirus. Con esa “lógica”, y con los guayos más que con la cabeza, se está manejando el fútbol colombiano.

Y ahí está: el mundo no se acabó por la falta de fútbol. Que hace falta, nadie lo niega, pero tampoco es que en nuestro medio la diferencia entre la actividad y la para sea mucha. Solo hay que reflexionar, mientras pasa la cuarentena, en lo que nos espera cuando se reanude la Liga Betplay:

  • Jugadores pasando de allá para acá la pelotica, al paso cansino de un volante que quiere evitar la fatiga, buscando de reojo algún hueco por donde hacer un centro, a ver si se da el milagro de que alguien lo recoja y genere alguna emoción en el pórtico adversario.
  • Delanteros que ven el área y, en lugar de intentar un acercamiento o un pase, optan por hacer del rectángulo una piscina y se van de clavado circense, sin que la pobre actuación les valga al menos la amarilla que para estos casos ordena el reglamento.
  • Futbolistas que ante cualquier leve mirada del contrario caen y se retuercen durante minutos, mientras sus compañeros pechan al árbitro y lo increpan casi hasta ponerlo en fuga, pidiendo tarjeta amarilla para el infame agresor.
  • Árbitros que se dejan hacer esa y muchas más: regaños de los jugadores, palabras de grueso calibre, manotazos de mal genio y desaires dando la espalda al recibir amonestaciones; para luego salir con un acto teatral de “autoridad” gesticulando airadamente y mostrando el reloj.
  • Esos mismos u otros árbitros que se equivocan en sus apreciaciones hasta teniendo la ayuda del VAR, y se sostienen en ellas contra toda evidencia humana y sobrehumana… Y todo para ser nombrados como jueces del partido más importante de la siguiente fecha.
  • Arqueros que con la primera voladora quedan lisiados, o al menos esa impresión dan por las volteretas quejumbrosas y los rictus de un supuesto insoportable dolor. Lo mismo les pasa cuando les toca cortar desde el piso un avance o cuando salen a puñetear mal en un tiro de esquina.
  • A propósito, tiros de esquina que convierten las 18 en cuadriláteros de lucha libre, sin que el árbitro haga más que gesticular, parar las acciones y volver a regañar, porque las sujeciones y hasta puñetazos siempre terminan impunes. Igual puede decirse del cobro de los tiros libres, cada vez más eternos en su ejecución.
  • A todas estas, el reloj sigue su marcha y, pasados los minutos, no se cuentan tiros directos a ninguno de los dos arcos.

Si eso es lo que hay que ver, no se imagina uno cuál es el afán para ver de nuevo el fútbol colombiano. A no ser que el coronavirus lo afecte para bien, y de pronto, por algún extraño efecto colateral de la pandemia, borre todo lo anterior para escribir una nueva historia de calidad en el rentado nacional.

Compartir:

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Back to top