Capsulas de Carreño

PAZ en los estadios. Por Luis David Obando.

luis-david-obando
Por Luis David Obando

 

* Respetar el color de una camiseta, primer paso para la tolerancia que nos lleva a la sana convivencia.

 

¿Quién podría pensar que podría haber mejor noticia para Colombia que el 1-0 que la Selección le propinó a Paraguay, en su propia casa del Defensores del Chaco, por la Eliminatoria a Rusia 2018? Nadie hubiera imaginado que algo pudiera superar la euforia de ese gol de Cardona a dúo con Bacca, y el sentido de esperanza con el que luego nos fuimos a la cama, por ver el Mundial otra vez cerca.

Y ocurrió: en nombre de Colombia, el presidente Juan Manuel Santos recibió el anuncio de la obtención del Premio Nobel de la Paz 2016. ¿Es este un tema de políticos? Con seguridad, no, pues esa palabra ‘paz’, aunque esté tan gastada de tanto repetirla y hasta manosearla, es la que nos hace falta en todos los escenarios del país. Y los estadios de fútbol no son ninguna excepción.

Así como puede dar vergüenza que el resto del mundo reconozca los esfuerzos de paz colombianos y nosotros sigamos discutiendo minucias de cómo y con qué condiciones hacerla, da mucho más que pena que el país sea hoy ejemplo de paz por cuenta de un Nobel, y un ciudadano del común no pueda ir a un estadio porque sabe que es equivalente a soportar una horda de energúmenos que, disfrazados de hinchas, no permiten gozar lo que es el fútbol: un espectáculo de disfrute familiar.

Se cansan todos los atletas de todas las especialidades de repetir e incluso practicar que el deporte es en sí mismo la esencia de la disciplina personal, del aporte al esfuerzo colectivo y, por esa vía, de la más sana de las convivencias. Qué buen argumento frente a los que neciamente insisten en ver un partido de fútbol como una guerra o, mínimo, como una batalla.

Como en asuntos de orden público, la paz no se alcanza en los escenarios militares o policiales sino en la conciencia de cada uno de las personas. No es cuestión de reclamar represión ni de lo contrario, ‘dejar hacer’, sino de por fin entender que la paz tiene que estar en el corazón y el pensamiento de cada cual, llámese como se llame, incluso ‘hincha’.

Cuando la hinchada consista en cánticos, trapos, aliento permanente y acompañamiento fiel, sin ningún mínimo asomo de agresión, ese día podremos hablar de verdaderos seguidores de equipos de fútbol, es decir, de escuadras deportivas. Así, no tener diferencias en el respeto al color de una camiseta, puede ser un primer paso para que nos respetemos y convivamos sin importar colores de piel o cualquier tipo de diferencias físicas, sociales o de cualquier otra índole.

Si así ocurriere, podremos decir que estamos a la altura de un Nobel de Paz: tanto en Oslo como en Bogotá, y como en toda gramilla y gradería de cualquier estadio de cualquier ciudad del país. Así sea.

Compartir:

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Back to top