Capsulas de Carreño

Pecoso, un intenso arquitecto

Fernando 'Pecoso' Castro no solo es el técnico del Deportivo Cali, sino uno de sus más fervoroso hinchas.  Foto José Luis Guzmán / El País

Fernando ‘Pecoso’ Castro no solo es el técnico del Deportivo Cali, sino uno de sus más fervoroso hinchas. Foto José Luis Guzmán / El País

 

“Si yo me doy cuenta de que un jugador se vende, es desleal o infiel, me mata o lo mato, porque no puedo aceptar un futbolista que sea mala gente”.

Fuente: El País

Así, de ese tamaño, son la rectitud y transparencia que Fernando ‘Pecoso’ Castro pregona en el fútbol y es lo mínimo que les pide a los jugadores que están bajo su mando.

El técnico del Deportivo Cali lleva el fútbol en la sangre porque desde muy pequeño lo incorporó a su estilo de vida cuando decidió ser recogebolas en el desaparecido estadio Fernando Londoño de Manizales.

La bendición definitiva la recibió precisamente una noche en que jugaban el Once Caldas y el Deportivo Cali, cuando el entonces presidente de los azucareros, el desaparecido Álex Gorayeb, le puso la mano en la cabeza en señal de saludo.

Desde ahí el ‘Pecoso’ supo que su destino estaba marcado de verde. Y en efecto, después de jugar en Once Caldas y en el Quindío, en 1977 aterrizó en la capital del Valle y se enfundó la camiseta de un Deportivo Cali que hizo historia porque, un año después, fue el primer equipo en llegar a una final de la Copa Libertadores.

En esa época se ganó la fama de mañoso por las tácticas poco recomendables para frenar a los delanteros contrarios.

“A mí me pueden decir lo que sea, pero menos que fui malintencionado”, se defiende cada que alguien  le toca el tema. Y es que el ‘Pecoso’ era un lateral izquierdo aguerrido y fuerte, que se las arreglaba como podía para evitar que un puntero derecho le hiciera la fiesta.

Castro estuvo hasta 1981 en la escuadra verdiblanca y jugó en otros clubes hasta que colgó las botas en 1984, para comenzar a dar sus primeros pasos como entrenador.

Quindío, Cúcuta y Envigado fueron el laboratorio antes de llegar al Cali como técnico. Lo hizo en 1995 y un año después salió campeón con los azucareros, en lo que había sido su único gran logro hasta ayer, cuando conquistó su segunda estrella en el fútbol colombiano.

Quienes trabajan con él aseguran que el ‘Pecoso’ no deja nada al azar. Cuida hasta los más mínimos detalles para conseguir el objetivo. Ve muchos videos del rival de turno, está encima de los jugadores con su cantaleta para mantenerlos despiertos y en cada partido gesticula y manotea cuantas veces sea necesario en señal de inconformismo por algo que no se hace bien.

“Él es intenso, grita y manotea todo el tiempo; pero uno sabe que es para el bien del equipo”, dice ‘Guigo’ Mafla, uno de sus pupilos en ese Cali campeón de 1996.

“La primera charla técnica que tuvimos con él me asusté mucho porque para explicar una cosa se tiró al piso y parecía que le estuviera dando algo”, aseguró el argentino Hernán Hechalar, a quien ‘Pecoso’ dirigió en el Atlético Huila.

Con su inconfundible temperamento, del que dice que  , y con su particular estilo de vivir y de sentir el fútbol, este técnico manizalita encontró ayer la gran recompensa al ganar su segundo título en el fútbol colombiano.

Y es la segunda estrella que le regala al Deportivo Cali, el equipo del que dice tener un amor profundo que nació por allá a finales de los 50 cuando, siendo un niño, el entonces presidente del Cali, Álex Gorayeb, lo saludó poniéndole la mano en la cabeza. Desde ahí supo que su destino estaría marcado por el color verde.


Un equipo que también aportó todo

Un grupo de profesionales en diferentes áreas asesoraron al ‘Pecoso’ Castro en este arduo trabajo que terminó ayer con el título del fútbol colombiano.

 

Preparadores físicos, médicos, fisioterapeutas, kinesiólogos, utileros y periodistas hicieron un decidido aporte durante este semestre, manteniendo al equipo en inmejorables condiciones en todos los aspectos, apto para afrontar un torneo bastante reñido.
La labor de los preparadores físicos en cabeza del profesor Juan Carlos Conde fue vital para que el equipo corriera cada 90 minutos de un partido.
Y la disponibilidad de la nómina también fue determinante y en eso contribuyó el departamento médico que orienta el doctor Gustavo Portela y que tiene como mano derecha a las fisioterapeutas Mercedes Ospina y Lorena Esquivel.
El engranaje sigue con el aporte de kinesiólogos, entrenador de arqueros, utileros y el departamento de comunicaciones, que hizo sonar al equipo durante el semestre con su oportuna información.
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